Durante las próximas semanas vamos a comenzar juntos un viaje. No vamos a escoger cada viernes un tema diferente. No vamos a saltar de un texto a otro buscando simplemente algo que decir. Vamos a hacer algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más exigente: Vamos a abrir una carta de la Biblia y vamos a caminar por ella juntos. Versículo a versículo, sección a sección. Semana tras semana.
Y esa carta es la carta de Pablo a los Efesios. Y si tuviera que resumir en dos palabras lo que vamos a encontrar aquí, serían estas: en Cristo.
¿POR QUÉ EFESIOS?
Hablar de Efesios son palabras mayores. Junto con Romanos y Hebreos, estamos ante una de las cartas más profundas y teológicas de toda la Biblia. Se la ha llamado «la Reina de las epístolas», por su grandeza, su profundidad y la altura de su doctrina. Y no es casualidad que Pablo ore 2 veces en esta carta para que sus lectores puedan comprenderla.
Porque Efesios no es una carta para leer por encima, Es una carta para adentrarse y sumergirse en ella. Pablo quiere que tú y yo lleguemos a comprender la grandeza de lo que Dios ha hecho en Cristo.
Éfeso (actual Turquía) era una ciudad extraordinariamente importante del mundo antiguo. Importantísimo centro comercial y religioso de Asia Menor. También Cultural. Y, sobre todo, profundamente pagano.
Allí estaba el famoso templo de Artemisa o Diana (nombre romano). Una de las 7 maravillas del mundo antiguo. La diosa de la fertilidad y fecundidad. Allí había mucha inmoralidad y perversidad sexual. Con decirte que habían sacerdotisas que eran prostitutas y así creían honrar a Dios, te puedes hacer una idea.

Y allí Pablo, al regresar del 2º viaje misionero (años 52 dC), llega y predica el evangelio (Hch. 19). Queda impactado y en el tercer viaje vuelve y se queda allí 2-3 años predicando y enseñando. Éfeso fue una de las ciudades donde Pablo permaneció más tiempo en su vida.
Hasta allí, en ese lugar; oscuro, corrupto, lleno de idolatría y de misticismo, magia, de ocultismo… Fue Pablo con un mensaje. Y esto conecta inmediatamente con nuestra época.
Porque no estamos predicando Efesios en Éfeso. Estamos predicándolo en 2026 aquí y ahora. Vivimos en una cultura que también quiere decirle a la gente:
- Quién eres.
- Qué debes creer.
- Qué debes amar.
- Qué debes desear.
- Qué debes considerar bueno.
- Qué debes considerar verdadero.
Te dicen que si eres varón, puedes ser mujer. Pero seguirás siendo un varón hormonado y mutilado. Si eres mujer, puedes ser varón. Te dicen que puedes ser un Therian, e identificarte con un animal, o te dicen que puedes hacer batallas de farmear aura.
Por eso Efesios es tremendamente actual. Y muy necesaria. Allí donde el hombre buscaba identidad en sus dioses, Pablo anunció una nueva identidad: estar en Cristo.
Pablo no viene simplemente a decirles qué deben hacer. Primero les recuerda quiénes son y a quién pertenecen. Porque cuando una cultura está confundida acerca de la identidad, el evangelio no responde simplemente con una lista de normas (eso es la religión). Responde con Cristo.
Pablo va a decirles:
- Sois santos.
- Sois fieles.
- Habéis sido predestinados, elegidos, bendecidos y adoptados.
- Y todo eso tiene una expresión que se repite una y otra vez: “en Cristo”.
Por eso, el primer gran mensaje de Efesios no es: “cambia tu comportamiento”, sino: Mira quién eres en Cristo. Hasta 36 veces se repite en esta corta carta que tiene 155 versículos.
Porque la conducta cristiana nace de la identidad cristiana. Y antes de decirnos cómo debemos vivir, Pablo va a decirnos quiénes somos.
Y esa es precisamente la pregunta con la que debemos comenzar esta carta: ¿QUIÉN ERES?
Efesios 1:1-6 nos da la respuesta: no eres lo que el mundo dice que eres. Si estás en Cristo, eres quien Dios dice que eres.
Pero antes de empezar con los primeros versículos, déjame decirte esto: Escrita en el año 60-62 dC por Pablo, el gran apóstol de los apóstoles.
Si leemos Hechos 28:30, nos dice que está en Roma, bajo arresto domiciliario (podía recibir visitas). No es un hombre libre, sino que está sometido a lo que se conocía como custodia militaris, es decir, estaba encadenado a un soldado de la Guardia Pretoriana durante largos períodos del día. Está preso y encadenado y allí escribe las 4 epístolas de la prisión: Efesios, Colosenses, Filipenses y Filemón.
- Destinatarios: los creyentes en Cristo de Éfeso y, probablemente, de otras iglesias de Asia Menor. Es una carta circular, que se pasaban las iglesias (Colosenses, su epístola hermana).
- Intención: Pablo quiere mostrarles quiénes son en Cristo, qué ha hecho Dios por ellos y cómo deben vivir a la luz de esa nueva identidad.
ESTRUCTURA DE EFESIOS
1.- Efesios 1–3 (la doctrina, la teología, la teoría). Lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.
2.- Efesios 4–6 (la aplicación, la parte práctica). Cómo debemos vivir a la luz de lo que Dios ha hecho.
Primero: quiénes somos.
Después: cómo vivimos.
Primero: identidad.
Después: conducta.
Primero: doctrina.
Después: vida.
Primero: lo indicativo.
Después: lo imperativo.
Pablo primero nos muestra lo que Dios ha hecho; después nos enseña cómo debemos vivir en base a eso.
EFESIOS 1:1-6 ¿QUIÉN ERES?
Nuestra identidad no se construye desde mí mismo; se define por lo que Dios ha hecho conmigo en Cristo. Entramos en el texto
I.- PABLO. UNA IDENTIDAD QUE NO DEPENDE DE LAS CIRCUNSTANCIAS
Versículo 1a «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios…»
La primera persona que aparece es Pablo. Y Pablo comienza diciendo quién es. Pero fíjate en cómo se identifica. No dice.
- «Pablo, prisionero.»
- «Pablo, fundador de iglesias.»
- «Pablo, antiguo perseguidor de la iglesia.»
Dice: «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios.»
Fue la voluntad de Dios. Lo podemos leer en Gálatas 1:15-16. Hoy vemos que muchos, por la voluntad del hombre, se perciben o se llaman apóstoles. Es mentira, es falso y hay que decirlo, señalarlo y advertirlo. No hay ni existen ya apóstoles en ese sentido.
Los apóstoles fueron hombres:
- Comisionados directamente por Cristo.
- Testigos de su resurrección.
- Inspirados por el Espíritu; lo que digan o escriban es Palabra de Dios inerrante. Pusieron el cimiento y el fundamento de la Iglesia, ya no se puede poner más.
- Investidos de autoridad.
- Y confirmados mediante milagros, prodigios y señales.
Hoy no hay apóstoles, hay mentirosos, charlatanes y engañadores. Y cada vez más.
¿Qué está haciendo Pablo en este primer versículo?
Está definiendo su identidad desde Dios, no desde sus circunstancias.
- Su situación podía cambiar.
- Su reputación podía cambiar.
- Su pasado podía cambiar de significado.
Pero había algo que permanecía: Pablo pertenecía a Cristo y había sido llamado por Dios.
Nosotros hacemos exactamente lo contrario.
Decimos:
- Soy lo que hago.
- Soy lo que tengo.
- Soy lo que otros piensan de mí.
- Soy lo que me ha ocurrido.
- Soy mis errores, fracasos o traumas.
- Soy mi éxito.
Pero Pablo comienza en otro lugar: Dios. Primera verdad: no permitas que tus circunstancias definan tu identidad. Deja que Dios la defina. La establezca. Y entonces Pablo pasa de hablar de sí mismo a hablar de los creyentes.
II.- LOS SANTOS: UNA IDENTIDAD QUE NO SE GANA, SE RECIBE

Versículo 1b «…a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso…»
Aquí aparece por primera vez nuestra expresión clave: En Cristo.
Quiero que la iglesia empiece a fijarse en estas palabras porque van a acompañarnos durante toda la carta.
- Pablo no dice: «A los santos porque son extraordinarios, son buenos y hacen cosas maravillosas».
- Dice: «A los santos y fieles en Cristo Jesús.»
¿Quieres ver un currículum inmejorable, impresionante?
Filipenses 3:5-8 “Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.”
2 Corintios 11:22-27 “¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez.”
La identidad cristiana no nace de nuestra excelencia o de lo que nosotros podamos aportar. Nace de nuestra unión con Cristo.
“Santos” no significa que fueran personas perfectas, buenas o que han hecho 2-3 milagros y se abre un período de años de canonización, no. (Ejemplo Carlo Acutis).
Significa que pertenecían a Dios. Separado del mundo para ser consagrado y apartado para Dios, para el Reino.
Y esto cambia completamente la perspectiva. No es, me comporto bien o hago esto para convertirme en santo como dice la Iglesia católica de Roma.
Sino: porque pertenezco a Cristo, estoy llamado a vivir como santo. Porque me ha separado y trasladado del mundo a su Reino de Luz admirable. Porque dice que estoy justificado, absuelto de culpa y condena. Porque soy santo.
La identidad precede (va antes) a la conducta. Y esto será fundamental para toda la carta. Y para nuestra vida cristiana.
Eres un hijo de Dios: Justificado, reconciliado, adoptado en la familia de Dios,… entonces tu vida debe ser en base a eso.
¿Qué hace Pablo después del típico saludo paulino?
III.- LA FUENTE DE NUETSRA IDENTIDAD: LO QUE DIOS HA HECHO
Versículos 2-3 «Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (cielo) en Cristo…»
Aquí Pablo cambia completamente el enfoque. No comienza diciendo: «Cristianos, tenéis que hacer esto.» Comienza diciendo: «Mirad lo que Dios ha hecho.»
Y esto es fundamental. La vida cristiana no comienza con: lo que yo hago por Dios, comienza con: lo que Dios ha hecho por mí.
Por eso Pablo puede decir: «Nos bendijo… en Cristo.»
No estamos hablando de una identidad que nosotros fabricamos, estamos hablando de una identidad que Dios concede en Cristo.
Las mayores riquezas del cristiano no están aquí abajo. Están arriba, y están en Cristo.
- Nuestra cuenta bancaria puede bajar.
- Nuestra salud puede cambiar.
- Nuestro día de mañana puede ser bueno o malo.
- Pero las bendiciones (espirituales, y no materiales) que Dios nos ha dado en Cristo están arriba, en los lugares celestiales y, por tanto, no dependen de las circunstancias de aquí abajo, de esta tierra.
A partir del versículo 3 entramos en una de las porciones más magistrales, profundas y concentradas de toda la Escritura.
Pablo se eleva a las alturas para contemplar y alabar el plan eterno de salvación del Dios Trino. No estamos simplemente ante una exposición teológica, sino ante una alabanza: Pablo contempla la obra de Dios desde la eternidad hasta la consumación de todas las cosas y responde glorificando a Dios.
Si abrimos Romanos, empieza con la caída del hombre, con su miseria para presentarnos el evangelio. Aquí no. Aquí Empieza en la eternidad pasada, y acaba en la eternidad futura.
El panorama es trinitario:
- El Padre planea, diseña y escoge desde la eternidad. Planeó la salvación.
- El Hijo realiza nuestra redención en el cumplimiento del tiempo.
- El Espíritu Santo aplica, sella y asegura esa obra en nosotros.
Y todo es para la gloria de Dios y todo es en Cristo.
Y todo este plan tiene un centro absoluto: Cristo. Todo es «en Cristo».
- Pablo, expone la obra del Padre, y hace una alabanza.
- Expone la obra del Hijo, y hace una alabanza.
- Expone la obra del Espíritu Santo, ¿y qué hace? Una alabanza.
Hoy, en estos primeros versículos vamos a detenernos en la primera gran pieza de ese plan: la obra del Padre.
IV.- EL ORIGEN DE NUESTRA IDENTIDAD: DIOS NOS ESCOGIÓ

Versículo 4 «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo…»
El Padre escoge, predestina y adopta a los suyos en Cristo. ¿Cuándo?
- Antes de que existiera el mundo.
- Antes de nuestra historia.
- Antes de que existieras.
- Antes de tus obras, tus méritos.
- Antes de tus decisiones.
- Antes de que pudieras hacer absolutamente nada.
- Antes de nuestra respuesta, Dios ya había establecido su propósito eterno.
Por eso, el objetivo final no es simplemente que entendamos el plan, sino que adoremos al Dios que lo diseñó: «para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:6).
Pablo dice: «Nos escogió en él.»
A muchos le aterra esta doctrina de la elección soberana de Dios. Puedes ser arminiano. Puedes ser calvinista. Puedes tener distintas respuestas a las preguntas que rodean esta doctrina difícil, Pero no puedes mirar hacia otro lado cuando lees Efesios 1. La elección y la predestinación son doctrinas bíblicas.
La elección nos habla de quién inicia la salvación. Y tú puedes decir que tú fuiste a Dios, que tú lo buscaste a ÉL, pero éjame decirte que tú lo buscaste a ÉL, pero ÉL ya te buscó y encontró antes a ti y te cambió el corazón para que pudieras buscarlo.
La predestinación nos habla del destino que Dios ha establecido para los suyos, y que es fijado de antemano. Y ambas tienen un mismo centro: Cristo.
- No puedo mirar a nadie: «Dios me escogió porque yo era mejor que tú.»
- Solo puedo decir: «¿Por qué a mí, Señor? ¿Sabes por qué? Por gracia.»
V.- EL PROPÓSITO DE NUESTRA IDENTIDAD: SANTIDAD
Versículo 4b «…para que fuésemos santos y sin mancha delante de ÉL.»
Ahora aparece algo importantísimo. Pablo acaba de hablar de la elección. ¿Para qué? «Para que fuésemos santos y sin mancha.»
La elección tiene un propósito. Un destino. Dios no nos escogió para alimentar nuestro orgullo. Nos escogió para producir santidad.
Por eso: La identidad cristiana nunca es una excusa para vivir como antes. Es la razón para vivir de una manera nueva.
No obedecemos para que Dios nos adopte, obedecemos porque Dios nos ha adoptado.
VI.- LA CUMBRE: NO SOLO PERDONADOS, SINO ADOPTADOS
Versículo 5 «…habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo…»
Aquí Pablo lleva nuestra identidad hasta su punto culminante. No solamente:
- Perdonados.
- Reconciliados.
- Justificados.
- Liberados.
Sino: adoptados. Dios no solamente quita nuestra culpa. Nos introduce en su familia. Y fíjate otra vez dónde está Cristo: «por medio de Jesucristo».
La elección conduce a la adopción. Y la adopción viene por medio de Cristo.
Ejemplo: Un juez podría declarar: «Eres inocente. Estás absuelto.» Eso significa que ya no eres condenado. Pero imagina algo todavía mayor: El juez se levanta, se acerca a ti y dice: «Ahora ven conmigo a casa. Quiero que seas mi hijo.»
Eso es la adopción. Eso hace el evangelio.
No solamente cambia tu destino eterno.
- Estás perdonado.
- No hay condena.
- No hay juicio ni hay culpa alguna.
Cambia tu identidad.
- Eres un hijo de Dios.
VII.- ¿POR QUÉ LO HACE DIOS?
Versículo 6 «Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.»
Y aquí Pablo nos lleva al destino final.
- ¿Por qué Dios nos escogió y predestinó?
- ¿Por qué nos adoptó?
- ¿Por qué nos bendijo?
- ¿Por qué nos hizo suyos?
- ¿Para que nosotros pudiéramos presumir? No.
Para alabanza de la gloria de su gracia.
- Todo comienza en Dios.
- Todo ocurre por medio de Cristo.
- Y todo termina en: la gloria de Dios. Soli Deo Gloria.
PARA RECORDAR
¿QUIÉN SOY? Pertenezco a Cristo.
- Efesios 1:1 «Santos y fieles en Cristo.»
- Mi identidad no nace de mí.
¿POR QUÉ SOY DE CRISTO? Por la gracia soberana de Dios.
- Efesios 1:3-4 «Nos bendijo… nos escogió… nos predestinó».
- Mi salvación no comienza en mi mérito. Comienza en Dios.
¿PARA QUÉ SOY DE CRISTO? Para ser santo y vivir como hijo.
- Efesios 1:4-6«Para que fuésemos santos…Para ser adoptados hijos suyos…»
- Mi identidad no es solamente algo que sé, algo teórico. Es algo que transforma cómo vivo. Algo práctico en tu día a día.
Otra vez lanzo la pregunta: ¿QUIÉN ERES?
Si tu respuesta es: «Soy lo que hago»,
- Tarde o temprano fracasarás.
Si dices: «Soy lo que otros piensan de mí»,
- Vivirás esclavo de la aprobación, el aplauso o el like de los demás.
Si dices: «Soy mi pasado»,
- Vivirás encadenado a él.
Si dices: «Soy lo que siento»,
- Tu identidad cambiará con tus emociones. Y si hay algo engañoso según la Biblia, es el corazón humano.
Pero si estás en Cristo:
- Eres santo.
- Eres escogido y predestinado.
- Eres adoptado en su familia.
- Eres aceptado en el Amado.
Y ninguna de esas cosas depende de que mañana tengas un buen día. Dependen de Cristo. Y ¿cómo no vamos a confiar en ÉL? Si tenemos un Salvador que no cambia, un Sumo Sacerdote perfecto, santo, sin mancha, apartado de los pecadores y más sublime que los cielos (Hebreos 7:26).

CONCLUSIÓN CRISTOCÉNTRICA
Pablo no nos enseña a mirar dentro de nosotros para descubrir nuestra identidad. Nos enseña a mirar a Cristo.
- Mira dónde está nuestra identidad: en Cristo.
- Mira dónde están nuestras bendiciones: en Cristo.
- Mira dónde está nuestra elección: en Cristo.
- Mira cómo somos adoptados: por medio de Cristo.
- Mira dónde somos aceptados: en el Amado.
Por eso: La respuesta cristiana a la crisis de identidad no es “descúbrete a ti mismo”. Es “descubre a Cristo”.
Porque cuanto más comprendes quién es Cristo, más comprendes quién eres tú. Y en el próximo estudio de Efesios veremos precisamente la obra de Cristo en el plan eterno de Dios para tu salvación.

Deja una respuesta