Hermanos, mirad alrededor. Estamos rodeados de naturaleza, montañas, bosques, senderos, árboles… y todos vimos el incendio que tuvo lugar hace unos días precisamente en aquella zona y que tardó mas de un día en extinguirse.
Y hay algo curioso; cuando contemplamos un paisaje así, cuando vemos la misma creación automáticamente levantamos la vista. La creación nos obliga a mirar hacia arriba. Y eso es precisamente lo que Dios pretendía. Mira lo que dice la Biblia:
Salmos 19:1 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Romanos 1:19-20 “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de ÉL, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.“
Estos versículos nos hablan de la revelación general que Dios da a todo el mundo, sin excepción, siempre. Y muestra que Dios existe, que es poderoso, sabio y bueno. Pero esta revelación, o esta creación nunca fue diseñada para ser el destino, el fin en sí mismo.
- Fue diseñada para ser una señal.
- Una flecha.
- Un gigantesco cartel que apunta hacia alguien. Y ese alguien es Cristo.
El problema es que muchas personas admiran la señal y nunca llegan al destino. Se emocionan con la puesta de sol. Se maravillan con las montañas. Se impresionan con la naturaleza, con un bonito amanecer o una preciosa estampa de atardecer… Pero nunca llegan a conocer al Creador. Les ocurre a muchos naturalistas que idolatran la Creación, mientras se olvidan del Creador.
Imaginad que terminamos esta ruta y alguien nos pregunta:
—¿Qué tal Majal Blanco, o Torreguil?
Y uno responde:
—No llegué.
—¿Cómo que no llegaste?
—Me quedé admirando todas las señales del camino. Los postes, los carteles de madera
- La caligrafía y los rótulos de los cárteles
- La bonita madera de algunas señales
Es totalmente absurdo. Es ilógico. Las señales existen para conducirnos a un destino. Para llevarnos a algo. No son un fin, son un medio para que vayamos al fin. Y toda la creación es una señal. No para admirarla solamente, y deleitarnos en ella, sino para conducirnos hacia Cristo. Y entonces sí, deleitarnos en Él. Pero hay algo aún más extraordinario. Porque las montañas que vemos hoy hablan de Dios. Lo hemos visto; es la revelación general y natural. Pero las montañas de la Biblia cuentan la historia de cómo Dios decidió salvarnos. Y todas ellas nos conducen a una montaña. No la más alta. No la más bonita. No la más famosa. Pero sí la más importante: El Calvario. El Gólgota. El Monte Calavera.
I.- MORIÁ: LA MONTAÑA DE LA PROMESA (Gén. 22)

La historia comienza con un padre y un hijo. Abraham e Isaac. Subiendo juntos una montaña. Y mientras ascienden, Isaac formula una pregunta que atraviesa toda la historia bíblica:
«Padre mío… ¿Dónde está el cordero?»
Qué pregunta tan extraordinaria; Porque realmente esa es la pregunta de toda la humanidad.
- ¿Quién quitará nuestro pecado?
- ¿Quién pagará nuestra culpa?
- ¿Quién podrá reconciliarnos con Dios?
Y Abraham responde:
«Dios se proveerá de cordero.»
La gran lección de Moria: Una Sustitución. Isaac debía morir. Debía ser sacrificado. Pero otro ocupó su lugar. Un sustituto. Un sacrificio. Alguien murió para que Isaac viviera.
Y Dios estaba dejando una pista, una sombra, una promesa. Nos hizo un Spoiler
“Abraham, tú no lo harás. Tú no sacrificarás a tu hijo, porque lo haré YO”
Porque un día otro Padre subiría otro monte con otro Hijo. Pero esta vez no habría carnero, no habría sustituto, no habría nadie que ocupara Su lugar. Porque Él sería el sustituto. El carnero
En Moriá Dios enseñó que la salvación requería un sustituto. En el Calvario Dios mostró quién era ese sustituto.
II.- SINAÍ: LA MONTAÑA DEL PROBLEMA (Éx. 19)

Ahora la historia avanza. Se desarrolla. Y llegamos al Sinaí; Truenos, relámpagos, fuego, temblor. Dios desciende. Y el pueblo retrocede aterrorizado. ¿Por qué? Porque descubren algo devastador.
Dios es infinitamente Santo, y ellos NO. Al ver Su Santidad, descubren su pecaminosidad. La mentira más repetida de nuestro tiempo. Vivimos en una cultura que dice:
«Tú eres una buena persona.»
«La gente es buena por naturaleza.»
«Todos merecemos el cielo.»
La Biblia dice otra cosa. Dice que todos hemos pecado. Lee Romanos 1-3 y te darás cuenta. Todos, sin excepción. El Sinaí destruye la ilusión de nuestra inocencia. Un espejo puede mostrarte que tienes una mancha en el rostro, pero no puede limpiarte.
La Ley funciona igual. Muestra el pecado, pero no puede quitarlo. El Sinaí nos mostró la enfermedad, la condición, el diagnóstico, pero NO nos dio la cura, la solución, el remedio.
III. CARMELO: LA MONTAÑA DEL PODER (1 R. 18)
Después llegamos al Monte Carmelo. Elías ora y cae fuego del cielo. Dios demuestra que es el único Dios verdadero. El único Dios vivo. Es un espectáculo impresionante. Pero hay un problema. El milagro termina, y el corazón humano sigue igual, porque el problema del hombre nunca fue intelectual. No es falta de pruebas o de evidencia. Es pecado.
Si Dios hiciera aparecer fuego aquí mismo, delante de nosotros; algunos se impresionarían. Otros grabarían vídeos. Otros lo subirían a redes sociales. Pero eso no cambiaría el corazón.
La fe NO viene por señales o milagros. El pueblo de Israel las tuvo todas. La fe viene por oír y asentar y aceptar la Palabra de Dios
Porque lo que necesitamos no es simplemente ver o contemplar más poder: Necesitamos gracia. Necesitamos perdón. Necesitamos redención.
El Carmelo mostró lo que Dios puede hacer. El Calvario mostró lo que Dios estuvo dispuesto a sufrir.
IV.- LOS OLIVOS: LA MONTAÑA DEL PRECIO (Getsemaní)
Seguimos el desarrollo progresivo y, ahora la historia se vuelve oscura. Llegamos al Monte de los Olivos. Y vemos algo sorprendente.
- Jesús llorando.
- Jesús agonizando.
- Jesús sudando gotas como de sangre.
- Un ángel tiene que llegar hasta Él y confortarlo
- Es el momento clave y decisivo
El mismo Cristo que calmó tempestades. El mismo Cristo que resucitó muertos. El mismo Cristo que expulsó demonios.
Ahora está quebrantado. ¿Por qué? Porque delante de ÉL está la copa de la ira de Dios. La ira que nosotros merecíamos. Lo que a nosotros debería habernos hecho temblar, hizo temblar a Cristo.
V.- GÓLGOTA: LA MONTAÑA DONDE TODO CONVERGE

Y finalmente llegamos al destino final. Al pináculo. Al final del sendero. A la razón por la que existen todas las demás montañas. El Gólgota. El Calvario.
Todo apuntaba aquí:
- Moriá apuntaba aquí.
- Sinaí apuntaba aquí.
- Carmelo apuntaba aquí.
- Olivos apuntaba aquí.
Toda la Biblia apuntaba aquí. Toda la historia apuntaba aquí. ¿Qué ocurrió en la cruz?
- El Cordero prometido apareció.
- El sustituto Perfecto llegó.
- El pecado fue cargado.
- La justicia fue satisfecha.
- La deuda fue pagada.
- La condenación cayó.
- La ira descendió.
Salmos 85:10 «La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron.»
En la cruz ocurrió lo que Salmos 85:10 había anunciado siglos antes: la misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron. Dios no renunció a su justicia para salvarnos, ni renunció a su amor para juzgar el pecado. En Cristo, ambas se abrazaron perfectamente
Y Cristo permaneció allí; Solo y abandonado por nosotros.
- Mirad estas montañas. Son hermosas, pero no pueden perdonar un solo pecado.
- Mirad estos árboles. Son impresionantes, pero no pueden reconciliar a nadie con Dios.
- Mirad este paisaje. Puede emocionarnos. Puede inspirarnos. Puede maravillarnos, pero no puede salvarnos.
Sólo Cristo puede. La creación nos muestra cuán grande es Dios. La cruz nos muestra cuán bueno es Dios.
En el Calvario, el cielo se oscureció durante tres horas. No fue un simple fenómeno natural. Algo más profundo estaba ocurriendo. Allí, en la cruz, Jesús estaba recibiendo el juicio que nosotros merecíamos por nuestro pecado. Él tomó nuestro lugar. La Biblia enseña que Dios trató a Cristo como si fuera culpable, aunque era inocente, para poder tratarnos a nosotros como justos si creemos en Él. Eso es el evangelio: Jesús ocupó nuestro lugar para darnos el suyo.
VI.- LA MONTAÑA VACÍA
Pero el Calvario no es el final. Tres días después la tumba quedó vacía. La muerte perdió, el pecado perdió. Satanás perdió. Cristo venció.
Un niño caminaba junto a su padre cuando una abeja comenzó a perseguirlo. El niño era alérgico. Estaba aterrorizado. El padre atrapó la abeja. La abeja le clavó el aguijón. Después la soltó. El niño volvió a asustarse. Y el padre le mostró la mano.
—No temas. El aguijón ya está clavado en mí.
Eso hizo Cristo. La muerte venía hacia nosotros. Y Jesús se puso delante.
LLAMAMIENTO FINAL
Hermanos, dentro de un rato seguiremos caminando por estos senderos. Pero quiero que recordéis algo. Estas montañas son hermosas, pero desaparecerán. Estos árboles desaparecerán. Este mundo desaparecerá. Tú y yo desapareceremos, pero Cristo permanecerá para siempre.
Y la pregunta más importante de vuestra vida NO es: ¿Has admirado la creación? Ni siquiera: ¿Has venido a la iglesia?
La pregunta es: ¿Has venido a Cristo?
Porque la Creación apunta a Cristo, las montañas de la Biblia apuntan a Cristo, la historia apunta a Cristo, la cruz revela a Cristo. Y hoy, en Majal Blanco, rodeados de la belleza de la creación, Dios sigue haciendo lo mismo que lleva haciendo desde el principio: Señalando a Su Hijo, porque la montaña más alta de la historia no fue la que más se elevó sobre la tierra. Fue aquella desde la que Jesucristo levantó pecadores caídos hasta la presencia misma de Dios. Amén.

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