Hermanos, la Biblia es clara: fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Ese es el orden establecido por el Creador. Pero el ser humano pecador siempre ha intentado invertir ese orden. En lugar de dejar que Dios defina quiénes somos, fabrica un dios a su propia imagen y semejanza: un dios que no incomoda, que no juzga, que no exige arrepentimiento y que aprueba todo lo que el hombre desea. Ese no es el Dios de la Biblia; es un ídolo con apariencia de dios. Por eso, la gran pregunta de este pasaje sigue siendo la gran pregunta de nuestro tiempo: ¿quién es el verdadero Dios? Porque el verdadero Dios no es el que el hombre inventa, adapta o manipula a su conveniencia; el verdadero Dios es el que se revela en su Palabra, responde con poder y salva por pura gracia. No somos nosotros quienes creamos a Dios. Es Dios quien nos creó a nosotros. Y cuando el hombre intenta rehacer a Dios a su gusto, deja de adorar al Creador y comienza a adorar una pintoresca caricatura de sí mismo.
CONTEXTO:
Israel vive una de las mayores crisis de su historia. La nación ha abandonado al Señor para seguir a Baal. La idolatría ya no es un pecado aislado; se ha convertido en la religión oficial. Cuando un pueblo sustituye a Dios por los ídolos, tarde o temprano termina cosechando ruina.
En el trono está Acab, un rey perverso, impulsado por la influencia de esposa Jezabel (aún peor que él). Los profetas del Señor son perseguidos y asesinados, mientras los profetas de Baal son honrados y sostenidos por la corona. La verdad es silenciada; el error es celebrado. En ese escenario, Dios había levantado a un solo hombre, un hombre piadoso, valiente y defensor de la verdad: Elías. Su propio nombre ya era una proclamación en sí mismo: «Jehová es mi Dios».
Tres años y medio antes del encuentro en el monte Carmelo, Elías se había presentado ante Acab para anunciar el juicio de Dios: los cielos se cerrarían y no volvería a llover hasta que el Señor lo dispusiera. Su palabra se cumplió con absoluta precisión.
Ahora, al llegar al capítulo 18, Israel es una nación devastada por la sequía. Sin embargo, la mayor tragedia no era la falta de agua, sino la ausencia de Dios en el corazón del pueblo; la sequedad espiritual. Los primeros 20 versículos preparan el escenario para el gran enfrentamiento. Dios envía a Elías a presentarse ante el malvado Rey Acab con la promesa de que volverá la lluvia. En el camino aparece Abdías, un hombre fiel que, en secreto, ha protegido a 100 profetas del Señor. Después, Elías se enfrenta a Acab, quien lo acusa de ser el culpable de la tragedia nacional.
Elás es descrito por Acab como el perturbador de Israel…Hermano, en un contexto de oscuridad, la verdad siempre incomodará y perturbará.
Juan 3:19-20 «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.»
Pero Elías responde con firmeza: «No soy yo quien perturba a Israel; sois tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado al Señor». Eso es un verdadero Profeta de Dios. Está siendo valiente al defender la verdad de Dios, y está confrontando. Es una urgente necesidad que se levanten y surjan nuevos Elías
Y entonces llega el momento clave, decisivo. La verdad de Dios está en peligro, está en grave riesgo.
“Acab, junta a todos tus profetas y tráelos aquí… Vamos a ver quién perturba Israel”
1 Reyes 18:19 “Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reúna conmigo en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de la diosa Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel. “
Elías convoca a todo Israel y a los 450 profetas de Baal al Monte Carmelo. Los seguidores de Baal creían que el Monte Carmelo era la morada de Dios, y Elías los cita, los reta, los desafíaen “su campo de juego” . No los llama al templo de Jerusalén ni a un lugar neutral; los reta en su propio lugar, para que no quedara la menor duda de quién era el Dios verdadero. Ya no hay lugar para la neutralidad. Ha llegado la hora de decidir quién es el verdadero Dios. La hora de la verdad.
Después de casi 3 años de sequía, el pueblo duda y se cuestiona quién es realmente el Dios y Señor de Israel. Baal o JehováY ahí comienza nuestro pasaje, nuestro sermón de hoy.
INTRODUCCIÓN
El relato del Monte Carmelo no es una historia más del Antiguo Testamento. Es uno de los momentos más decisivos de toda la historia de Israel.
- Una confrontación trascendental entre el Dios verdadero y los ídolos del corazón humano.
- Una revelación del carácter de Dios y del estado del corazón del hombre.
- Un juicio público en el que Dios mismo revela quién es el único Señor digno de adoración.
- Es el tribunal juicio donde Dios desenmascara y expone la falsedad de los ídolos y reivindica públicamente Su gloria delante de toda una nación, y nos lo deja a nosotros…”Sólo Jehová es mi Dios”
NO se trata solo de Baal contra Jehová:
- Se trata de religión contra fe.
- Se trata de esfuerzo humano contra revelación divina.
- Se trata de oscuridad… contra luz.
- Se trata de apariencia… contra realidad.
- Se trata de idolatría… contra el Dios vivo.
Y Elías NO convoca al pueblo para negociar con la verdad, para abrir un debate o entablar diálogo y buscar un término medio. Dios da un golpe sobre la mesa y pone fin a años de ambigüedad espiritual. Ha llegado la hora de decidir. Ya no hay lugar para las medias tintas. Lo convoca para tomar una decisión, una cuestión: Solo uno puede ser Dios.
Se acabó la neutralidad, el sincretismo. Hoy se va a demostrar, ante todos, quién es Dios. Es como si dijera:
«Se acabó. Ya NO podéis seguir viviendo entre dos aguas.»
Dios declara que ya no tolerará un corazón dividido. Dios da un golpe sobre la mesa y pone fin a años de ambigüedad espiritual. Ha llegado la hora de decidir. Ya no hay lugar para las medias tintas. ¡ES HORA DE ELEGIR. HOY NO ESCUCHARÉIS UN MENSAJE, HOY VAIS A VER SEÑALES !
I.- UN PUEBLO DIVIDIDO ENTRE 2 PENSAMIENTOS (v.21)
1 Reyes 18 RV60 “Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis (“dudaréis”) vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.”
1 Reyes 18 NVI “Elías se presentó ante el pueblo y dijo: —¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra. “
En la escena hay 3 grupos:
- Elías, el Profeta de Dios.
- Los falsos profetas del dios falso
- La multitud indecisa que trata de adorar a ambos
Y Elías les dice: NO podéis jugar en los 2 equipos, ni estar en los 2 bandos. Son antagónicos, opuestos. Se excluyen.
¡Decídanse ya, NO estén a 2 bandos… Sigan a Dios o a Baal!
O seguir al Señor de todo corazón, O le dais por completo la espalda
Como si les dijese: ¿Ya NO os acordais de Josué 24:15
«Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.»
¿Sabes qué hizo el pueblo? NO hizo nada, NO respondió nada. Hoy ocurre igual. Vivimos en una cultura donde muchos prefieren no definirse. No quieren negar a Cristo, pero tampoco quieren obedecerlo. Prefieren permanecer en una cómoda ambigüedad. Pero Jesús nunca permitió esa postura.
«El que no está conmigo…»
Hermano, el Ateísmo NO fue el problema de Israel, fue el sincretismo. Eso hizo fracasar la nación. ¿Qué es el Sincretismo? La mezcla, la unión, la fusión de elementos de la verdadera piedad, la fe, con la religión pagana. Elías no se enfrenta a un pueblo ateo, agnóstico o incrédulo.
- Israel seguía creyendo en Jehová.
- Seguían celebrando fiestas.
- Seguían ofreciendo sacrificios.
- Seguían diciendo que eran el pueblo de Dios.
El problema era que habían añadido otro dios. Eso es muchísimo más peligroso. Elías no comienza hablando de Baal. Comienza hablando del pueblo. Porque el problema nunca fue simplemente la existencia de Baal. El problema era el corazón de Israel.
La expresión hebrea «claudicar» Es la imagen de un hombre incapaz de caminar en línea recta. Israel no había abandonado completamente a Jehová.
- Simplemente quería añadir otro dios.
- No querían reemplazar a Dios.
- Querían combinar a Dios con Baal.
Una religión para el templo… y otra para la vida diaria. Por eso Elías no permite zonas grises. NO existe neutralidad espiritual. Cada corazón tiene un solo trono. Y siempre habrá alguien sentado en él. Por eso el pueblo permanece en silencio. No responden porque saben que Elías tiene razón. La conciencia habla… aunque la boca calle.
Mateo 6:24 “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. “
Antes de su conversión genuina, Agustín de Hipona recordó en el Libro VIII, capítulo 7 de Confesiones la oración que resumía el estado de su corazón:
- «Señor, concédeme la castidad y la continencia… pero todavía no.»
- “Señor dame santidad, para no satisfacer la carne, pero aun no.”
Aún no quería abandonar el pecado que tanto amaba. Quería a Dios, pero no quería renunciar a su vieja vida.
Ese es exactamente el drama de Israel en este capítulo. No habían abandonado por completo a Yahvé; simplemente se negaban a dejar a Baal. Querían a Dios… siempre que no les costara desprenderse de sus ídolos. Y Elías deja claro que no existe un punto intermedio. Un corazón dividido nunca pertenece por completo a Dios.
¿Cuántos viven hoy igual?
- Domingo para Cristo.
- Lunes para el dinero.
- Martes para el orgullo.
- Miércoles para la comodidad.
No rechazamos a Dios. Simplemente le damos competencia. Pero Dios nunca comparte el trono. No quiere una parte del corazón; lo quiere todo. Porque un corazón dividido jamás experimentará una vida completa. En definitiva, un corazón dividido, es un corazón vacío. Y cuando el corazón se divide… aparece inevitablemente la religión. Porque cuando se pierde la comunión, la conexión con Dios… el hombre intenta sustituirla con actividad, con sus obras.
No juguemos a ser cristianos:
- Si somos cristianos, hemos muerto al mundo y a sus placeres. Por eso, hagamos nuestras las palabras de Pablo a los Gálatas en el capítulo 6: «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.» (Gálatas 6:14)
- Pero si no somos cristianos y nuestro corazón sigue apasionado por el mundo, no finjamos ser lo que no somos. No vivamos detrás de una máscara de religiosidad. Si amamos el mundo, seamos honestos y vayamos tras él.
Lo que Dios aborrece no es un incrédulo que reconoce su condición, sino una fe fingida, unos labios que dicen «Cristo» mientras el corazón pertenece al mundo.
Jesús no llamó a nadie a aparentar; llamó a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle. No podemos abrazar al mismo tiempo la cruz de Cristo y el sistema de este mundo. Tarde o temprano, tendremos que decidir a quién pertenece realmente nuestro corazón.
II. LA RELIGIÓN: MUCHO ESFUERZO, NINGUNA RESPUESTA (vv.26–29)

Elías propone una prueba definitiva: Baal y Yahvé recibirán un sacrificio, pero nadie prenderá el fuego. El Dios que responda con fuego desde el cielo será el Dios verdadero. Los profetas de Baal aceptan el desafío y toman el primer turno. Ellos, los seguidores de Baal, pensaban que controlaban el trueno, el rayo y las tormentas. La confrontación ha comenzado.
¿El Monte Carmelo es vuestro lugar sagrado? NO pasada nada, será en el Monte Carmelo. ¿Baal es el dios que controla los rayos, trueno, tormentas y el fuego? NO pasa nada. El fuego será la evidencia, la prueba definitiva.
Y ahora imagina a una persona que se coloca delante de la estatua de acero del Nazareno de Alcantarilla (subida de San Roque, Calle Mayor) y pasa horas hablándole, suplicándole y esperando una respuesta. Puede llorar, levantar la voz o repetir una y otra vez la misma petición, pero la imagen permanecerá en absoluto silencio. No porque esté escuchando y no quiera responder, sino porque es una imagen.
En El proceso, de Franz Kafka, un clásico de la literatura universal, el protagonista, Joseph K., es detenido y sometido a un proceso judicial sin que nadie le explique de qué se le acusa. Durante toda la novela intenta llegar a la autoridad que podría darle una respuesta, pero nunca lo consigue.
Llama. Pregunta. Espera. Insiste. Y todo termina igual: silencio.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en el Monte Carmelo. Los profetas de Baal gritaron. Danzaron. Se hirieron. Clamaron durante horas. Y el resultado fue el mismo:
«No hubo voz, ni quien respondiese, ni quien escuchase.»
Porque cuando clamas a un dios falso, el silencio no es un misterio; es la única respuesta posible. Así pasó en el monte Carmelo. Los profetas de Baal clamaban con todas sus fuerzas, pero el relato es contundente: «No hubo voz, ni quien respondiese, ni quien escuchase.» La Biblia no presenta un dios distraído, sino un ídolo incapaz de oír, hablar o actuar. Solo el Dios vivo responde.
1 Reyes 18:26-29 “Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. (Elías está indignado al comprobar la ceguera del pueblo. Después de todo lo que Dios había hecho por ellos…) Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. “
BAAL REPRESENTA LA RELIGIÓN:
- Es el ruido humano
- Es el esfuerzo sin respuesta
- Es la impotencia del hombre
- Cuanto más silencio hay, más se radicaliza e intensifica el intento.
Los profetas de Baal comienzan desde primera hora de la mañana:
- 6 Horas gritando.
- 6 Horas bailando.
- 6 Horas saltando.
- 6 Horas cortándose en pleno fanatismo religioso hasta la médula, como esos que en semana santa se lesionan la espalda con cuerdas
Cuanto más silencio reciben… más aumentan el esfuerzo, porque esa es la lógica de toda religión humana. Si Dios no responde… es porque todavía no has hecho suficiente. Tengo que hacer más, y más.
- Más sacrificio.
- Más penitencia.
- Más obras.
- Más dolor.
- Más mérito.
- Se autoflagelaban para tratar de provocar la lástima y la repuestos de su dios.
Pero el texto repite hasta 3 veces una frase devastadora.
- «No hubo voz.»
- «No hubo quien respondiese.»
- «No hubo quien escuchase.»
Porque Baal nunca existió. El silencio no era una prueba. Era el veredicto.
Hoy Baal ha cambiado de nombre:
Hay personas que adoran el éxito, el aplauso o la aprobación de los demás. Otras el dinero. La imagen. El deporte. La literatura (mi caso, tal vez). La aprobación de los demás. Incluso hay quienes convierten el ministerio en un ídolo. El Baal del yo:
- Mi verdad.
- Mi identidad.
- Mi felicidad.
- Mi proyecto.
- Mi deseo.
- Mi cuerpo.
- Mi decisión
Todos prometen llenar el corazón, o dar sentido a la vida. Pero cuando el corazón se rompe, cuando la culpa pesa o cuando llega el día de la angustia, todos guardan silencio. Solo el Dios vivo puede responder al clamor del hombre.
Y aquí tengo que volver a agustín de Hipona, pero ahora voy a ser justo con él, y con una frase que dejo como legado.
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»
Después de horas de ruido vacío…llega un profundo silencio. Y entonces aparece Elías. No para hacer más espectáculo, sino para volver al fundamento. Ya ha tenido lugar el turno de la religión de Baal, del esfuerzo Ahora toca el turno de la luz, la verdad, de Dios, de Jehová. La verdad central de Dios está en juego, y Dios no lo va a permitir.
III. LA FE: SIMPLICIDAD, OBEDIENCIA Y DEPENDENCIA (vv.30–37)

Imagina que quiero convencerte de que puedo encender una hoguera. ¿Qué haría? Buscaría leña seca, evitaría el viento y, desde luego, jamás la empaparía con 12 cántaros de agua. Y eso es precisamente lo que hizo Elías. ¿Por qué? Porque quería eliminar cualquier explicación humana. Cuando el altar quedó completamente empapado, solo quedaba una posibilidad: si descendía fuego, tendría que venir de Dios, sí o sí.
Y así fue. Dios suele obrar de tal manera que toda la gloria le pertenece únicamente a ÉL.
1 Reyes 18:30-37 “ Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.
Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua (el Monte Carmelo estaba en la costa), y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.”
Las armas de Elías fueron; la oración y la fe.
ELÍAS REPRESENTA LA FE GENUINA:
- Es la simplicidad
- Es la confianza
- Es la dependencia de Dios
Una fe NO inventa métodos, sino que vuelve al fundamento. Que No manipula a Dios, sino que se somete a Él. Que NO necesita espectáculo, sino que necesita verdad.
La oración es breve porque la confianza es grande. Lo primero que hace Elías sorprende: No pide fuego. No ora y No desafía.
¿Sabes lo primero que hace? Reconstruye el altar. Porque el verdadero problema no era la falta de fuego, era un altar destruido. El altar representa la comunión rota con Dios. Lo primero es reedificar el altar, aquello que descuidaste.
Las 12 piedras recuerdan que Dios no había olvidado su pacto con Israel. Después viene el agua.
- 12 cántaros.
- No una, ni 2 veces, sino 3 veces.
- Elías elimina cualquier posibilidad de fraude.
Si Dios responde…nadie podrá atribuirlo al hombre. Y finalmente ora, con fe
- No grita.
- No se hiere.
- No negocia.
- No manipula.
«La oración eficaz del justo… Puede mucho» (Santiago 5:16)
Hermanos, Dios no busca el espectáculo; busca un altar restaurado. Antes de enviar fuego del cielo, Elías reconstruyó lo que Israel había derribado. El mayor milagro que Dios quiere hacer hoy no es cambiar tus circunstancias, sino restaurar un corazón que ha dejado de pertenecerle por completo, restaurar tu altar. ¿CÓMO ESTÁ TU ALTAR?
El fuego no cayó sobre el esfuerzo humano; cayó sobre el altar preparado conforme a la voluntad de Dios.
IV. Y DIOS ROMPE EL SILENCIO (v.38–39)
Cuando cae un rayo, nadie se pone a discutir si existe la tormenta. El rayo es la evidencia. Hace innecesario cualquier debate. O cuando sale el sol, nadie necesita demostrar que ha amanecido. La luz hace innecesaria la discusión.
Así ocurrió en el monte Carmelo. Hasta ese momento había opiniones, dudas y un pueblo dividido entre Yahvé y Baal. Pero cuando Dios respondió con fuego, la discusión terminó. El fuego fue la evidencia de que el Dios de Israel no era una idea ni una tradición: era el Dios vivo.
1 Reyes 18:38-39 “Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! “
No cae una chispa. No cae un relámpago cualquiera. El texto dice:
«Entonces cayó fuego de Jehová.»
Ese fuego consume absolutamente todo.
- El sacrificio.
- La leña.
- Las piedras.
- El polvo.
- Hasta el agua.
Es una demostración deliberada; No queda duda. No queda discusión. No queda debate. Entonces el pueblo hace por fin lo único correcto; Se postra. La confesión nace después de la revelación. Nadie convence a Israel mediante argumentos.
Es Dios quien convence manifestándose. La religión ha quedado expuesta, retratada , evidenciada y señalada. La fe es validada, y sobre todo, y muy por encima de todo, Dios es glorificado
El fuego no solo consume el sacrificio: revela la verdad.
«Y conoceréis la verdad… Y la verdad os hará libres.»
El pueblo no debate más: cae sobre su rostro.
Hoy vivimos en una generación que pregunta constantemente: «¿Existe Dios?». Pero la pregunta más importante no es si Dios existe. La pregunta es: ¿A cuál dios estás sirviendo?, ¿Quién es el dios de tu vida? Porque todos adoramos algo.
Aquello que controla tus decisiones… es tu dios. Aquello por lo que sacrificas tu tiempo, tu familia, tu dinero, o tu obediencia… En definitiva, es tu dios.
Un Baal o un ídolo no es simplemente algo malo. Puede ser algo bueno, que se ha hecho dueño absoluto y exclusivo. Y solo uno puede salvarte. Solo uno responde. Solo uno transforma. Solo uno merece toda la gloria.
Hoy, como en el monte Carmelo, Dios sigue haciendo la misma pregunta:
«¿Hasta cuándo claudicaréis entre 2 pensamientos?»
No puedes vivir con un corazón dividido. Es tiempo de derribar los ídolos, volver a Cristo y rendirle el único lugar que le corresponde: el trono de tu corazón.
CONCLUSIÓN CRISTOCÉNTRICA

El Monte Carmelo no es el final de la historia. Es una señal que apunta hacia lo alto de otro monte. Porque allí el fuego cayó sobre un sacrificio preparado por manos humanas. Pero ese sacrificio era provisional.
Siglos después, a unos ciento treinta kilómetros de distancia, otro monte fue levantado: el Calvario. Allí ya no hubo un toro o un animal. Hubo un Hijo. El Amado del cielo.
Ya no hubo agua derramada sobre el altar. Hubo sangre derramada por los pecadores.
En el Carmelo, el fuego descendió para demostrar quién es Dios.
En el Calvario, el fuego descendió sobre Cristo para demostrar quiénes somos nosotros… y cuánto nos ama Dios.
En el Carmelo el pueblo gritó:
«¡Jehová es el Dios!»
En el Calvario, el centurión romano confesó:
«Verdaderamente este era el Hijo de Dios.»
La pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién es el verdadero Dios?. Y la respuesta ya no se encuentra únicamente mirando el monte Carmelo, se encuentra mirando la cruz, porque allí Dios respondió definitivamente. No con fuego sobre nosotros, sino con gracia sobre quienes ponen su fe en ÉL.
La religión te deja en el Carmelo, rodeado de esfuerzo, gritos y silencio, pero el evangelio te lleva a la cruz. Allí el fuego del juicio no cayó sobre ti, cayó sobre Cristo. Y por eso, hoy, todo el que cree en ÉL encuentra perdón, vida y reconciliación con Dios.
El verdadero Dios es Aquel que descendió de su trono para subir a una cruz; el Creador entregando su vida por la criatura, pagando con su sangre el precio de nuestra redención. El Creador crucificado por la criatura. El Inocente muriendo por los culpables. El Santo por el pecador, el Justo por el culpable. Ese es el Dios de la Biblia. Ese es Jesús.
