Toda la Biblia cuenta una sola historia: la historia del Dios soberano que está formando un pueblo para su gloria bajo el gobierno de un Rey. Pero desde la caída en Edén, el pecado corrompió el corazón del hombre y convirtió cada página de la historia en la demostración de una misma verdad: el hombre es incapaz de gobernarse a sí mismo y necesita un Salvador.
Con ese propósito, Dios levantó a Israel como el pueblo del pacto y estableció la monarquía para que sus reyes gobernaran sometidos a su Ley y reflejaran su carácter. Sin embargo, rey tras rey fracasó. Ni siquiera los mejores pudieron vencer el pecado de su propio corazón. Así, la monarquía no solo mostró el fracaso del hombre, sino que despertó la esperanza del Rey perfecto que había de venir: Jesucristo.
Es precisamente en ese contexto donde se sitúa el libro de 1 Reyes. Tras la muerte de Salomón, el reino se divide y el reino del norte inicia una rápida decadencia espiritual. La idolatría sustituye a la verdadera adoración y cada rey aleja más al pueblo de Dios. Ninguno simboliza mejor esa caída que Acab, de quien la Escritura afirma que hizo más para provocar la ira de Jehová que todos los reyes que le precedieron (1 R. 16:33).
En los capítulos anteriores, Dios ya había demostrado repetidamente quién es Él. En el monte Carmelo humilló a Baal delante de toda la nación; después mostró su poder y su paciencia concediendo a Acab victorias que no merecía, llamándolo una y otra vez al arrepentimiento. Pero Acab endureció su corazón.
Y entonces llegamos al capítulo 21. A primera vista parece la historia de una simple viña. En realidad, es mucho más que eso. Es la radiografía del corazón humano.
- Un hombre fiel prefiere perder la vida antes que desobedecer a Dios
- Un rey que lo tiene todo se convierte en esclavo de un deseo
- Y un Dios santo demuestra que ningún pecado, por oculto o poderoso que parezca, escapará jamás de su justicia.
Porque el verdadero protagonista de este capítulo no es Nabot, ni Acab, ni Jezabel. El verdadero protagonista es Dios, el Rey que sigue gobernando cuando los hombres creen que pueden actuar como si Él no existiera.
Dos personas pueden sentarse hoy en esta misma iglesia. Escuchar exactamente el mismo sermón. Leer los mismos versículos. Cantar los mismos himnos. Oír la misma invitación al arrepentimiento. Y, sin embargo, cuando salgan por esa puerta, una habrá sido quebrantada por la Palabra de Dios, mientras la otra seguirá completamente indiferente. ¿Qué ha cambiado? No ha cambiado el sermón. No ha cambiado la Biblia. No ha cambiado Dios. Lo único que ha cambiado es el corazón que ha escuchado.
Eso es exactamente lo que ocurre en 1 Reyes 21.
La escena que veremos hoy es la siguiente: Una viña, que es mucho más que un terreno agrícola o una finca, interpretada bajo la mirada y el corazón de 3 personas diferentes.
- Para Nabot, aquella viña era una herencia sagrada recibida de Dios.
- Para Acab, era simplemente un objeto de deseo, para satisfacer su enorme codicia.
- Para Dios, era el escenario donde se pondría de manifiesto quién era realmente cada uno, y donde el pecado no quedaría sin juzgar, desde luego
I. NABOT: UN CORAZÓN QUE TEME MÁS A DIOS QUE AL REY

1 Reyes 21:1-3 «Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel (a 40 km al Norte de samaria) tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero. Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres. “
¡ Qué reacción !
“Es herencia del Señor, NO puedo hacer lo que me pides bajo ningún concepto”
“Sí, pero yo soy el Rey”
“Sí, pero hay otro Rey por encima tuya, Acab. A ÉL obedezco sobre todo, y lo que me pides va contra la Voluntad de Dios”
Nabot NO es desleal con el rey, es leal con el Rey de Reyes.
En 1521, Martín Lutero compareció en la Dieta de Worms ante el hombre más poderoso de Europa, el Rey Carlos V. Bastaba con retractarse para salvar su vida. Sin embargo ¿Sabéis qué respondió?: «Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios.»
Mil quinientos años antes, Nabot hizo exactamente lo mismo. Delante de otro rey, eligió perderlo todo antes que desobedecer a Dios. Porque una conciencia gobernada por la Palabra nunca está en venta.
A simple vista parece que el Rey Acab hace una propuesta razonable, pero realmente no es o no debiera ser así. Al igual que el Rey de España debe someterse a la Constitución, el rey de Israel debe someterse a la Ley de Dios, y no actuar de forma arbitraria como cualquier otro rey pagano.
Le ofrece dinero, incluso una viña mejor. Muchos pensarían: «¿Qué problema hay?». Pero Nabot no está defendiendo una propiedad privada. Está defendiendo el pacto de Dios.
Levítico 25:23 dice: «La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es.»
La tierra pertenecía al Señor, las familias eran simplemente administradoras. NO podían ser expropiadas, Dios era el poseedor de la tierra, y todos los demás eran mayordomos. De alguna manera Dios le dio a Israel la tierra en herencia, y ellos eran simplemente administradores. Cuando Nabot dice: «Guárdeme Jehová…»
- No está diciendo: «No quiero.»
- Está diciendo: «No puedo.»
La obediencia a Dios pesa más que la conveniencia. Aquí encontramos el primer gran contraste.
- Rey Acab piensa como propietario. Nabot piensa como administrador o mayordomo de los bienes de Dios
- Acab mira el beneficio inmediato. Nabot mira la fidelidad eterna.
Ese es el corazón regenerado, nacido de nuevo, el corazón que conoce a Dios, que ama a Dios, que sirve a Dios, que sigue a Dios, un corazón que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche como dice el Salmo 1.
- No pregunta: «¿Qué puedo ganar?»
- Pregunta: «¿Qué agrada a Dios?»
En uno vemos la codicia egoísta, el hombre natural, caído, perverso, depravado y corrupto. En otro vemos la obediencia y fidelidad, el hombre nacido de nuevo y salvado por Dios.
Vivimos en una generación donde todo parece negociable.
- La verdad.
- La santidad.
- La doctrina.
- La integridad.
- La adoración.
- La fidelidad matrimonial.
- Todo parece tener un precio.
Pero Dios sigue buscando hombres y mujeres cuya conciencia permanezca cautiva de Su Palabra.
- La pregunta no es: «¿Qué perderé si obedezco a Dios?»
- La verdadera pregunta es: «¿Qué perderé si desobedezco?»
Quizá Dios nunca nos pida entregar una viña. Pero puede pedirnos:
- Renunciar a un ascenso obtenido de manera deshonesta
- A una relación pecaminosa.
- A un negocio fraudulento.
- A la aprobación y al aplauso del mundo.
El cristiano auténtico siempre teme más entristecer a Dios que perder cualquier ventaja temporal, que perder cualquier otra cosa.
II. ACAB: UN CORAZÓN ESCLAVO DE LOS ÍDOLOS

1 Reyes 21:4-16 “Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.
Atentos a lo que va a pasar a continuación:
Proverbios 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”
Proverbios 21:19 “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda”
Una mujer sabia y espiritual consuela, corrige y apoya a su marido, Jezabel llena su orgullo, alimenta su codicia y lo manipula. Cuidado con quien te casas.
Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes? Él respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña. Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? (Tu eres quien manda en israel ¿y dejas que te humillen y pisoteen así?) Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel. (Si tú no sabes reinar, hazte a un lado y déjame a mí, ya verás)
Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot. Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo; y poned a dos hombres perversos delante de él (la Ley exigía al menos 2 testigos para acusar), que atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedrearlo para que muera. (Jezabel usa su poder y su influencia para crear un complot, acusar falsamente a Nabot y asesinarlo)
Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado. Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo. Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió. Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.
Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.”
Podríamos ilustrar este pasaje con el joven rico, que prefirió sus riquezas antes que a Cristo; con Judas Iscariote, que vendió al Señor por treinta monedas; o con David, cuyo deseo por Betsabé terminó en adulterio y asesinato. Todos muestran el mismo patrón. Pero quizá pocas imágenes lo representan tan bien como Gollum en El Señor de los Anillos. Gollum no nació siendo un monstruo. Un solo deseo ocupó el trono de su corazón: el Anillo. Al principio parecía que él lo poseía; al final, fue el Anillo quien lo poseyó a él. Lo deformó, lo esclavizó y terminó consumiéndolo por completo. No lo llamaba el anillo, lo llamaba: «Mi tesoro.»
Así ocurre con Acab. El problema nunca fue una viña; el problema fue un corazón que convirtió una viña en su tesoro. Y cuando algo ocupa el lugar que solo Dios debe ocupar, deja de ser un regalo y se convierte en un ídolo. Acab ya no gobernaba sus deseos; sus deseos gobernaban a Acab.
Acab ya posee prácticamente todo.
- Es rey.
- Tiene riqueza.
- Tiene ejército.
- Tiene poder.
- Pero una pequeña viña lo vuelve miserable.
¿Por qué? Porque la idolatría, la codicia nunca queda satisfecha. El décimo mandamiento prohíbe codiciar. ¿Por qué? Porque la codicia es idolatría (Col. 3:5).
El problema nunca fue la viña. La viña simplemente reveló quién ocupaba el trono del corazón.
Cuando entra Jezabel, su perversa esposa, el pecado da un paso más.Como una bola de nieve cayendo desde una montaña, se agiganta. Su nombre se ha convertido en sinónimo de perversidad e iniquidad, seducción espiritual; hasta el punto que Juan se acuerda de ella escribiendo Apocalipsis (2:20) para nombrar a una falsa profetisa dentro de la iglesia de Tiatira que está llevando y arrastrando al pueblo de Dios a la inmoralidad y la mundanidad.
- La codicia produce manipulación.
- La manipulación produce mentira.
- La mentira produce asesinato.
- El asesinato produce robo.
Podía haber manipulado documentación y expropiársela, pero no…era mejor orquestar un asesinato a pedradas de un justo, un inocente (humanamente hablando). Así es el pecado, como la bola de nieve. Acordarse de Daniel Sancho, el hijo del famoso actor español. Libertinaje, asesinato, descuartizamiento y desmembramiento del cadáver y mentir a las autoridades para eludir.
Todos los mandamientos comienzan a caer como fichas de dominó. El pecado jamás permanece aislado; siempre crece. Siempre pide más. Siempre endurece el corazón, y eso lo hace mucho más peligroso.
Jezabel utiliza incluso un ayuno religioso, convoca ancianos, busca falsos testigos. Todo parece legal. Todo parece correcto, pero es una religión vacía utilizada para asesinar a un justo. Es impresionante comprobar cómo el pecado puede vestirse de religiosidad. La mayor maldad de este capítulo no ocurre en una taberna. Ocurre bajo apariencia de culto.
Ahora la pregunta ya no es: ¿Cuál era la viña de Acab?. La pregunta es:
- ¿Cuál es tu viña?
- ¿Qué es aquello que deseas tanto que, si Dios decidiera no dártelo, empezarías a pensar que no está siendo bueno contigo?
- ¿Qué pérdida te haría dudar de la bondad de Dios?
- ¿Qué cosa, si hoy desapareciera de tu vida, pondría en crisis tu fe, tu gozo o tu adoración?
Ahí suele esconderse nuestro ídolo.
- Quizá sea un ministerio.
- Quizá una pareja.
- Quizá el reconocimiento, la popularidad o el aplauso de los demás.
- Quizá la salud.
- Quizá el éxito profesional.
- Quizá el dinero.
- Quizá incluso tus propios hijos.
El problema no es que esas cosas sean malas. Muchas de ellas son regalos de Dios. El problema comienza cuando un regalo ocupa el lugar del Dador, del Rey, del Señor.
Cuando dejamos de decir: «Señor, gracias por esto», y empezamos a pensar: «Señor, no puedo vivir sin esto.» Ahí nace la idolatría.
- Porque el pecado nunca dice: «Con esto me basta.»
- Siempre susurra: «Necesitas un poco más.»
Y lo más trágico es que aquello que prometía hacerte feliz termina convirtiéndose en tu amo, y te esclaviza. Acab pensó que necesitaba una viña para ser feliz. Al final, la viña nunca le perteneció; fue Acab quien terminó perteneciendo a su pecado.
La escena termina en el versículo 16, con el cobarde y calzonazos rey Acab caminando con su atuendo real, con su séquito de gente hacia la viña de Nabot, como si fuera una gran victoria militar. Va sonriendo. Cree que ha conseguido el crimen perfecto. Cree que la historia ha terminado. Pero mientras Acab camina hacia su nueva propiedad, Dios ya ha abierto su tribunal. Acab solo olvidó una cosa. La más importante: Dios siempre tiene la última palabra. Y Dios intervino justo a tiempo, en el momento de la toma de posesión de aquella viña.
Eclesiastés 12:14 «Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.»
III. DIOS: EL REY QUE GOBIERNA SOBRE TODOS LOS REYES

1 Reyes 21:17-29 “Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella. Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.
Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? Él respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel. Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel. De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel. El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo (Los miembros de la familia de Acab que mueran en la ciudad serán devorados por los perros, y los que mueran en el campo serán devorados por las aves del cielo. )
(A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)
Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa. (Y Dios retrasa Su Juicio por el arrepentimiento. El señor siempre muestra Gracia y Misericordia para con quien se arrepiente)
En 1945, Adolf Eichmann, uno de los principales responsables del Holocausto Nazi, desapareció. Durante años vivió tranquilamente en Argentina bajo una identidad falsa. Creía haber escapado de la justicia. Sin embargo, en 1960 fue localizado por el Mossad, llevado a Israel y juzgado por sus crímenes. Quince años de aparente impunidad terminaron en un tribunal.
Así ocurre en 1 Reyes 21. Acab cree que todo ha terminado. Nabot está muerto, la viña ya es suya y nadie parece oponerse. Pero había olvidado algo: el juicio más importante aún no había comenzado. Dios llama a Elías y le dice: «Levántate…» (v. 17). El verdadero Juez acaba de entrar en escena.
Cuando todo parece terminado… Dios habla. Esa frase cambia completamente el capítulo.
El Rey Acab cree haber ganado, pero Dios NO ha pronunciado todavía la última palabra. Elías entra de nuevo en escena recordando que el verdadero Rey nunca abandonó Su trono.
«Elías, estoy contigo, y tengo un encargo para ti. Ve ante el rey, y reprocha y confronta su maldad. Vas a profetizar su muerte y la de su familia»
«Elías, ¿Qué dice Gálatas 6:7? “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.»
- Ningún crimen queda oculto.
- Ninguna injusticia queda olvidada.
- Ningún poderoso escapa al juicio divino.
- En definitiva, ningún pecado va a quedar sin ser juzgado.
Sin embargo aparece algo sorprendente. Acab se humilla, con un arrepentimiento muy dudoso, lleno de terror y miedo. No encontramos un arrepentimiento profundo como el de David en el Salmo 51, pero sí una humillación real, fruto del miedo, del susto. Y Dios retrasa el juicio.
No porque Acab lo merezca, sino porque Dios es lento para la ira. Su paciencia nunca elimina Su justicia, simplemente demuestra la grandeza de Su misericordia. Esa es la única manera de una reconciliación con Dios, el arrepentimiento y volverse a ÉL. Dios tiene buena disposición para perdonar a todo aquel que se arrepiente. Pero la historia no termina aquí.
- ¿Olvidó Dios a Nabot?
- ¿Quedaron Acab y Jezabel impunes?
- ¿Se cumplió, hasta el último detalle, la escalofriante profecía pronunciada por Elías?
- ¿Cómo terminó la familia más perversa de Israel?
La respuesta… el próximo domingo.
Quizá alguien piense: «Nadie sabe cómo vivo.» Puede que nadie lo sepa, pero Dios sí. ÉL lo sabe absolutamente todo, de ti y de mi. Y eso debería producir santo temor, pero también inmensa esperanza. Porque el mismo Dios que conoce completamente nuestro pecado es el Dios que invita al pecador a volverse a ÉL
Su paciencia no es permiso para seguir pecando. Es una oportunidad para arrepentirse, y hacerlo ya.
Precisamente este viernes un amigo mío perdió la vida en un accidente de moto. Salió de casa como cualquier otro día, sin imaginar que sería el último.
- La muerte no llama antes de entrar.
- No avisa.
- No pregunta la edad, ni los planes que tienes para mañana.
- Y cuando llega, desaparece para siempre la oportunidad de arrepentirse.
Por eso la Biblia dice:
‘He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación’. Si hoy todavía escuchas la voz de Dios, no endurezcas tu corazón. Hoy hay gracia; mañana quizá ya no.»
Este capítulo 21 de 1ª de Reyes no termina realmente en la viña de Nabot. Termina señalándonos a todos y cada uno de nosotros. Porque si somos sinceros, nosotros no aparecemos en esta historia como Nabot. Aparecemos como el Rey Acab. Lo siento, pero en esta historia ese es nuestro papel.
“Sí, pero yo soy bueno.”
“Eres bueno con el humanismo en la mano. Con la Biblia eres y soy malo, caído, corrupto, depravado y enemigo de Dios, merecedor de Su Juicio y Su Ira.”
Quizá nunca hayas asesinado con tus manos a nadie. Pero si has odiado, insultado o despreciado a alguien, ya lo asesinaste en tu corazón. (Mt. 5:21-22)
- Además, hemos codiciado.
- Hemos querido vivir como reyes de nuestra propia vida.
- Hemos puesto nuestros deseos por encima de la voluntad de Dios.
- Hemos levantado ídolos en nuestro corazón.
- Y nos hemos vendido al pecado una y otra vez.
El problema de Acab no comenzó con una viña. Comenzó con un corazón que había destronado a Dios. Y ese es exactamente el gran problema.
Pero la historia de Nabot apunta hacia otro Justo. Hacia uno infinitamente mayor y mejor.
- Nabot fue acusado mediante falsos testigos, Jesús también.
- Nabot fue condenado en un juicio corrupto, Jesús también.
- Nabot fue sacado fuera de la ciudad para morir, Jesús también.
PERO HAY DIFERENCIAS…
- Porque Nabot murió como víctima de la maldad de los hombres. Cristo murió voluntariamente conforme al Plan Eterno de Dios.
- Nabot murió porque un rey perverso quería quedarse con una viña. Cristo murió para que rebeldes como Acab pudieran recibir, no una viña, sino un Reino.
- Nabot perdió su herencia. Cristo entregó la suya para compartirla con nosotros.
- Nabot murió injustamente. Jesús murió sustituyendo justamente a nosotros, a los injustos.
La gran pregunta ya no es: ¿Soy como Nabot o como Acab? NO. Ojalá fuera esa.
La verdadera pregunta es: ¿Qué hará Dios con personas como Acab? Porque ese es nuestro problema. Si Dios es justo… Todos nosotros estamos condenados.
Pero Dios hizo con su propio Hijo lo que nosotros merecíamos. El juicio que debía caer sobre el malvado rey Acab…cayó sobre Cristo. La ira que debía caer sobre nosotros…cayó sobre Cristo. La condenación que merecía nuestro pecado…la llevó Cristo en la cruz.
En la viña de Nabot vemos la perversidad del corazón humano, pero en la cruz vemos la grandeza del amor de Dios. Allí los hombres asesinaron al único Justo. Al Perfecto y Verdadero Nabot. Pero Dios utilizó ese mismo crimen para salvar precisamente a los culpables.
1 Reyes 21 nos enseña que Dios no dejará ningún pecado sin juzgar. El Evangelio nos anuncia que ese juicio ya cayó sobre Cristo para todo aquel que se arrepiente y cree en Él. Porque en la cruz la justicia de Dios no fue anulada; fue plenamente satisfecha. Por eso hoy todavía hay esperanza para personas con un corazón como el de Acab.
Porque “donde abundó el pecado… sobreabundó la gracia” (Ro. 5:20).
No salgas hoy pensando: «Yo quiero ser como Nabot». Sal reconociendo primero que eres mucho más parecido al Rey Acab de lo que te gustaría admitir. Y después corre a Cristo, el verdadero y perfecto Justo, acusado por testigos falsos, condenado en un juicio corrupto y llevado fuera de la ciudad para morir… no por sus pecados, sino por los tuyos y los míos. Porque el Rey de reyes, el único verdaderamente inocente Bueno, Justo, Santo, fue tratado como un criminal, para que nosotros, culpables como el rey Acab, fuéramos tratados como hijos y herederos de Dios.
“… Y al que a Mí viene…yo no lo echo fuera”

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