INTRODUCCIÓN
Vivimos en una generación donde todos hablan… pero pocos han sido llamados, comisionados y empoderados por Dios a hablar.
Hoy hay micrófonos… pero falta autoridad. Hay contenido… pero falta verdad. Hay palabras, mucha palabrería… pero falta Palabra. Muchos predicadores hoy día parecen más bien psicólogos o motivadores. Cuando la predicación se convierte en motivación, NO ES porque el mensaje sea débil, sino porque el predicador ha dejado de creer en el poder de la Palabra.
Romanos 1:16 “El Evangelio es Poder (“Dunamys”) de Dios”.
El púlpito no es un escenario para motivadores humanistas, es un altar para heraldos, para guardianes y centinelas de Dios.
Si no arde la Palabra… solo queda humo de espectáculo: las luces, un mensaje bonito, dulce, romántico y agradable que gusta al oyente y que, por supuesto, excluye el arrepentimiento, el pecado y la santidad, para hablar de sueños, metas y bendiciones. Cuando el hombre, y un mensaje antropocéntrico y humanista, ocupa el centro del mensaje en el púlpito, Dios ya ha sido expulsado y excluido.
1 Pedro 4:10–11 “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
No todo el que sube al púlpito tiene el don y el llamado por Dios; pero el que fue llamado no puede callar… arde hasta que su voz se convierte en fuego. No puede dejar de proclamar, no sueños y visiones o anécdotas o chistes, sino la Palabra de Dios.
¿QUÉ ES UN DON ESPIRITUAL?
1 Corintios 12:4–7 “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.”
Un don espiritual es una capacidad dada soberanamente por el Espíritu Santo para edificar la Iglesia y glorificar a Cristo.
No es talento natural. No es para lucirte. No es habilidad desarrollada. El talento nace contigo, la habilidad se desarrolla, pero el don espiritual te es dado desde lo alto para el bien de la Iglesia y para Su gloria, no la tuya.
EJEMPLO: Alguien puede tener talento para hablar en público, habilidad o interés para los estudios, y es de esperar que el propio Espíritu Santo dé y otorgue el don de enseñanza a éste.
CARACTERÍSTICAS DE LOS DONES
1.- Son DADOS soberanamente, no ganados ni comprados. Véase 1 Corintios 12:11.
2.- Son PARA OTROS, NO para uno mismo.
1 Pedro 4:10 (somos administradores de ese don, ese tesoro que Dios nos ha dado). Dios me lo da A MÍ, PARA TI. NO es recibir, es DAR.
3.- Tienen PROPÓSITO ETERNO.
Efesios 4:12 “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,”.
TODOS los creyentes, en el momento de la SALVACIÓN, reciben, al menos, un DON.
ES UN ERROR tener envidia de otro don, sentirse superior, sentar en un pedestal a otro hermano por el don y competir con otros creyentes por los dones.
TIPOS DE DONES
En base a las 3 listas: Romanos 12 / 1 Corintios 12 / Efesios 4: Apóstol, Profeta / Profecía, Evangelista, Pastor, Maestro / Enseñanza, Exhortación, Servicio (ministerio), Misericordia, Hospitalidad, Repartir (dar), Liderazgo / Presidir / Administrar, Ayuda, Palabra de sabiduría, Palabra de ciencia, Fe, Dones de sanidades, Milagros, Discernimiento de espíritus, Lenguas, Interpretación de lenguas.
Dios NO reparte dones para entretener… los reparte para edificar un cuerpo, para que dentro de ese cuerpo cada uno de los integrantes vaya siendo más semejante a Cristo y, para que con ello, sea exaltado y glorificado.
¿CÓMO SÉ CUÁL ES MI DON?
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DESEO INTERNO
1 Timoteo 3:1 “Si alguno anhela…”
Dios pone carga. Lo sientes, lo anhelas, crees que eso es el llamado de tu vida y no puedes no hacerlo. El llamado de Dios no solo se oye… se siente como fuego que no puedes apagar. Dios te da el don y, para hacértelo ver, enciende un deseo santo en tu corazón.
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CONFIRMACIÓN EXTERNA
La Iglesia reconoce lo que Dios ya puso. Otros ven fruto en ti. Te lo confirman.
Hechos 13:2–3 “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.”
El don que Dios da, la Iglesia lo ve y lo reconoce; el Espíritu no solo llama internamente, también confirma externamente.
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FRUTO ESPIRITUAL REAL
“Por sus frutos los conoceréis.” Tristemente hoy abundan charlatanes en las iglesias que hablan de la prosperidad cuando los que realmente prosperan son ellos. La codicia y el dinero es su fruto.
- No es emoción… transformación.
- ¿La gente crece cuando hablas? ¿Se abre y expone fielmente la Escritura? ¿Hay convicción?
- El verdadero don no se presume; se evidencia: produce fruto que edifica y da gloria a Dios.
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FIDELIDAD EN LO PEQUEÑO
El don se confirma sirviendo, no esperando plataforma. Dios confía lo mucho al que es fiel en lo poco.
- NO es que predique o que enseñe y ya mejorará, NO.
- Cómo estudia, cómo se prepara, cómo lo anhela, cómo es entregado y servicial, cómo cumple con los requisitos bíblicos… es apto. No es que un día dices: “voy a predicar”… y de repente aparece el don.
Si una persona constantemente busca la Palabra, la estudia, la explica, la comparte, la expone, se forma para hacerlo mejor y mejor y otros son edificados… aunque no tenga un púlpito todavía… hermano, no hace falta ponerle etiqueta: ahí hay un don operando.
DE LO GENERAL A LO ESPECÍFICO

Habiendo visto, a modo general y de repaso, ahora toca adentrarnos en lo más específico. Cuando Dios te da un don de palabra, de enseñanza, de exhortación… NO te está dando una opción. Te está dando una responsabilidad eterna , ya que tienes la advertencia de que tergiversar, diluir o manipular la verdad absoluta, la Palabra de Dios, es traicionar a Dios mismo y será juzgado con mayor severidad.
Santiago 3:1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.”
Por el bien del llamado y de la comisión, por el bien del que oye, su desarrollo y crecimiento espiritual, y por el bien tuyo, que un día serás juzgado, enseña, predica y proclama con fidelidad.
EL PESO DEL DON DE ENSEÑANZA Y PREDICACIÓN
- El DON DE LA ENSEÑANZA se centra en explicar, fundamentar y formar entendimiento en la verdad de la Palabra. Su énfasis es la claridad doctrinal y la edificación progresiva del conocimiento de Dios. Básicamente se puede definir con 3 verbos: estudiar, entender e instruir.
- El DON DE LA PREDICACIÓN se centra en proclamar, confrontar y llamar a respuesta ante la verdad de la Palabra. Su énfasis es la proclamación urgente, la exhortación y la decisión espiritual. La enseñanza ilumina la mente; la predicación confronta el corazón, exige y demanda una respuesta.
Imagínate a alguien que se viste de policía sin serlo. Se pone la placa, da órdenes, detiene personas… al principio puede engañar a algunos… pero el día que la autoridad real aparece, no solo queda en ridículo… es juzgado con más dureza que cualquiera. ¿Por qué? Hizo algo mal… y usurpó una autoridad que no le pertenecía. Así también, el que se hace pasar por maestro o predicador sin haber sido llamado ni capacitado por Dios… está usurpando una responsabilidad divina. Puesto que la influencia espiritual es mayor, también lo será la rendición de cuentas delante del Juez supremo, de Dios.
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ES HABLAR EN NOMBRE DE DIOS
1 Pedro 4:11 “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios”.
Un embajador no habla lo que siente, ni lo que le parece… habla en nombre de su rey, representa a su nación y cada palabra suya tiene peso… porque no es suya. El día que un embajador habla por cuenta propia, deja de representar… y se convierte en un problema diplomático. Así el predicador no sube al púlpito a opinar… sube a representar al Rey y a ser vocero del Evangelio.
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ES ABRIR LA MENTE DE DIOS AL PUEBLO
Nehemías 8:8 “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”
Predicar no es gritar fuerte… es hacer claro lo que Dios ya dijo. Explicas y profundizas en lo que dijo. Aplicas y trazas la línea vertical con lo que dijo.
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ES ALIMENTAR ALMAS, NO ENTRETENER PERSONAS
Juan 21:15–17 “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.”
El que entretiene llena sillas… el que enseña con la Palabra de Dios fielmente expuesta y explicada, alimenta almas, edifica a la Iglesia.
2 Timoteo 4:3 “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…”
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ES CONFRONTAR, NO SOLO CONSOLAR
2 Timoteo 4:2 “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”
Redarguye, reprende, exhorta… no para agradar vidas, sino para transformarlas, y a veces el mensaje duele o incomoda. No busques agradar o el aplauso, sino ser fiel. Si tu predicación no confronta el pecado… no está predicando la cruz.
ES DEPENDER TOTALMENTE DEL ESPÍRITU
1 Corintios 2:4–5 “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”
La verdadera predicación no se sostiene en habilidad humana, en la sabiduría humana ni en discurso persuasivo o elocuente, sino en la demostración del poder del Espíritu Santo. El mensaje del Evangelio no depende de la elocuencia del predicador, sino de la acción de Dios que convence y transforma el corazón.
I.- EL DON DE ENSEÑANZA
Romanos 12:7.
Explica la Escritura, da claridad, construye doctrina, estudia, entiende e instruye. Quién tiene este don es una persona con deseos de estudiar la Biblia, la escudriña, lee libros, pregunta, investiga, indaga, tiene capacidad de comunicar el mensaje, capacidad de captar fácilmente la atención, lo hace sencillo y tiene un conocimiento amplio.
¿Cuál es el peligro del maestro? Ver 1 Corintios 8:1 “El conocimiento envanece”.
Un maestro sin humildad no edifica… infla. Es como alguien que estudia teología, conoce versículos, domina doctrina, pero mira por encima del hombro a otros creyentes. Tiene la verdad en la cabeza… pero no tiene amor en el corazón.
II.- EL DON DE PREDICACIÓN / EXHORTACIÓN
Romanos 12:8.
Aplica la verdad, confronta el corazón, llama a la acción. El maestro explica… el predicador empuja el alma hacia Dios, hacia una respuesta a la verdad.
Ejemplos bíblicos:
- Sermón de Pedro en Pentecostés → Hechos 2. No solo explicó lo ocurrido… confrontó directamente el pecado: “Arrepentíos…”.
- Pablo de Tarso → Hechos 17 en Atenas o Hechos 20 en Mileto. En Atenas confronta la idolatría y llama al arrepentimiento. En Mileto advierte con lágrimas y urgencia.
Pablo no solo enseñaba doctrina… aplicaba verdad con peso eterno.
III.- CUANDO AMBOS DONES SE UNEN
Enseñanza (verdad) + predicación (confrontar a esa verdad) = poder completo.
- Verdad + fuego.
- Doctrina + urgencia.
- Cabeza + corazón.
“Cuando la verdad se entiende y el corazón arde… ahí está la verdadera predicación.”
La Biblia no es un libro de información, sino de formación. Forma el carácter, corrige el corazón, moldea la vida, transforma la conducta. No solo te dice qué es verdad… te hace vivir en la verdad.
APLICACIÓN PERSONAL DIRECTA
Si Dios te ha dado este don, no es para esconderlo, no es para usarlo mal, no es para tu gloria, no es para jactarse o creerte más y mejor.
2 Timoteo 1:6 “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.”
El don no solo se recibe… también se cuida, se activa y se mantiene vivo. Si está débil, reavívalo. Si se está enfriando, aliméntalo. Dios ya lo puso dentro, actívalo. Es tu responsabilidad… y darás cuenta de ello.
CIERRE CRISTOCÉNTRICO

Hebreos 1:1–2 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”
Dios ha hablado… en el Hijo. No en ideas… no en opiniones… no en filosofías. Dios ha hablado en Cristo.
- Cristo es la Palabra encarnada
- El mensaje perfecto
- El predicador definitivo
- La Verdad, no relativa, sino total y absoluta.
Y todo verdadero predicador apunta a ÉL. Y si hoy oyes Su voz… no endurezcas tu corazón, porque un día ya no habrá predicación, no habrá púlpitos, no habrá exhortación ni enseñanza, no habrá llamados. Solo: juicio o gloria. Dos realidades eternas: o Cristo como Salvador… o Cristo como Juez.

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