I.- TODOS RECORDAMOS EL PRIMER ENCUENTRO
Hay cosas en la vida que no se olvidan. No porque fueran espectaculares, sino porque nos cambiaron por dentro. Muchos aquí recordaramos sin esfuerzo:
- El día que nació nuestro hijo
- La primera vez que vimos a la persona que hoy es nuestro cónyuge.
- Una llamada que lo cambió todo.
- Una noticia que partió nuestra historia en 2.
Y curiosamente, cuando recordamos esos momentos, NO decimos solo qué pasó… Decimos:
- “dónde estábamos”,
- “qué hora era”,
- “qué sentíamos.”
- “Era de noche…”
- «Estaba en el coche…”
- “Venía del trabajo…”
- “Estaba solo en casa…”
Porque hay momentos que se nos quedan grabados. Ahora, pensad en esto:
- NO recordamos con tanta precisión un día cualquiera.
- NO recordamos qué hicimos hace dos martes, o qué comimos hace 3 días.
- Pero Sí recordamos el día en que algo nos marcó para siempre.
Y con Dios pasa exactamente lo mismo. Tal vez NO todos tengamos una conversión espectacular. Tal vez NO hubo una voz del cielo ni una luz cegadora. Pero si Cristo salió a nuestro encuentro, hay un antes y un después.
La SANTA CENA es precisamente eso:
“Haced esto en memoria de mí” (1 Co 11:24)
Es decir:
- Acordaos.
- Mirad atrás.
- Recordad el momento en que todo empezó
Y hoy, antes de participar del pan y del vino, quiero que miremos atrás, en visión retrospectiva como hizo un ya anciano Predicador y Pastor en Éfeso, que vio morir a todos sus compañeros de misión, martirizados.
II.- EL PRIMER ENCUENTRO CON JESÚS
Año 27 dC. Día siguiente del Bautismo del Señor Jesús en el Jordán por Juan “El Bautista”
Juan 1:35–40 “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. “
Juan 1 NO describe todavía el “sígueme” definitivo. Describe algo más íntimo, más sencillo… el primer encuentro, la primera toma de contacto.
Juan el Bautista señala:
“He aquí el Cordero de Dios” (Jn 1:36)
Y 2 discípulos lo siguen. Uno tiene nombre: Andrés, el hermano de Simón Pedro. El otro… no. Juan NO lo nombra. Quédate con este detalle. Es muy muy importante.
III. “FUERON Y VIERON… Y SE QUEDARON CON ÉL”
Jn 1:39 “Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.”
Aproximadamente las 16 horas, las 4 de la tarde. Jesús NO les da un discurso teológico. No les explica aún el costo del discipulado. Solo les dice:
“Venid y ved”
Y Juan escribe:
“Fueron, pues, y vieron dónde moraba, y se quedaron con ÉL aquel día”
Ahí empezó todo. Un día a solas con el Señor
- Antes del ministerio.
- Antes de dejar las redes.
- Antes del martirio.
Todo empezó pasando tiempo con Jesús. La fe no comienza con obediencia perfecta, comienza con presencia.
IV.- EL SEGUNDO MOMENTO: EL LLAMADO DEFINITIVO
Tiempo después, tal vez semanas o meses, Jesús vuelve a encontrarlos. Está vez en el Mar de Galilea. 20 km de largo, 11 km. de ancho y 210 metros bajo el nivel del mar, hacen de este mar lago, la masa de agua dulce más baja del mundo.
Mateo 4:18–22 “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.”
Ahora sí dice:
“Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Ellos pescando peces, y el Rey, el Señor, pescando hombres, siervos de Dios.
- Aquí ya hay costo.
- Aquí ya hay renuncia.
- Aquí ya hay decisión.
Hay un llamado, “venid”, y una promesa “os haré pescadores de hombres”. Pero ese llamado NO nace de la nada. Nace de un encuentro previo. Nadie deja las redes si antes no ha visto algo que valga más que ellas. Algo que realmente merezca la pena. La obediencia profunda siempre brota de una relación recordada.
Antes dije que habían 2 discípulos, y Juan solo identifica uno, Andrés. ¿Sabéis quién era el otro? El propio autor. El propio Juan.
Desde los primeros siglos, la Iglesia ha entendido que ese discípulo anónimo es el propio Juan, el autor del Evangelio.
- Ireneo de León, Clemente de Alejandría o Eusebio de Cesárea lo tenía muy claro.

Juan, siendo anciano, escribe su Evangelio al final de su vida, desde Éfeso (actual Turquía) alrededor del año 85–90 d.C. Casi 60 años después de aquel día, y aun así… recuerda algo impresionante:
“Eran como las cuatro de la tarde” (Jn 1:39)
- No recuerda todo
- No recuerda un sermón.
- No recuerda un milagro.
- Pero sí recuerda la hora.
Porque cuando Jesús entra en tu vida, el tiempo deja huella. Es bonito leer esto.
Juan no es un joven pescador, es ya anciano, perseguido. Es el último y único testigo vivo del círculo íntimo del Señor que estaba vivo. Exiliado, marcado por el sufrimiento, todavía se acuerda de ese día. Él está mirando atrás, recordando con añoranza. Porque el amor verdadero no borra el primer encuentro. Aquel día hace unos 60 años, tuvo un encuentro con el Señor y eso cambió por completo su vida.
V.- APLICACIÓN DIRECTA A LA SANTA CENA
Hoy, antes de tomar el pan y el vino, Dios NO nos pide que recordemos lo bien que estamos, sino cómo empezó todo.
La Santa Cena es:
- memoria
- conmemoración
- celebración
- Y comunión
Como Juan, somos llamados a mirar atrás y decir:
- “Ahí me encontró”
- “Ahí me llamó”
- “Ahí empezó todo”
Tal vez NO recuerdes el día exacto. Tal vez NO recuerdes la hora, pero si Cristo te encontró… ÉL a tí, no tú a ÉL. Tu historia tiene un antes y un después.
Juan no escribió su Evangelio solo con teología. Lo escribió con memoria agradecida. Juan recordó la hora porque aquel día nació una vida nueva. Todo en él cambió por completo. Hoy NO venimos a una mesa por costumbre, venimos a recordar que un día Jesús nos miró y dijo:
- ‘Ven y ve’.
- Y desde entonces, ya nada fue igual.”
