Hoy es 12 DE OCTUBRE. Se conmemora el descubrimiento de América en 1492, y se celebra la festividad de la VIRGEN DEL PILAR,
- Patrona de Zaragoza,
- Patrona de la Hispanidad
- Y de la Guardia Civil.
Hoy muchos compañeros acuden a la iglesia, a una misa solemne, le hacen una ofrenda floral mientras le piden protección y apoyo. La tradición dice que el apóstol Santigo estaba predicando en Hispania, por Zaragoza con muy poco éxito y se desanimó, y en el año 40 DC se le apareció, sobre un pilar, la Virgen María, que aún estaba viva supuestamente en Jerusalén, para animarlo. Esa leyenda o tradición, que nace en la EDAD MEDIA (Siglo XI-XIII) llega hasta nuestros días. Mientras ALGUNOS se apoyan en un pilar de leyenda, Nosotros tenem,os un fundamento inconmovible: Jesucristo, la Roca viva, revelado en la Palabra Eterna y Gloriosa de Dios. DE ESO VENGO HOY A HABLARTE …
Si quisiéramos abrir la Constitución del Reino de Dios, NO deberíamos mirar a Roma ni a Atenas… deberíamos abrir Mateo capítulo 5. Deberíamos trasladarnos al Monte de las Bienaventuranzas en Galilea. Allí, en aquella montaña, encontramos la Carta Magna del Reino. Allí habló el Rey del Universo, el Señor de la Gloria. No estamos ante un discurso más, sino ante la voz del Rey trazando la ruta de sus súbditos. El Sermón del Monte NO es un simple discurso religioso: es la predicación más sublime que jamás haya brotado de labios humanos. Y recordemos: esos labios eran plenamente humanos, pero también plenamente divinos. En estas palabras se condensa absolutamente todo, la raíz y la razón de la Ley y de los Profetas, y se levantan los estándares más altos que el hombre jamás pudo imaginar. Es la enseñanza de Jesús sobre la vida en el reino. Aquí, la santidad de Dios se viste de palabras, y la justicia del cielo desciende a la tierra.
En este sermón, no solo descubrimos los rasgos y atributos de los verdaderos hijos del Reino, sino también la naturaleza misma de ese Reino: santo, espiritual, eterno. A partir del capítulo 7:13, Jesús nos lleva a la parte práctica y confrontativa del Sermón del Monte. Aquí Jesús es directo. Después de exponer los principios eternos de su Reino, ahora nos confronta con la decisión: vivirlos o ignorarlos. Cristo no quiere que sus palabras se queden en teorías bonitas ni en discursos vacíos. Él quiere una transformación real, porque su Palabra es viva, eficaz y energizante. Pero ello requiere e implica una decisión, y por eso, en estos últimos versículos, en el broche de oro del sermón de la montaña vemos claramente:
- Dos puertas, ancha y estrecha y dos caminos, espacioso y angosto (vv. 13–14).
- Dos tipos de profetas: verdaderos y falsos (vv. 15–20).
- Dos tipos de profesantes: los que dicen “Señor, Señor” y los que hacen la voluntad del Padre (vv. 21–23).
- Y finalmente, dos fundamentos: el prudente que edifica sobre la roca, y el insensato sobre la arena (vv. 24–27).
Es decir, Jesús termina con una serie de contrastes: Dos caminos. Dos árboles. Dos confesiones. Dos cimientos. En definitiva, termina con la «pelota en tu tejado«: obedecer o no obedecer. No se trata solo de “oír” principios elevados, sino de vivirlos. Esto NO es nuevo: el apóstol Pablo haría lo mismo en sus cartas.
- Primero doctrina, luego aplicación.
- Primero el fundamento, luego el llamado a vivirlo. Así también hace aquí el Maestro.”
Y fíjate en algo glorioso y solemne: el Sermón del Monte comienza con la Bienaventuranza de los pobres en espíritu… pero termina con la ruina del orgulloso profesante que confió en sí mismo. ¡Qué contraste! El que se humilla, será enaltecido, recibe vida; el que se enaltece, será humillado, caerá en destrucción. El sermón no cierra con un aplauso, sino con un juicio solemne. El cierre de este gran sermón es también el cierre de toda la enseñanza cristiana:
- Vida o muerte,
- Justicia para los que creen y obedecen
- O ruina para los que solo oyen pero no hacen.
Con ese contexto, llegamos ahora al final, al cierre mismo del Sermón del Monte. Abramos nuestras Biblias en Mateo 7:24-27, donde el Señor Jesús concluye con la ilustración más clara y más decisiva: dos hombres, dos casas, dos fundamentos… y dos destinos eternos.
Mateo 7:24-27 “Cualquiera (es Universal, es un llamado para todos), pues, que me oye estas palabras (lo registrado en Mateo 5-7), y las hace (No es solo oír. Aquí está la marca de la fe genuina), le compararé a un hombre prudente (sabio, sensato, con discernimiento), que edificó su casa (que construyó su vida entera y todo lo que tenga que ver con ella) sobre la roca (Cristo, el fundamento). Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa (vino la prueba, la aflicción, los momentos malos, los sufrimientos, las tentaciones, las crisis…); y NO cayó, porque estaba fundada sobre la roca (no dice por la casa o por el que la edificó, sino por el cimiento). Pero cualquiera (Otra vez para todos, universal) que me oye estas palabras y no las hace (no hay obediencia y por tanto NO hay fe de verdad, una fe muerta), le compararé a un hombre insensato (necio, tonto) , que edificó su casa sobre la arena (sin fundamento, sin la roca, sin Cristo); y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó (no se sostuvo), y fue grande su ruina.”
En ESTA PARÁBOLA, El Señor NO nos está dando una lección sobre albañilería o construcción. Tampoco trata sobre ingeniería, ni es para arquitectos. Esta parábola ilustra a los FALSOS PROFESANTES y el Peligro que eso conlleva; por eso es una parábola que debe de servir para AUTO-EXAMINARNOS, y sería de poco favor y provecho, creer que sólo era para los judíos fariseos legalistas y religiosos de aquella época. EL NO está comparando a un cristiano de un incrédulo, ni tampoco con un profesante de otra religión como pueda ser un musulmán o budista, aunque para ellos les espera el mismo final. Él está comparando a dos hombres que claman y afirman ser cristianos, que dicen profesar su fe en Cristo para la salvación de su alma, pero que son opuestos. En esta Parábola observamos que hay 2 personajes, 2 hombres diferentes; hay 2 casas, 2 construcciones diferentes, y 2 finales diferentes ante el mismo escenario.
I.- 2 CONSTRUCTORES
Imaginemos el TITANIC: el barco más grande y moderno jamás construido, llamado ‘insumergible’. Durante su viaje, recibió advertencias claras: señales de icebergs en la ruta, hielo flotante observado por vigías, y alertas sobre que no había suficientes botes salvavidas para todos. ¿Qué hicieron? ignoraron las advertencias, confiando solo en la apariencia del barco y en su propia seguridad. Mantuvieron la velocidad máxima, no reforzaron la seguridad, no tomaron precauciones, no incrementaron la luz para visualizar mejor en la noche. Cuando llegó el iceberg, la tragedia fue inevitable: los que desobedecieron las advertencias se hundieron. Más de 1.500 vidas muertas. Los que escucharon y actuaron con prudencia sobrevivieron en los botes salvavidas. Lo primero que vemos y observamos son 2 personas, 2 hombres, 2 constructores, 2 edificadores. Ambos escuchan y oyen la Palabra (v.24, v.26); sus advertencias, sus promesas pero hay una diferencia que va a marcar todo
1.- EL PRIMERO: EL HACEDOR
- Oye la Palabra, la recibe. Su corazón no solo escucha, sino que atesora, retiene y medita cada instrucción de Cristo.
- La pone en práctica, transformando su vida desde adentro. Cada decisión, cada acción, está cimentada en la obediencia a Dios. Va creciendo en santidad a la imagen de Cristo
- Este es el hombre sabio y prudente. El hombre de fe
2.- EL SEGUNDO: EL MERO OIDOR
- Este también escucha a Cristo, incluso participa en reuniones, cultos, ora y levanta las manos con entusiasmo. Su fe parece intensa… pero NO obedece.
- Mateo 7:22-23 “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
- Su corazón NO actúa sobre la Palabra, y su vida sigue según sus propios deseos. ÉL es orgulloso, el rey y amo de su vida. Es independiente y basa sus decisiones según su propio criterio y no según la Palabra de Dios.
- Este es un hombre religioso, insensato y necio. Un Necio o tonto, según la Biblia, NO es solo el que dice en su corazón “No hay Dios”, co,mo dice el salmo 14:1, sino ademas lo es aquel que oye las palabras de Jesús pero no las cree de verdad y por eso no las obedece.
Hermanos, NO es lo mismo creer en la Biblia que vivir la Biblia. Estamos en el mes de la Reforma, y uno de los pilares fundamentales de aquel movimiento glorioso son las 5 Solas, y hoy hablamos de la Sola Fide: la fe que obra, la fe que salva. Pero atención: LA SOLA FE NUNCA ES FE SOLA. Es una fe que obra, que se manifiesta, que se evidencia en nuestras decisiones, en nuestras acciones, en nuestra vida diaria. Una fe que transforma, que se convierte en obediencia a Cristo. Somos salvos por fe, no por obras, pero la fe que salva se evidencia en obras. No por obras, pero sí para buenas obras. Santiago dice “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” No basta con creer… no es suficiente. Los demonios también creen y tiemblan (Sant 2:19). Ellos saben la teoría, saben que Cristo es el Rey Cósmico vencedor, pero NO se someten a ÉL.
Creer sin obedecer es peligroso, y es engañoso. El mero conocimiento de la verdad, sin obediencia, no salva, no transforma, no edifica sobre la roca. Es solo información intelectual que se queda en la mente… pero nunca desciende al corazón. Y el ejemplo más claro lo tenemos en Mateo 19: el joven rico. Se acercó a Jesús con respeto, escuchó la verdad de Su boca, incluso reconoció que necesitaba seguir al Maestro… pero cuando llegó el momento de obedecer, cuando Cristo le pidió que entregara su tesoro y lo siguiera, se dio la vuelta y se fue triste. ¡Mira qué tragedia! Oído atento, corazón emocionado… pero sin obediencia.
Fe de labios, fe de apariencia… una fe sin obras, que no construye sobre la roca, sino sobre arena.
Y aquí está la lección: la fe que no obedece, la fe que no se traduce en acción, es una fe muerta. Es como una casa sin cimientos: tarde o temprano la tormenta la derriba. Hermanos, la fe genuina no sólo oye, sino que hace. No solo confiesa, sino que actúa. La fe verdadera se mide en la roca sobre la que edificamos nuestra vida:
- El sabio oye y hace. Obedece. Él es un constructor prudente
El entender la Palabra de Dios, la voluntad de Dios, y ponerla por obra en nuestra vida diaria, es ser prudente.
- El que oye y no hace, como el joven rico, se aleja y se pierde.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Juan 14:23 “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
No hay fe viva, fe de verdad, fe genuina, fe que salva sin obediencia. Oír sin obedecer es el autoengaño religioso que lleva al infierno. Pregunta: ¿Soy oidor solamente, o hacedor de la Palabra?, ¿Tomas tus decisiones en base a la Palabra de Dios? El evangelio no se mide por lo que oyes, sino por lo que haces con lo que oyes.”
Jesús ve al que oye escucha la palabra pero no la pone en práctica como alguien que edifica sobre la arena, pero fíjate como lo ve como lo representa su medio hermano, Santiago:
Santiago 1:22-25 “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.”
Escuchar la Palabra y no obedecerla, es un autoengaño religioso. Es como mirarse en el espejo por la mañana, ver claramente la suciedad en la cara, las lagañas en los ojos, la barba sin afeitar, los restos de comida pegados… ¡y salir a la calle así!. Ves la verdad, reconoces tu estado… pero no haces nada al respecto. Eso mismo pasa con el que abre la Biblia, oye el mensaje del evangelio, sabe lo que Dios le pide… pero luego sale por esa puerta y vive como si nada. Ha visto su reflejo espiritual, pero se ha olvidado en un instante. El espejo revela, pero no transforma. La Palabra revela, pero solo la obediencia transforma.
En definitiva; Dos hombres, dos constructores y dos respuestas: obediencia o desobediencia.
II.- 2 FUNDAMENTOS
¿Recordáis el 11-S? Después del suceso, se descubrió que las torres estaban construidas con un núcleo de acero sólido en el centro, lo que retrasó su colapso y derribo, permitiendo a miles de personas salir con vida. La solidez del fundamento salvó muchas vidas. Así mismo Cristo: Sin Él, todo se derrumba. ÉL nos sostiene, fortalece, endereza en las pruebas. Vemos que hay 2 construcciones, 2 casas. Y tal vez, NO haya muchas diferencias entre ellas; eran casi iguales, salvo por algo que no se aprecia, que NO se ve, algo que está bajo tierra, pero que es lo más importante, ya que le da Solidez, sostenimiento, base y apoyo para Todo lo demás: EL CIMIENTO.
- Uno de ellos quería que su casa DURARA, el otro que su casa LUCIERA.
- Mientras uno buscaba la CONSISTENCIA, el otro buscaba la APARIENCIA.
La Roca es la Palabra de Cristo. Es Su Persona y Obra. Sólo Él es fuerte, estable, inamovible. La Arena es cualquier otro fundamento como religiosidad vacía, moralismo, autojustificación o la confianza en uno mismo, tradiciones, opiniones humanas, apariencias, los valores del mundo como el dinero, el éxito, el reconocimiento, el placer… en definitiva representa todo fundamento falso, débil y pasajero
Hermanos, los dos hombres decían creer en Cristo, ambos aseguraban que ÉL era su Salvador… y desde fuera, sus casas parecían prácticamente idénticas: estructuras fuertes, apariencia correcta, vida religiosa y devoción visible. Pero había una diferencia fundamental, radical, definitiva:
- Uno puso su confianza genuina en Cristo, en Su obra redentora de gracia, y además buscó agradar a Dios en todo, cumplir Su voluntad y glorificarle en cada decisión de su vida. Llevaba una vida, no perfecta, pero sí tratando de seguirle en obediencia.
- El otro deseó edificar rápido, a su manera, con esfuerzos propios, sus propias obras y méritos con apariencia religiosa, confiando en lo que él podía hacer, en lugar de depender del Señor.
La diferencia no estaba en la apariencia… sino en el fundamento, algo que a simple vista no se ve. Si nos vamos al texto paralelo, es decir, la misma parábola escrita por Lucas, vemos un detalle que Mateo NO menciona, y que es clave.
Lucas 6:47-49 lo dice claramente:
«Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.”
Habla del esfuerzo, de la constancia, de la perseverancia del constructor. No basta con conocer dónde está la Roca; hay que cavar y ahondar hasta que toda tu vida quede anclada en Cristo.
- El prudente halló la Roca, después tomó la pala, cavó, sudó, ahondó, hasta que su vida entera quedó anclada en Cristo.
- El insensato oyó, quizás hasta creyó creer, pero no tomó la pala, no cavó. Fue a lo fácil, a edificar sobre la arena, y cuando llegó la tormenta, la prueba, la crisis, la inundación de la vida… su casa cayó y fue grande su ruina.
¿Sobre qué edifico mis decisiones, mis acciones, mi familia, la crianza de mis hijos, mi matrimonio, mis relaciones y amistades, mi eternidad? Si no es Cristo, tarde o temprano caerá.
Hermanos, TODO lo que necesitamos para la vida está en la Biblia.
- Tu hogar está ahí.
- Tu matrimonio está ahí.
- Tu iglesia está ahí.
- Tu vida entera está ahí.
La Palabra de Dios te enseña:
- Cómo ser un buen esposo. NO se trata de cosquilleos o mariposas que un día están y al otro no. NO. se trata de un pacto eterno a entregarte por la otra persona
- Cómo escoger a tu pareja. Si Dios te dice que NO te unas en yugo desigual NO es para coartar tu libertad, es porque quiere lo mejor para tí, quiere evitar que llores, que sufras y que te hagas daño.
- Cómo ser un buen padre, y también cómo ser un hijo obediente.
- Cómo ser un trabajador honrado, y también un jefe justo.
- Cómo ser un discípulo fiel y cómo ser un pastor conforme al corazón de Dios.
- Cómo ser un buen ciudadano, cómo vivir en sociedad.
- Cómo relacionarte con las autoridades y con tus vecinos.
¡TODO está en la Palabra!
- No está en el horóscopo.
- No está en el tarot.
- No está en los libros de autoayuda.
- ¡Está en la Palabra viva, eterna y poderosa de Dios!
Y escucha: yo no soy perfecto, tengo fallos, debilidades, pero algo tengo claro: me aferro a la Palabra de Dios como mi estandarte, como el cimiento firme de mi vida, de mi hogar y de mi familia.
Porque así dice Josué 1:8:
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”
Cuando el mundo te dice: “haz lo que quieras. Sé feliz, vive, disfruta como quieras”, Dios te dice: “haz lo que digo, y vivirás. Realmente vivirás en libertad, en plenitud y en abundancia”. La Biblia no fue dada para informarte, sino para transformarte. Si la Palabra de Dios no está en tu boca, en tu mente y en tus pasos… entonces déjame decirte que estás edificando sobre arena.”
III. MISMA TORMENTA (V. 25, 27)
En 2011 tuve que trabajar durante un tiempo en Lorca, que quedó asolada y devastada. El año pasado estuve como voluntario en Catarroja (Valencia) ayudando por la Dana. En una ciudad un terremoto, en la otra lluvias torrenciales. Muchas casas no resistieron y se desplomaron en segundos, arrastrando consigo vidas humanas, pero otras edificaciones permanecieron en pie. Lo que determina si caemos o permanecemos es el fundamento sobre el que edificamos nuestra vida. La vida golpeará fuerte, pero los que están cimentados en Cristo permanecerán firmes.”
Hemos estado anteponiendo, enfrentando y contrastando 2 hombres (el sabio y el necio), 2 construcciones o casa, la que se edifica sobre la roca y la que se edifica sobre la arena, pero en cuanto a las tormentas y las pruebas no podemos hablar de 2, Son las mismas: lluvia que desciende, ríos que vienen y viento que sopla y golpea. ¿Sabes qué? La diferencia NO se nota en días placenteros, calmados de sol, sino en la tormenta. Solo cuando vienen las tormentas se revela el verdadero cimiento del edificio. La vida no se derrumba en el día bueno y tranquilo, sino en el día de la tormenta, en el día malo, en el día oscuro, en el día de las lágrimas. Y te aseguro que ese día puede llegar, llegará y, casi siempre, sin avisar. El Señor nos dice aquí que solo la tormenta, la prueba, va a manifestar la verdad. Y después descubriremos quién es sabio, y quien es un insensato, quién tuvo fe de verdad y quien tuvo una fe falsa y profesante, quien cavó y ahondó, y quien fue descuidado.
Hermanos, el momento decisivo para el hombre prudente y el para el insensato llegó inevitablemente: la prueba. Allí se descubre de verdad de qué está hecho cada fundamento, y cómo es la fe de cada uno. En la prueba se revela si nuestra fe está sobre la Roca o sobre la arena. Allí se sabe si es genuina o no. Y lo más sorprendente: ambos enfrentaron las mismas pruebas. Ser cristiano no significa ausencia de dificultad; al contrario, en medio de un mundo caído, el costo de seguir a Cristo es alto, pero también es nuestro mayor privilegio.
Juan 16:33b: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
La fe genuina tarde o temprano será puesta a prueba, para que Dios sea glorificado y para revelar si nuestra fe es verdadera. Dios NO promete que no habrá batallas, pero promete que si te aferras a ÉL y Su Palabra, saldrás vencedor en todas ellas. El cristiano no es librado de la tormenta, sino de la ruina.
Pablo lo dice:
2 Corintios 4:17: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
En la NVI dice así: “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento”. La Biblia está llena de hombres cuya fe fue probada en la tormenta, y NO cayeron porque estaban cimentados en Dios. Cada prueba, cada dificultad, es un escenario donde Dios forja nuestra eternidad y fortalece nuestra fe, y eso hará que la tribulación parezca leve. La prueba es temporal, la gloria de Dios es para siempre
1 Juan 2:16-17 “(…) todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
- Job perdió todo, pero declaró: “Aunque Él me mate, en Él esperaré”.
- Noé soportó burlas, pero cuando vino el diluvio, su arca permaneció.
- Abraham alzó el cuchillo sobre Isaac, y descubrió que Dios siempre provee.
- José fue traicionado, vendido y encarcelado, pero Dios lo levantó como gobernador para salvar vidas.
- Moisés frente al mar rojo, con el ejército detrás para acabar con ellos, levantó la vara y el mar se abrió.
- Daniel durmió en paz entre leones que devoraron a otros.
- Sadrac, Mesac y Abed-nego entraron al horno y salieron sin olor a humo, libres de sus ataduras.
- Esther arriesgó su vida delante del rey, y Dios libró a su pueblo.
- Pedro en la cárcel, custodiado por soldados, fue liberado por un ángel.
- Pablo y Silas, azotados y encarcelados, cantaron himnos y las cadenas se rompieron.
Todos y cada uno de ellos tenían el cimiento sólido de sus vidas anclados y cimentados establemente en la roca, en Cristo. La fe que permanece firme bajo presión es la fe que edificó sobre la Roca. Hermanos, todos enfrentamos y enfrentaremos tormentas en la vida: problemas familiares, crisis económicas, enfermedades, traiciones, pérdidas. Sin embargo, la diferencia entre permanecer firmes o caer no está en la intensidad de la tormenta, sino en el fundamento sobre el que hemos edificado nuestra vida.

¿Por qué vemos hoy tanta ansiedad, depresión y desesperanza?
Porque muchas vidas están edificadas sobre cimientos inestables: la apariencia, el éxito mundano, la autosuficiencia, las relaciones tóxicas, las redes sociales, el dinero. Todo esto es arena, y cuando llega la tormenta, no resiste.
Estadísticas alarmantes:
- Suicidio: Casi 12 suicidios al día en España
- Ansiedad: Aproximadamente el 10% de la población española sufre de trastornos de ansiedad,
- Depresión: Casi el 7% de la población en España
Estos datos reflejan una realidad preocupante: muchas vidas están siendo arrasadas porque NO han sido edificadas sobre la Roca. ¿Cómo podemos edificar sobre la Roca?
Jesús nos lo enseña en Mateo 7:24-27.
La clave está en oír y hacer Su palabra. No basta con escuchar; debemos aplicar Su enseñanza en cada área de nuestra vida: en el hogar, en el trabajo, en las relaciones, en la iglesia.
- La Palabra de Dios debe ser el cimiento de nuestras decisiones y acciones.
- La obediencia a Cristo nos fortalece y nos prepara para enfrentar las tormentas, que de seguro vendrá. Hermanos, el día malo vendrá.
- La comunidad de fe nos brinda apoyo y nos ayuda a mantenernos firmes.
Hermanos, la tormenta vendrá para todos. Pero si edificamos nuestras vidas sobre la Roca que es Cristo, permaneceremos firmes. No dejemos que nuestras vidas sean arrasadas por la arena de este mundo. Volvamos a la Palabra, volvamos a Cristo, y construyamos sobre el fundamento eterno. Yo recuerdo recibir, la noche del 1 de diciembre de 2021, la llamada más dura de mi vida. Esa llamada que decía que mi hermana estaba en la UCI cambió por completo mi vida y la de toda mi familia. Oré, clamé, hablé con ella, le pedí a Dios con todo mi corazón. Tuve miedo, angustia y confusión, y seguramente cometí errores humanos, pero jamás dudé ni cuestioné al Señor, aunque la tormenta parecía infinita. Ella murió a los 29 días, y mi corazón se rompió en mil pedazos. Pero en medio del dolor más profundo, Dios no me dejó solo. Él me tomó de la mano, me sostuvo en Su abrazo, y me enseñó algo que no se aprende en libros ni sermones: la fe no siempre cambia las circunstancias, pero sí transforma nuestro corazón en medio de ellas. Hoy puedo decir con convicción: Dios es la Roca firme sobre la que se puede edificar la vida, incluso cuando todo a nuestro alrededor se derrumba. Su abrazo es más fuerte que la pérdida, Su paz más profunda que el llanto, y Su amor más duradero que la muerte.
Hermanos, la vida nos golpea, las tormentas llegan, y a veces perdemos lo que más amamos. Pero si nuestra fe está en Cristo, si edificamos sobre la Roca eterna, nadie ni nada podrá derribar nuestra esperanza, porque ÉL permanece y nos sostiene para siempre.
Romanos 8:38-39 “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
IV.- CONCLUSIÓN: 2 DESTINOS
Hoy, tal vez, muchos están edificando sobre arena: esfuerzo propio, religiosidad, apariencia, tradiciones, opiniones humanas o simplemente conforme los valores y patrones que impone la sociedad… y NO lo saben. La tormenta llegará, las pruebas vendrán, y su vida se derrumbará. Será su ruina
En Pleno Sermón del Monte, en Mateo 5:48, Jesús dice: “Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” . Nadie puede oír eso y decir honestamente: “Yo lo he cumplido. Yo soy perfecto”
El Sermón del Monte nos muestra cómo deberíamos ser, cómo deberíamos vivir. Nos deja sin excusa, porque no somos así. Pero hay esperanza. Hay un Salvador. Hay Uno que sí cumplió todo eso. El Sermón del Monte nos declara culpables a todos, ya que NO llegamos a ese nivel, pero a la vez señala al único inocente Cristo, que cumplió cada palabra.
- Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;
ÉL cambia la ruina en eternidad. ÉL toma tus quebrantos, tu pecado, tus fracasos y los convierte en victoria. Y aquí está la buena noticia del Evangelio: donde nuestra vida se derrumba como una casa sobre arena, la suya permanece firme como una roca eterna.
- Él sí amó a sus enemigos, orando por quienes le crucificaban: “Padre, perdónalos…”.
- Él sí fue manso y humilde de corazón, no buscando su propia gloria, sino la del Padre.
- Él sí tuvo hambre y sed de justicia, y su pan era hacer la voluntad de Dios.
- Él sí buscó primero el Reino de Dios y su justicia, confiando plenamente en la provisión del Padre.
- Él sí dio limosna en secreto, oró en lo íntimo y ayunó con pureza de corazón.
- Él sí fue pacificador, reconciliándonos con Dios por medio de su cruz.
- Él sí entró por la puerta estrecha, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz.
- Él nunca quebró un mandamiento, ni en pensamiento, ni en palabra, ni en obra. Fue perfecto desde el pesebre de Belén hasta la cruz, de en el Gólgota
- Él edificó sobre la roca, siendo el Hombre perfecto que oyó y cumplió la voluntad del Padre en todo.
La vida perfecta y obediente que debíamos vivir y NO lo hicimos ni podemos hacerlo, Cristo la vivió en nuestro lugar. El juicio que tú y yo merecíamos por quebrantar la Ley, Cristo lo llevó y cargó en la cruz. Lo malo nuestro se lo llevó ÉL a la cruz. Lo bueno de ÉL nos lo llevamos nosotros por fe. Es el intercambio glorioso del Evangelio.
Hoy he expuesto la conclusión del más maravilloso sermón de Jesús, pero es además la conclusión de la fe, de la vida cristiana. Estamos frente a la decisión más importante de nuestra existencia. El Sermón del Monte nos deja con dos caminos:
- Construir sobre arena, con la ruina segura de confiar en nuestra justicia, en nosotros mismos.
- O construir sobre la roca, que es Cristo mismo, quien cumplió la justicia perfecta y ofrece salvación a todo el que cree.
- ¿Seguirás edificando sobre la arena, y experimentarás ruina, dolor y pérdida?
- ¿O abrirás tu corazón a Cristo, y edificarás sobre la Roca, la Palabra, la Vida eterna, y vivirás para siempre con ÉL?
- ¿Dónde estás construyendo tu eternidad?Esa decisión marca la diferencia entre la ruina y la vida eterna.
No esperes más. Hoy es el día de poner tu fe en Cristo, de escuchar Su voz, de obedecer y edificar tu vida sobre la Roca eterna. Es día de cavar y ahondar en la construcción de nuestra vida, poniendo la Palabra de Dios como guía, mapa y brújula de nuestra vida, día tras día.
Sólo Él salva. Sólo Él permanece. Solo Él da vida eterna.
Tu vida es como una casa donde cada día, con cada acción y decisión añades a esa construcción. El sol puede brillar hoy, pero la tormenta viene. Solo Cristo, la Roca eterna, te mantendrá en pie cuando todo lo demás se derrumbe. Hoy Cristo se ofrece como la Roca firme. Todo lo demás es arena que se hunde.
- Acude a ÉL como Salvador
- Óyele como Maestro
- Y obedécele como Señor

[…] LOS DOS CIMIENTOS (Mt. 7:24-27) […]