Imagina que Dios te observa desde su trono y tú intentas impresionarlo con tu vida perfecta… ¿Crees que eso bastará?, ¿Qué eso es suficiente? Eso es la religión, y eso falla siempre. La Navidad muestra lo puesto que no necesitas escalar al cielo, porque Aquel que estaba allí, Aquel que ni los cielos de los cielos pueden contener, bajó y descendió hasta ti. Los hombres siempre han intentado subir, llegar o alcanzar hacia Dios. En Babel quisieron alcanzar el cielo por sí mismos. Las religiones se esfuerzan por escalar la montaña de la divinidad con obras, mandamientos, sacrificios y méritos. Es en vano. Aún las mejores obras que tú puedas llegar a tener, son trapos de inmundicia ante Dios. Pero la Biblia no es la historia del hombre alcanzando a Dios, sino la historia de Dios descendiendo para alcanzar al hombre.
Esa es la gran diferencia entre religión, hay centenares, hay miles y el mensaje del Evangelio. Solo hay uno. La religión dice: ‘Debes subir’. El Evangelio dice: ‘ÉL ha bajado’. Y ninguna escena lo expresa con mayor claridad que Lucas 2. Aquí NO vemos un Dios lejano, inaccesible, frío o indiferente. Vemos un Dios que baja, que se acerca, que se hace bebé. Navidad no es un ascenso humano. Es el descenso de Dios. La navidad es la historia del Dios que desciende.
EL DIOS QUE ELIGE NACER
Si buscas un resumen de la Navidad, es este: «El Dios que está por encima de todos eligió venir por debajo de todos».
- El cielo bajó a la tierra.
- La eternidad entró en el tiempo.
- La Palabra de Dios se hizo carne.
Hermanos, cada año nacen en el mundo más de 135 millones de personas en la Tierra. Esto supone 3 veces la población de España.
- Han habido nacimientos de sextillizos, septillizos y, hasta, de octillizos.
- Ha habido nacimientos in vitro.
- Si nos vamos a la Biblia han habido nacimientos milagrosos como el de Isaac, Samuel, Sansón o Juan “El Bautista”.
- Son hechos asombrosos, sin duda, pero NO es comparable con el nacimiento de Jesús.
En Belén no nació un bebé cualquiera: nació Dios hecho carne. La Navidad no celebra el nacimiento de un hombre que se hizo Dios, sino del Dios, de la 2ª Persona de la Trinidad, que se hizo hombre. Ese Niño en pañales del pesebre es el mismo que sostiene las galaxias. La Navidad es el único festivo cristiano que también se festeja secularmente. Es la fiesta más grande de nuestra cultura
He dividido los versículos de Lucas 2:1-15 en 3, que son los 3 puntos principales del sermón.
- I.- Un Dios que mueve la historia (1-5)
- II.- Un Dios que abraza la humillación (6-7)
- III.- UN Dios que trae paz a los indignos (8-15)
Planeado antes de la creación, anunciado tras la caída (Génesis 3:15),
” De la mujer nacerá un Descendiente que pondrá fin al conflicto con el mal. ÉL sufrirá y morirá, pero su muerte será la derrota del pecado, del mal y de la propia muerte.”
Y ese versículo, esa idea se ve trazada y desplegada en todo el Antiguo Testamento: Set, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Judá, Moisés, David… hasta llegar a una joven virgen de Belén, llamada María. Dios mismo bajando del cielo, envuelto en pañales, para salvar a la humanidad.
I.- UN DIOS QUE MUEVE LA HISTORIA (VV.1–5)
En “El Señor de los Anillos”, Frodo es obligado a dejar la Comarca, perseguido y arrastrado a un viaje muy peligroso. Lo que parecía un castigo o imposición humana termina cumpliendo el plan mayor: destruir el Anillo y salvar la Tierra Media. De la misma manera, en los primeros versículos de Lucas 2, vemos que lo que parecía un censo, un instrumento de control humano, en realidad era la providencia de Dios, para colocar al Salvador en el escenario y en el momento exacto de la historia de la humanidad.
“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.”
Lucas, el médico historiador, nos introduce en el escenario del epicentro de la historia:
“Aconteció en aquellos días…”
Lucas menciona nombres concretos: Augusto César, Cirenio. Y narra eventos oficiales: un edicto, un censo, una obligación imperial para tener controlada a la gente y, sobre todo, los impuestos. Y puede parecer que se trata de un Edicto de Augusto César, Emperador de Roma, pero NO. Realmente aquí hay un Edicto del Soberano Dios. Augusto César (augusto significaba “exaltado o adorable”) cree que está moviendo el mundo… pero es Dios, el verdadero exaltado, el Único adorable, quien mueve a Augusto César, un rey pagano para traer al Rey de Gloria. Sin saberlo está siendo un mero instrumento en manos de Dios.
Dios usa un censo romano para colocar a José y María donde ÉL había anunciado: Belén, la ciudad de David. Podía haber sido la gran Jerusalén, la capital, donde estaba el Templo, pero NO. Dios, mediante el profeta Miqueas ya dijo 725 años antes de ese censo de Augusto que el Salvador nacería en la pequeña aldea de Belén
Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.”
También dijo que el Salvador sería descendiente del Rey David. En 2ª Samuel 7, 1.000 años antes de que nazca Jesús, le hace una promesa a David
“Yo afirmaré después de ti tu simiente, la cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.”
Isaías dijo, 7 siglos antes, que el Salvador nacería de manera sobrenatural de una joven virgen. Es más, la Biblia nos dice (Gén. 49:10) que el Salvador nacería cuando no hubiera un rey judío sentado en el trono, ¿y sabes qué? Jesús nació en el único periodo de la historia universal en que ha existido un reino judío que contaba con un monarca que no era judío, Herodes El Grande. Ni antes ni después ha sucedido. Cristo no nace “donde tocaba”, sino “donde Dios dijo”. Dios gobierna incluso cuando parece que gobiernan otros. NO olvides eso jamás. ÉL es absoluto y pleno Soberano. Todo se mueve… porque Dios mueve la historia.
Si hay algo que caracteriza a Augusto César es que durante el tiempo que fue Emperador trajo lo que se conoce como “Pax Romana”, un período de cierta estabilidad, seguridad jurídica, bienestar y tranquilidad, en ausencia de conflictos y guerras. Él se jactaba y reivindicaba ser el autor, el artífice de esa paz, pero al igual que el cielo sobrepasa la tierra, así la Paz de Cristo, el Príncipe de paz, sobrepasa esta paz de Augusto César.
Un viaje de Nazaret a Belén suponía un viaje de unos 130 kilómetros, estando María a punto de dar a luz NO era algo sencillo. Era un viaje largo, incómodo, de unos 5 días de duración. Parecía el peor momento para viajar, pero era el momento perfecto para que se cumpliera la profecía. Todo dirigido por la mano de Dios
Cuando parezca que personas, gobiernos o circunstancias tienen el control, recuerda esto: La historia no se define en los palacios de la tierra, sino en el trono del cielo.
Los líderes cambian, los decretos pasan, las decisiones humanas son temporales, pero Dios sigue dirigiendo cada capítulo de nuestra vida. Confía en el plan de Dios aunque no entiendas el camino.
- ÉL ve lo que tú no ves.
- ÉL conoce lo que tú no conoces.
- ÉL ya está en el futuro que tú aún no has vivido.
A veces “Augustos”, leyes o decisiones ajenas parecen marcar tu destino, pero el verdadero Soberano es Dios. Las autoridades creen que mueven la historia, pero es Dios quien mueve sus corazones y los inclina conforme a Su Propósito y designio. Los hombres firman decretos, pero es Dios quien cumple promesas.
Por eso no temas: ni al poder humano, ni a las circunstancias que no controlas, ni a los caminos que no entiendes. Tu vida no está a merced de nadie, está en las manos del Rey de Reyes.
II.- UN DIOS QUE ABRAZA LA HUMILLACIÓN (VV.6–7)
Imagina un hotel de cinco estrellas.
- Recepción brillante
- Fachada inmensa, sublime
- Trajes elegantes
- Muy limpio, con todo tipo de lujos en los acabados
- Música suave.
De repente llega un hombre humilde y sencillo, sin apariencia llamativa, y pide habitación. Y el recepcionista, sin mirarlo apenas, dice:
“Lo siento, está todo ocupado.”
El hombre se marcha. Pero lo que ninguno sabía era que ese hombre era el dueño del edificio, el dueño del terreno, el dueño de la cadena de hoteles. El dueño y amo fue rechazado en su propia propiedad. Eso es el pesebre: El Propietario, dueño, amo, Señor y Juez del universo tuvo que nacer en la parte trasera porque “no había lugar”
“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”
Aquí la escena se vuelve íntima; No hay palacios. No hay lujos. No hay cuna real. Hay una cuna improvisada entre animales. El Creador del Universo, el que diseño todo el Cosmos y lo sostiene con Su Palabra, el que merece toda la adoración y gloria pidió posada… y fue rechazado.
Juan 1:11 “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”
Debido precisamente a ese censo, a ese empadronamiento, la posada estaba llena y no había sitio para María y José. Tuvo que venir a este mundo en medio de un pesebre. Un sitio no de gloria, sino de suciedad. Un sitio que no olía a reyes, sino a animales y a excrementos de ellos. El pesebre, el establo es la prueba: cuando Dios vino a nosotros, lo pusimos con los animales. El mundo no tenía espacio para ÉL, pero Dios estaba haciendo espacio para nosotros.
Hay una frase de CS Lewis:
“Hubo una vez en el mundo un pesebre, y en ese pesebre algo más grande que el mundo”
La luz del mundo nació en medio de la noche. El Creador nace entre animales. En un comedero para animales. Si recordamos la famosa estampa o figura del Belén echaremos en falta algo. No busquemos al buey ni al asno en la Escritura: no están ahí. Pero la tradición los coloca junto al pesebre como una crítica a Israel: el pueblo escogido que no reconoció a su Rey.
Isaías 1:3 lo dice con crudeza: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no entiende, mi pueblo no me conoce.”
El que sostiene el universo es sostenido por los brazos de una mujer joven. El que viste de gloria eterna es envuelto en pañales humanos.
DEL CIELO A LA TIERRA, PASANDO POR UN VIENTRE, UNA MATRIZ.
Aquel que merecía un trono. Aquel que hoy está a la Diestra de Dios con una corona de Rey de Reyes, es envuelto en pañales y en un pesebre. La Encarnación es el acontecimiento milagroso y misterioso más importante de la historia de la humanidad.
- No un Dios disfrazado: sino Dios verdaderamente humano.
- No un humano divinizado: sino el Dios verdadero encarnado.
Dios humanizándose. Dios hecho hombre. Eso, en teología, se conoce como la Unión Hipostática. Una persona, con 2 naturalezas.
En la encarnación, el Hijo eterno no dejó de ser Dios. Dios no se volvió hombre perdiendo Su divinidad, sino que el Hijo asumió plena humanidad sin dejar de ser lo que siempre fue: verdadero Dios y verdadero hombre en una sola Persona. Desde este momento, en Jesús hay una naturaleza divina y una humana. Jesús sigue siendo Dios verdadero y hombre verdadero hoy mismo. Su Divinidad no se quedó en el cielo cuando nació, ni Su Humanidad en la tumba cuando murió. Y todo para identificarse plenamente con nosotros y salvarnos completamente,
- Porque solo Dios puede salvar,
- Y solo un hombre puede representarnos.
En Jesús, Dios y hombre se unen perfectamente para traer la salvación perfecta.
Ilustración: Imagina a un Rey en su palacio real. Allí rodeado de lujo, majestad, autoridad, servidores, protocolo, gloria y honor. Todo en él respira realeza. Ahora imagina que ese rey decide, por voluntad propia, descender y ayudar a los jardineros del palacio. Pero en vez de ir con sus ropas reales —que se mancharían, se romperían o llamarían demasiado la atención—se pone el uniforme de jardinero: botas, guantes, mono de trabajo y hasta una máscara para fumigar. El rey no dejó de ser rey por vestirse así. Su identidad real no cambió. Su autoridad, su dignidad y su poder siguieron siendo los mismos. ¡Solo que ahora estaba vestido de manera que podía moverse entre los jardineros y trabajar con ellos!
Eso, con todas sus limitaciones como ilustración humana, nos ayuda a entender la unión hipostática: En la encarnación, Jesús no dejó de ser Dios. No renunció a Su realeza. No dejó Su trono vacío. Simplemente “vistió” humanidad. No perdió divinidad: añadió humanidad. Renunció temporalmente a la Gloria que tenía desde antes de la fundación del mundo, y se “humanizó.
Como el rey con uniforme de jardinero, seguía siendo lo que siempre fue, Dios eterno, pero asumió algo que antes no tenía, una naturaleza humana. Y, a diferencia de la ilustración, Jesús no lo hizo por un tiempo, sino para siempre. Hoy, en el trono del cielo, sigue siendo Dios verdadero y hombre verdadero, con dos naturalezas perfectas unidas en una sola Persona. Hermanos, Dios se ha acercado hasta nosotros. Ha venido a nosotros:
- Si estás cansado, abrumado, confundido o herido, ÉL está ahí.
- Venir a mi todos los cansados, y Yo os haré descansar
- Si tu vida se siente desordenada, rota o fuera de control, ÉL no se sorprende ni se aleja. ÉL está ahí
- Si sientes que nadie te comprende, ÉL te entiende porque Él mismo eligió vivir la debilidad humana.
Si Jesús vino al mundo donde no había lugar para ÉL, hoy viene a tu vida exactamente donde estás: con tu dolor, tu confusión y tu necesidad, para abrazarte, salvarte y darte esperanza.
“NO había sitio para ellos en el mesón”
La posada estaba llena, y nadie le cede, le deja un cuarto a una mujer encinta, a punto de dar a luz. ¡Qué vergüenza!. NO recibió ayuda, le cerraron la puerta. NO era un problema de falta de espacio, sino de falta de corazón. Esa es la imagen y el retrato puro del Evangelio. Una humanidad egoísta, llena de sí misma y que no tiene lugar ni sitio para Dios, y un Dios que se acerca. Que a pesar de todo, se entrega.
Imagina a Jesús, la Luz del mundo, llegando al pesebre: sin aplausos, sin multitudes, sin luces brillantes. Vulnerable, humilde, rechazado y rodeado de apestosos animales… el mundo no le hizo lugar. La Luz que podía transformar la historia pasó desapercibida. Ahora mira el alumbrado navideño de la Plaza Circular Murcia hace unos días con Richard Gere como protagonista, lleno de gente que colapsó toda la ciudad, todo abarrotado, emoción y selfies; un proyector de luz que alumbra un foco hasta 2 kilómetros de altura, iluminación, sonido, pantallas LEDs. Un espectáculo humano que dura unos días y que atrae todas las miradas. Millones de ojos se iluminan por algo pasajero, mientras la Luz verdadera fue ignorada. La pregunta es clara y personal: ¿qué luz estás siguiendo tú? ¿La que deslumbra por un instante, o la que ilumina tu corazón y transforma tu vida para siempre? Hoy, como entonces, Jesús sigue llamando: abre tu corazón a la verdadera Luz, aunque sea humilde y silenciosa, porque solo ella salva.
NO tenía sitio en aquella posada. ¿Tiene sitio en tu corazón?, ¿En tu vida?, ¿En tu día a día?, ¿Tiene sitio cuando tomas decisiones?
III.- UN DIOS QUE TRAE PAZ A LOS INDIGNOS (VV.8–15)
Cuando Martin Luther King habló de justicia, igualdad y libertad en su famoso “I Have a Dream”, en Washington, año 1963 ante más de 250.000 personas, los poderosos de Washington ni siquiera escuchaban; los que estaban en los palacios o despachos pensaban que nada cambiaría. Pero su mensaje alcanzó primero a los humildes, a los marginados, a los olvidados por la sociedad, y ellos fueron los que se pusieron de pie, se organizaron y comenzaron a transformar y revertir la situación. La fuerza del mensaje no estaba en la pompa ni en la autoridad de los poderosos, sino en la verdad que tocó directamente a los que nadie esperaba, los que la necesitaban más. De la misma manera, en Belén, la primera noticia del Salvador fue dada a pastores humildes y marginados, los que estaban lejos de templos, palacios y cortes, porque Dios elige a los pequeños para revelar lo más grande.
¿O no dice la Palabra que Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos, y lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es?
“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.”
Y ahora la escena se desplaza al campo. Allí los protagonistas son unos pastores; hombres considerados impuros, ignorantes, irrelevantes, socialmente despreciados. Unos «Don nadie».
El Evangelio llega primero a los humildes, a los sencillos, a los que nadie espera que sean parte de la historia de Dios.
Aquí tenemos:
- Al primer anunciador o evangelista, un Ángel del Señor
- Y a los primeros testigos u oyentes, unos menospreciados pastores que estaban a la intemperie en el campo de Belén, velando por sus ovejas, a unos 10 kilómetros de Jerusalén,
El Ángel del Señor:
- NO fue al Templo durante el día, sino a mitad del campo durante la noche.
- NO fue a los sacerdotes ni a los ancianos, sino a unos simples y despreciados pastores, a quienes Dios quiso anunciarles primeramente el nacimiento de Cristo.
Los pastores representan lo despreciado, lo impuro, lo olvidado. No son, precisamente , la élite de la sociedad. Y a ellos Dios envía ¡un ejército celestial
EL GRAN PASTOR DE LOS HOMBRES NACERÍA ENTRE PASTORES
La Gloria de Dios ilumina lo que el mundo considera insignificante. ¿Cuál es la reacción humana ante la Gloria de Dios? Hermanos, cuando la gloria de Dios irrumpe, el corazón humano no aplaude… se estremece. Y así lo registra Lucas:
“Y tuvieron gran temor.” (Lc. 2:9)
¿Por qué? Porque cuando la santidad de Dios rompe la noche, el ser humano se ve tal como realmente es: indigno, necesitado, pequeño, incapaz de mantenerse en pie ante lo que es puro y eterno. Sucio, pecador, desnudo y miserable.
Por eso los pastores reaccionaron con: pánico, miedo, temblor, pavor. Esa ha sido siempre la experiencia de quienes se topan con la gloria divina:
- Isaías: “¡Ay de mí! ¡Muerto soy!”
- Habacuc: “Mis entrañas se estremecieron…”
- Job: “Me aborrezco y me arrepiento…”
- Ezequiel: cayó rostro en tierra.
- Pedro: “Apártate de mí, porque soy hombre pecador.”
Lo que ellos sintieron… lo sintieron también los pastores. Porque la santidad de Dios desnuda el alma y revela nuestra absoluta pequeñez. Pero, hermanos, es el propio texto el que nos muestra lo que ocurre a continuación: En medio del temblor de los pastores, Dios no los deja en el miedo. La primera palabra que el cielo les dirige no es reproche, ni acusación, ni exigencia… Es una orden llena de compasión y autoridad:
El mensaje angelical es doble:
- “NO TEMÁIS” : Dios no viene a destruir pecadores, sino a salvarlos.“No, No. No es para Juicio, es para misericordia. Esta Venida es para, precisamente vuestra salvación, NO es para Ira. Es motivo de gozo, no de temor”
- “OS HA NACIDO… UN SALVADOR” : No un maestro, NO un filósofo, NO un revolucionario, NO un político, NO un ejemplo… ¡un Salvador!
Hermano, sal afuera, a la calle, haz una encuenta y pregunta a la gente quién o qué es Jesús para ellos. Segura, y tristemente, vas a escuchar muchas y diferentes respuestas, pero pocas que diga «Jesús es Dios encarnado, nuestro Señor y Salvador. El Sublime, el Único…»
«Os doy una señal. «
¿Y cuál es?, ¿Un trono en un inmenso palacio de mármol? ¿Un ejército desfilando con las calles adornadas con estandartes, con música y carros?, ¿Un protocolo imperial con trompetas, coronas de laurel, flores y todas las máximas autoridades en pie?, ¿Cuál es esa señal de la llegada del Señor?
En Belén, la ciudad de David, hay un pesebre, en ese pesebre hay un niño envuelto en pañales. Ese es el Señor. La señal del Rey de Reyes. NO es una manifestación de poder humano ni del lujo, sino una humillación voluntaria divina. Y de repente sucede algo, en medio de la más oscura noche, y con unos sencillos y humildes pastores como espectadores de lujo, aparece en escena la corte, el ejercito celestial, la guardia real del Altísimo
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz!”
Pero ¿Paz para quién?
- No para los perfectos.
- No para los que ya “tienen todo en orden”.
- No para los que se creen buenos, justos o merecedores.
- No para los que piensan que, por sus méritos, Dios les debe algo.
Paz para los que saben que no llegan. Paz para los necesitados. Paz para los que tropiezan. Paz para los que lloran por su pecado. Paz para los que, como aquellos pastores, viven humildemente en los márgenes, lejos del templo, lejos del reconocimiento, lejos del aplauso… pero cerca del quebranto, de la angustia y del dolor. Para ellos, paz.
La Navidad es el anuncio de que la paz desciende a pecadores que no la merecen. Esa es la verdadera Navidad: No la búsqueda del hombre alcanzando a Dios, sino el Rey del cielo y de la Gloria, dejando Su trono para entrar a un establo, buscar al pecador y transformarlo y reconciliarlo como hijo amado. NO es consumismo desenfrenado, viajes, ocio y muchos regalos materiales. Es el regalo del cielo, un Niño en un pesebre. Es la gloria del cielo hecha carne, es el Salvador acercándose a los que jamás podrían alcanzarlo.
- Si te sientes indigno, la Navidad es para ti.
- Si te sientes pecador, la Navidad es para ti.
- Si te sientes roto, la Navidad es para ti.
Pero, ¿Qué navidad? Lo que precisamente significa esa misma palabra que deriva de nativitas, «Nacimiento». ¿Qué nacimiento? El de ese Bebé que es Dios, nuestro Salvador, nuestra única esperanza
IV.- CONCLUSIÓN
“Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.”
«Pasemos y veamos…»
Hermanos, esa es la verdadera respuesta a la Navidad: Acercarse a Jesús, buscarlo, adorarlo y contarlo a otros. Hoy, Él sigue manifestándose: NO en un pesebre, sino en Su Palabra, en Su gracia, en Su Espíritu.
- Ese bebé creció y dejó ese pesebre
- Vivió, creció y se subió a una cruz en el Monte Calvario, muriendo en nuestro lugar.
- Pasó por un sepulcro, pero también lo dejó a los 3 días
- Luego salió por 40 días ante todos y ascendió. Subió al Padre, al trono de Rey y Señor.
- Y volverá… no como un niño en un pesebre, sino como el Rey cósmico, poderoso, como el Juez de vivos y muertos, para juzgar y traer justicia.
Hoy hay millones de luces de Navidad en plazas y calles… pero la Luz verdadera, la que cambia tu vida, nació ignorada en un oscuro y frío pesebre.”¿Vas a quedarte mirando desde lejos… o vas a ir a ÉL, y recibir al Salvador que cambia tu vida?
Lucas 2 no es solamente un relato bonito: es una cadena de profecías cumpliéndose al pie de la letra mientras Dios usa emperadores, ángeles, pastores y promesas antiguas para introducir al Salvador eterno en un pesebre. A tu Salvador, a tu Señor y a tu Dios. Padres, os hago una pregunta: ¿Darías a tu hijo para que muriera por alguien culpable? Alguien culpable del delito por el cual tu hijo va a ser clavado en una cruz. ¿Lo darías para salvar, no a tu amigo, sino a tu enemigo?, ¿Sabes qué? Dios nos dio a Su Hijo para que ÉL fuera clavado, y yo no fuera condenado. Y esa es la navidad.
“Pasemos y veamos”… esa debe ser nuestra decisión hoy con Jesús.

