Hermanos, hoy el mundo mira a Israel, Palestina, EEUU e Irán con ojos políticos y militares. Encendemos la televisión y sólo vemos imágenes de allí; lo encontramos en redes sociales, en la radio, en la prensa. Un pedazo de tierra de apenas 40 km de largo por 10 de ancho se ha convertido, trágicamente, en el epicentro del mundo. La Franja de Gaza es un poco más pequeña que Cartagena, pero con diez veces más población. Sería como si toda la Región de Murcia viviera apretada en Cartagena.
Israel, y en especial Jerusalén, fue el escenario donde el Cordero murió, donde la tumba se abrió y donde la Iglesia nació. Y será también el lugar donde el Rey regresará en gloria. Allí Satanás fue derrotado en la cruz, y allí pondrá Cristo Sus pies en victoria.
¿Os dais cuenta ahora de por qué Satanás trata de destruirla por todos los medios? Porque Jerusalén es el testimonio vivo de la fidelidad de Dios con Sus promesas. Aunque Israel está rodeado por 6 países árabes que suman casi 200 millones de enemigos que claman por su destrucción, Jerusalén NO será destruida, porque está escrito. Y sucederá exactamente como dice la Palabra de Dios, lo creas o no.
Antes de nada, quiero dejar fuera todo atisbo de sesgo político, y centrarme en lo que dice y enseña la Palabra de Dios. No somos ni de derechas, ni de izquierdas, somos ciudadanos del Reino de Dios. Y con esto quiero demostrar que la Biblia NO es un libro anticuado, viejo o pasado de moda, sino un libro actual. Un libro Eterno. Su Palabra NO pasará, No dejará de cumplirse.
Israel NO es un accidente geopolítico: es un espejo del mundo entero sin Cristo. Pablo, en Romanos, nos invita a mirar con ojos espirituales, con la visión de Dios y de la Biblia. El problema de Israel NO es solo político, NO es solo territorial o cultural, NO es simplemente un conflicto bélico: es un asunto teológico y escatológico. El endurecimiento de Israel NO es un accidente, es parte del plan soberano de Dios. Y en ese plan, Cristo es el centro, el clímax y el cumplimiento de las promesas, el mediador de paz y el Rey venidero.
Si abrimos Romanos 9 al 11, vemos que Pablo trata con dos grandes temas que en realidad son uno solo, o confluyen en uno: la Soberanía de Dios y el futuro de Israel.
- En Romanos 9, Pablo nos muestra la elección soberana de Israel en el pasado.
- En Romanos 10, vemos a Israel en el presente, con el clamor de Pablo: ‘Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios por Israel es para salvación.’
- Y en Romanos 11, se nos revela el futuro de Israel: ‘¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque yo también soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.’
Y es allí, a partir del versículo 25 del capítulo 11, donde encontramos una promesa que nos abre la ventana al final de la historia… vamos a leer hasta el final para ver todo el contexto.”
Romanos 11:25-32 NVI “Hermanos, quiero que entiendan este misterio para que NO se vuelvan presuntuosos. Parte de Israel se ha endurecido y así permanecerá hasta que haya entrado la totalidad de los judíos. De esta manera, todo Israel será salvo, tal como está escrito: «El Redentor vendrá de Sión y apartará de Jacob la impiedad. Y este es mi pacto con ellos cuando quite sus pecados». Con respecto al evangelio, los israelitas son enemigos de Dios para bien de ustedes; pero si tomamos en cuenta la elección, son amados de Dios por causa de los patriarcas, porque los regalos de Dios son irrevocables, como lo es también su llamamiento. De hecho, en otro tiempo ustedes fueron desobedientes a Dios; pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, han sido objeto de su misericordia. Así también estos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a ustedes, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.”
En base a estos versículos, he dividido en 3 puntos principales este sermón:
- El Misterio del endurecimiento
- La Promesa de Salvación
- El Príncipe que trae Paz
I.- EL MISTERIO DEL ENDURECIMIENTO (v. 25)
“Porque NO quiero, hermanos, que ignoréis este misterio (esta verdad antes oculta y no revelada): que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte (rechazo temporal, no definitivo. Dice en parte porque hay un remanente fiel que acepta a Jesús como el Mesías), hasta (confirma que es temporal, algo específico) que haya entrado la plenitud de los gentiles (hasta que la Iglesia, el pueblo gentil, sea completada en cuanto salvación).”
Piensa en un invernadero lleno de plantas. Mientras reciben la luz del sol, crecen verdes, fuertes, llenas de vida. Pero si alguien baja las persianas y bloquea la entrada de la luz, esas plantas no mueren de inmediato, sino poco a poco: se marchitan, se debilitan, se secan y finalmente mueren.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con Israel. No es que Dios haya destruido a Su pueblo terrenal escogido para siempre, sino que ha bajado la persiana de Su gracia común y los ha dejado en un tiempo de oscuridad espiritual. Pablo lo llama en Romanos 11:25 “un endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.
El sol sigue brillando y alumbrando. La gracia de Dios no se ha apagado en absoluto. Lo que pasa es que, por ahora, Israel NO la percibe, NO la disfruta. Está en sombra, en espera. Pero llegará el día en que Dios volverá a levantar la persiana, y la luz del Evangelio de Cristo iluminará de nuevo a todo Israel. Entonces, lo que ahora parece muerte dará paso a la vida: ‘todo Israel será salvo’ (v.26).
¿QUÉ PASA HOY CON ISRAEL?

Eran el pueblo más pequeño e insignificante, pero Dios los escogió y llamó por gracia, no por virtud o mérito alguno. Y así mismo fue contigo y conmigo, Dios te escogió, no por tí, sino a pesar de ti. Dios llama y escoge a Abraham. Establece un pacto con él. Un pacto eterno e incondicional. Significa que Dios lo va a cumplir sí o sí, y será con ellos:
- Descendencia numerosa
- Bendición universal
- Herencia de la tierra de Canaán, lo que hoy es Israel y Palestina
Descendencia de Abraham; el hijo escogido y prometido NO es Ismael, sino Isaac. Este a su vez tiene 2 hijos, pero Dios escoge a Jacob y no a Esaú. El mayor servirá al menor. Dios le cambia el nombre de Jacob por Israel, quien tiene 12 hijos, los patriarcas de las 12 tribus de Israel. De un hombre obediente, a una familia, a un pueblo y una nación.
Debido a una hambruna, y a la providencia de Dios quien se sirve de José, el número 2 tras Faraón, se trasladan a Egipto. Allí entran unas 70 personas, pero se multiplicaron considerablemente, haciéndose una nación numerosa. Allí, por medio de un nuevo Faraón son esclavizados más de 400 años. Dios, quien hizo un pacto con Abraham y es Fiel en cumplirlo, va al rescate y llama a Moisés para liberarlos. Tras las 10 plagas donde Dios demuestra su control, poder y soberanía, Faraón los deja marchar. Entraron a Egipto 70 personas, y salen unos 2 millones.
A pesar de liberarlos, de cuidarlos, guiarlos, y darles la ley y provisión diaria (Maná), vemos un pueblo rebelde, murmurador, idólatra, desobediente, desconfiado. Su incredulidad retrasó 40 años la promesa. Todos mueren en el desierto, y Dios levanta una nueva generación bajo un nuevo líder, Josué, y nuevamente cumple su promesa. Les da la tierra que prometió a Abraham. Allí tienen Canaan. Dios siempre cumple Su Palabra y Sus Promesas.
¿Qué hace Israel en la tierra prometida que Dios les acaba de dar? Pecar contra Dios, desobedecer y adorar a otros falsos dioses, desconfiar de ÉL. Pecado, juicio de Dios, claman a ÉL, y ÉL les envía un juez libertador. 12 veces se repitió esto durante más de 400 años. Podemos ver este patrón en el libro de Jueces.
No entendieron que Dios era su rey, que su llamado era ser diferente a las naciones, ser luz a las naciones para manifestar la gloria, la santidad y el poder de Dios, y que los demás vieran a Dios a través de ellos. Ellos tenían un llamado o comisión misionera. Debían ser el modelo para las demás naciones de la tierra, y fallaron.
“Queremos ser como las demás. Queremos nuestro rey”.
Pasaron de una perfecta teocracia a una imperfecta democracia. Dios les dio reyes; Saúl, David y Salomón. Tenían la tierra prometida, el Templo y los reyes, pero su corazón se alejó del Señor. Y Dios mandó continuamente profetas para que volvieran a ÉL, al Pacto. No solo ignoró los continuos y amorosos avisos, sino que perseguía y mataba a los profetas.
El rechazo a la voz de Dios era máximo, y vino la división del reino y el juicio. Fueron arrasados y deportados, primero Asiria y luego Babilonia. Pero incluso en el juicio, Dios preserva un remanente fiel, cumpliendo su promesa final. Les volvió a mandar profetas en el exilio, como Ezequiel, Daniel o Jeremías.
Nunca apartó Su Gracia, aún en medio del juicio merecido. Tras 400 años, y en medio de la expectación máxima, ya NO les habla en visión, sueño o, incluso, profeta. Ahora les envía al Amado, a Su Hijo, lo más valioso que tenía. ¿Qué hicieron con ÉL además de rechazarlo? Un juicio falso, y la muerte más horrenda jamás conocida en la historia. Lo crucificaron.
En la cruz, el salvador pide e intercede por ellos “¡Padre, perdónalos, NO saben lo que hacen!”, y ellos contestan “¡Sea su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” Pedro en Pentecostés les tiende la mano con el Evangelio, luego Pablo… lo rechazan, los persiguen, los azotan y encarcelan.
La 1ª Iglesia surge en Jerusalén, y se abren a los gentiles, a los no judíos, por el continuo rechazo de estos. Recibieron el llamado, la Ley, pactos, los mayores milagros, Maná, tabernáculo, profetas, allí nació la gloriosa Iglesia… Todo lo recibieron, y todo lo rechazaron. Incluso rechazaron al Mesías, al Cristo, al Salvador que estaba profetizado y prometido. Era su única salvación. La gracia máxima ofrecida tuvo como respuesta la rebelión máxima y final.
Hermanos, si Jesús NO te sirve, NO te vale, Dios ya NO tiene nada más para ti, salvo Su temible ira, su Juicio y su Furia desatada. Si rechazas a Cristo, no esperes un plan B: solo queda la ira de Dios.
- Cristo o condenación eterna.
- O te humillas bajo la cruz, o serás humillado en el tribunal.
Decide: O Cristo, o juicio. O la cruz, o el tribunal. Y eso ha hecho Dios con Israel. Por rechazarlo, ha sido endurecido, cegado espiritualmente y está apartado y reprobado actualmente.
Ellos creen que es su derecho divino poseer la tierra, pero NO pueden tomarla porque Dios no les da la tierra a menos que se alejan del pecado y abracen al Mesías.. Y como están reprobados, actúan así, como actúan los excluidos o apartados de Dios. ¿Vosotros creéis que la nación de Israel hoy está dando testimonio de ser el pueblo del pacto? En absoluto.
Dios ha levantado Su Mano de Gracia Común que los cuidaba, que frenaba su maldad, y los ha dejado a merced de su depravación, y lo que vemos es el resultado y la consecuencia de ello:
- Rechazo a Jesús, el Mesías, el Salvador. Están cegados hasta el punto que en el calendario de lectura pública de las sinagogas cuando leen Isaías 52, pasan después al capítulo 54, y dejan el 53. Si lo has leído alguna vez sabrás por qué
- Y siglos de orgullo, guerra, lágrimas y sangre. Mucha sangre.
“Vale, ¿NO queréis saber nada del Evangelio y del Salvador, del Príncipe de Paz? Pues adelante, os dejo a vosotros”
Ese es el mayor juicio terrible hermano en la vida, que Dios levante Su Mano que está sobre nosotros, y nos deje a nuestra merced, a nuestra libertad. Dios ha permitido y tolerado el endurecimiento parcial y temporal de Israel, para que el evangelio llegue ampliamente a las naciones. Terminada esa etapa, la etapa de la Iglesia, Dios volverá su atención a la conversión nacional de Israel. Cuando Dios retira Su Gracia común, Su Mano cuidadora, no queda freno: el hombre se hunde en su propia corrupción.
El peor juicio NO es fuego del cielo, sino que Dios te deje seguir tu propio corazón, engañoso y perverso, más que todas las cosas dice el profeta Jeremías. Dios entrega al hombre a lo que ama, a lo que quiere, a sus pasiones y deseos… y eso lo destruye por completo. El infierno comienza cuando Dios dice al hombre: “Adelante, hágase tu voluntad”.
Si despreciamos y resistimos la luz, Dios puede retirarla por completo. Israel tuvo la máxima luz y la rechazó. Y cuando la luz es despreciada, Dios puede retirarla, y lo único que queda es oscuridad.
El Templo de Jerusalén fue arrasado y destruido en el año 70 d.C. Israel fue dispersado por el mundo durante siglos, y han vivido persecuciones y sufrimientos sin precedentes, como nunca nadie jamás en la historia. Hoy nosotros tenemos más luz que nunca: toda la Escritura, toda la revelación de Cristo, toda la predicación del Evangelio. Más de 2.000 años de historia de la Iglesia Si resistimos y rechazamos a Cristo, Dios puede hacer con nosotros lo que hizo con Israel: levantar Su mano de gracia y dejarnos a nuestra merced. El mismo Dios que cegó a Israel puede levantar Su Mano de gracia de nosotros. Y Pablo lo explica en Romanos 1…”
«A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo tanto, Dios los entregó a los malos deseos de su corazón, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén. Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De la misma manera, los hombres dejaron sus relaciones naturales con las mujeres y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Cometieron actos indecentes con otros hombres y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, ÉL los entregó a su depravada mente, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de injusticia, maldad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y perversidades. Son murmuradores, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes. Se ingenian maldades, se rebelan contra sus padres, son insensatos, desleales, insensibles y despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte. Sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican.»
Lo mismo sucede con cada pecador: si desprecias a Cristo, Dios levanta Su Mano de Gracia, y quedas entregado a tu pecado, tu dureza, tu ruina. Si hoy rechazas al Salvador, mañana cosecharás la ira. Israel es espejo de toda nación y de todo pecador. Si no recibes a Cristo, te quedará el tribunal, el solemne juicio. El centro del plan no es Israel, no son los gentiles, no es Roma, no es Jerusalén, NO es Palestina ni la Franja. El centro es Jesucristo, el Príncipe de Paz.
Si Dios entregó a Israel y puede entregarnos a nosotros, la única esperanza está en correr y abrazar con fe a Cristo hoy. Hoy, ahora es día de gracia y salvación. Donde el hombre rechaza, Dios todavía ofrece: Su Hijo, Su cruz, Su perdón.”
La historia de la humanidad es la historia del hombre infiel que huye, pero del Dios Fiel que busca, que llama, que abre sus brazos continuamente, que extiende la mano, que a pesar de ser el ofendido, el agredido y el dañado, ofrece perdón, reconciliación y paz. Cuando Dios levanta Su mano de gracia, el hombre cae en su propia ruina. Cuando Dios extiende Su mano de misericordia, el pecador encuentra salvación. Y esto nos lleva al siguiente punto.
II.- LA PROMESA DE SALVACIÓN (v. 26)
“Y luego (después de, en el programa o plan de Dios) todo Israel será salvo (el remanente por gracia, que será purificado tras la prueba y habrá una conversión en masa), como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad (Pablo cita Isaías 59:20).”
Está diciendo que un Redentor, un Salvador, un Libertador llegará a Jerusalén para quitar el mal y traer libertad y paz. No se trata de Donald Trump, Netanyahu o cualquier rey terrenal; se trata del Rey de reyes que gobierna sobre el universo.
Imagino que todos habéis visto la película El Rey León, cuando el reino de Simba cae en decadencia ya que el rey legítimo se aleja y la tierra se queda sin liderazgo. Todo parece perdido: los campos se secan, los animales sufren, y la vida se apaga y marchita. Es todo un caos. Sin embargo, cuando Simba regresa y asume su lugar, la tierra se restaura, la vida vuelve y el orden se restablece.
Así está Israel hoy: Un “reino” bajo sombra espiritual, endurecido parcialmente, aparentemente apartado.
Romanos 11:26 nos asegura que llegará el momento en que Cristo, el verdadero Libertador, el Perfecto, único y suficiente Redentor y Salvador vendrá “de Sión” y apartará la impiedad de Jacob, es decir, de Israel. Lo que hoy parece decadencia y rechazo será restauración y vida.
Dios tiene un propósito para con Israel, pero eso NO significa que todo lo que haga es justificable y bueno, NO. Es precisamente lo opuesto, lo contrario. Hoy, como dijimos, están reprobados por Dios. Han endurecido su corazón, y cuando rechazas y vas en contra de Cristo…viene el juicio de Dios. Y Dios quiere causar celo en ellos para que vuelvan, pero hoy están en una situación horrenda, nefasta, y eso se traduce en los hechos que hacen. Pero el desarrollo del mundo parece ir, paso a paso, según las instrucciones del Guionista de la historia, y preparando el escenario del Plan y el Propósito de Dios.
¿QUÉ SUCEDERÁ CON ISRAEL?

Entre el versículo 25, que nos muestra el rechazo, y el 26, que nos muestra la esperanza, la promesa de salvación, Dios tiene un plan perfecto que no falla.
Cuando hay un Tsunami, como el que hubo en 2004 en el Océano Índico, hay señales previas: los animales tienen un comportamiento extraño o incluso abandonan el lugar, el nivel del agua desciende varios metros incluso. La Biblia nos deja señales en el capítulo 24 de Mateo, que se conoce como “dolores de parto”, que son como las dolorosas contracciones antes del parto, y que cada vez crece más en intensidad y en frecuencia.
Para Israel, estas señales incluyen guerras, persecuciones, crisis e inestabilidades políticas y espirituales que van a intensificarse antes de la venida del Mesías. Hambre y escasez, terremotos y desastres naturales, epidemias, decadencia moral, persecución a los creyentes, predicación del evangelio y apostasía. Y todo esto nos lo confirman los periódicos y las noticias de hoy día. Inmediatamente, seguido a esas señales, ¿Que sucederá a continuación?
En un abrir y cerrar de ojos, de forma fugaz, el cielo recogerá a los suyos, a los redimidos… y lo que queda abajo solo conocerá desolación y terror. La Iglesia, los que han puesto su fe en Cristo, será arrebatada, será trasladada y llevada al cielo de forma inminente, fugaz y repentina, y todo lo que queda abajo es el mundo sumido en la más absoluta oscuridad. Si nosotros, la iglesia, somos la Luz del mundo, y ésta es quitada del mundo, abajo en la tierra solo quedarán tinieblas y oscuridad, un mundo a oscuras. Y allí estará, por supuesto, Israel. Dios saca a la Iglesia redimida, a los cristianos, y desata Su Ira contra el mundo, y el epicentro de Su Ira es Israel. El escenario que vemos hoy en Israel NO tiene nada que ver con lo que acontecerá. Esto es solo un preludio, un breve trailer, una pequeña chispa de llama en comparación con el fuego que se desatará durante 7 años. Todo el mal, todo el propósito satánico estará en su máximo esplendor
Durante la Gran Tribulación, sufrirá y padecerá lo inimaginable, y allí NO habrá diplomacia con EEUU o D. Trump, ejército, tratados o acuerdos de paz ni estrategia humana que pueda enfrentar el poder del Juez de toda la tierra.
- Guerras devastadoras: ataques de enemigos y conflictos. Se convertirán en el foco de las naciones. Ello refleja el choque entre Satanás y el Plan de Dios.
- Habrá un acuerdo internacional de paz para con ellos por medio de un líder mundial (instrumento de Satanás). Ese acuerdo se romperá a mitad, y vendrá lo peor
- Persecución y presión internacional: serán despreciados y atacados por naciones que los odian, como nunca antes.
- Hambre y escasez: crisis alimentarias y limitación de recursos.
- Desastres naturales y destrucción física: devastación de ciudades y territorios.
Este juicio a Israel tiene un propósito pedagógico, formativo y redentor para ellos, es decir, para purificar, despertar y hacer volver su corazón hacia Dios.Ya pasó en el desierto. Ya pasó con los jueces, y ya pasó con el exilio de Babilonia.
Así como el oro se purifica en el fuego, Israel será probado en el horno de la Tribulación; cada golpe, cada guerra, cada plaga, será una llama que refina su fe para recibir a Cristo. Muchos de ellos, se llenarán de celos al ver que efectivamente Jesús, su Mesías era realmente el Señor, el Cristo, el Juez, y llorarán, se lamentarán profundamente en medio de esos terribles juicios.
El dolor NO destruirá a Israel; lo despierta y lo prepara para Su Libertador. En este momento abrirán sus ojos, y llorarán por haberlo rechazado, por no haberlo reconocido antes, por cada oportunidad perdida. Sus lágrimas serán mezcla de dolor, culpa y reconocimiento
Sus rodillas se doblarán, sus corazones se humillarán; llorarán por cada oportunidad perdida y reconocerán al Rey que siempre estuvo allí, de la misma manera que un hijo que se rebeló contra su madre, que la ignoró, que se burló de su amor, y de repente la pierde para siempre. Ese llanto será mezcla de dolor, culpa y arrepentimiento profundo
Y aquí hay 2 profecías, escritas 600 y 700 años antes de Jesús, que me vienen a la cabeza y es imposible pasarlas por alto
Isaías 53:1-3 “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de ÉL, y como raíz de tierra seca; NO hay parecer en ÉL, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de ÉL el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”
«¡NO creímos!», ¡ÉL estuvo aquí, anduvo entre nosotros, y NO creímos!, ¡Le rechazamos a pesar de todo, a pesar de las escrituras, a pesar de lo que hacía y decía de sí mismo!, ¡Dios nos mandó a SU Hijo, al Salvador y nosotros no sólo no le creímos, sino que le rechazamos y nos opusimos abierta y fuertemente a ÉL, ¡Le vimos inútil, inservible, sin apariencia, como un mero galileo más, NO nos imaginábamos que ÉL era y es realmente el Cristo!, ¡NO lo vimos, NO supimos verlo, NO lo estimamos, escondimos el rostro de ÉL, creíamos que era uno más, y resulta que es el Gran Dios y Salvador, quien se entregó y murió por nosotros, cuando merecíamos justo lo contrario»!
Zacarías 12:10b “ (…) Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán sobre él como se llora por hijo unigénito”
Reconocerán a Aquel a quien un día traspasaron en una cruz, y se arrepentirán en gran pesar y llanto. El mismo pueblo que dijo ‘¡sea su sangre sobre nosotros!’ ahora llorará, roto, arrepentido y lleno de asombro ante Cristo… Tras los 7 años de Tribulación, Israel reconocerá al Mesías, su endurecimiento y ceguera terminará, y la nación experimentará la salvación prometida.
La Promesa dada a Abraham en Génesis 12, hace 4.000 años, NO se rompe, NO caduca, NO prescribe para Dios NO. Pero si rechazas a Jesús, solo enfrentarás la Ira de Dios. NO ignoremos las señales de Dios, NO endurezcamos nuestro corazón, y NO demos la espalda al Salvador. Si Dios puede restaurar a toda una nación, y de seguro que lo hará, también puede restaurar tu vida, tu familia y tu iglesia. La oscuridad NO triunfa sobre la Luz; Cristo vendrá a restaurarlo todo.
III.- EL PRÍNCIPE QUE TRAE PAZ (v. 27)
RV1960 “Y este será mi pacto con ellos (Jeremías 31:31-34), cuando YO quite sus pecados.”
NVI: “Y por el pacto que hice con ellos, perdonaré sus pecados.”
Jeremías 31:31–34 “(…) haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres (…) Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
Hubo un hombre atrapado en el pecado más profundo, cargando culpa, desesperación y errores que parecían imposibles de perdonar. Se enriqueció traficando con personas, con vidas humanas, con esclavos. Nada ni nadie podía liberarlo… hasta que encontró a Cristo. Su vida fue transformada, su corazón restaurado, y pasó de la oscuridad a la luz.
Romanos 11:27 promete algo aún más grande: Dios quitará los pecados de Israel y traerá reconciliación y vida. La cruz no es solo historia, es tu oportunidad de perdón hoy. Y el hombre que recibió esta transformación, que inspiró al mundo con su historia y escribió el himno más famoso de la historia sobre la gracia de Dios… se llama John Newton, autor de Amazing Grace. Recuerdo esa canción en el funeral de mi hermana como si fuera ayer.
Romanos 11:27 lo dice con claridad:
“Este es mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.”
¿Te das cuenta del problema? NO se trata de un conflicto territorial, político o histórico. Se trata de un problema espiritual. El mayor conflicto no es Israel–Palestina, sino nosotros contra Dios por nuestros pecados que nos aparta, aleja de Dios y nos lleva al Juicio frente a ÉL. Dios mismo promete quitar el pecado de Israel, no por negociación ni tratados internacionales ni acuerdos o alianzas políticas, sino por la sangre del Mesías. No es paz política, es paz espiritual. NO se trata de la OTAN, de la ONU, EEUU, Europa …
¿CÓMO VA A QUITAR SUS PECADOS?

Solo hay una respuesta: Cristo y la Cruz. La cruz no es un símbolo ni un ritual; es el acto soberano del Cordero que quita el pecado del mundo. Allí se cumplió el pacto eterno: la sangre derramada es suficiente para borrar toda culpa, toda transgresión, todo juicio que merecíamos.
ÉL NO negocia, NO hace concesiones, indultos o amnistías; ÉL directamente paga el precio que nosotros nunca pudimos pagar. La verdadera paz no se firma en un papel ni se anuncia en la ONU; se recibe de rodillas ante Cristo, el Príncipe de Paz, que murió y resucitó por ti. Cristo ofrece paz con Dios hoy, y un Reino de paz futura.
El mundo mira a Israel y Palestina con desesperanza. Pero la Escritura nos muestra otra perspectiva:
- El endurecimiento es temporal.
- La promesa de salvación es segura.
- La paz definitiva vendrá en el Príncipe de Paz.
Cristo cumple las promesas. Cristo salvará a Israel. Cristo te puede salvar a ti hoy.
- NO hay otra paz
- NO hay otro camino
- NO hay otra esperanza.
La paz verdadera viene de la tumba vacía en Jerusalén. Hoy, la decisión es tuya: aceptar al Salvador o seguir en guerra con Dios. Hoy puedes reconciliarte con Dios. Ríndete al Príncipe de Paz. Solo en ÉL tendrás perdón, vida y esperanza eterna.
Leemos en Números 6:24-26:
“Jehová te bendiga y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”
¿Sabes por qué esto es posible? Porque alguien vivió lo opuesto, sufrió la antítesis total de la bendición. Él cargó sobre Sí la maldición que nosotros merecíamos: abandono, juicio, separación y oscuridad.
Así es la maldición que Cristo padeció:
“Jehová te maldiga y te abandone; Jehová oculte su rostro de ti, y no tenga compasión; Jehová retire Su presencia y Su paz de tu vida.”
Él lo soportó por ti y por mí. Cada golpe, cada desprecio, cada lágrima en la cruz fue para que hoy nosotros podamos recibir la bendición que solo Él merecía: favor, misericordia, paz y vida eterna.

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