El domingo pasado vimos el primer eslabón de esta preciosa, gloriosa y bendita cadena dorada que es el TULIP, y se inició con la parte que tal vez más le incomoda al hombre natural, que por naturaleza es orgulloso, la incapacidad y depravidad total y radical. Es elemental y fundamental conocer esa doctrina, porque si se falla en ella se falla en todo lo demás. Y caemos en suposiciones y filosofías humanas, como es el caso del arminianismo. El tema que corresponde hoy, el segundo eslabón, es un tema controversial, polémico y que supone un escándalo en la mente humana natural. Te lanzo una pregunta, que espero responder a lo largo de la predicación de hoy: ¿Quién eligió a quién?, ¿Tú elegiste a Dios o Dios te eligió a ti?
Imagina que una joven pareja entra a un orfanato donde hay decenas de niños. Algunos sanos, otros enfermos, otros marcados por traumas. Ellos No eligen al «más simpático» ni al «más fuerte». Eligen amar soberanamente a uno, dándole apellido, herencia y vida nueva. El niño no hizo nada para merecerlo. Fue una decisión entera de la pareja que ha adoptado.
Aunque la Biblia en sí está impregnada de la doctrina de la Elección soberana, y tenemos versículos en el Evangelio de Juan 6 o Juan 15, en Efesios 1, en Hechos 13, 2ª Timoteo o ambas cartas a los Tesalonicenses, he decidido utilizar Romanos capítulo 9 porque va a dar respuesta a la doctrina en sí, y a objeciones o refutaciones que se usan en contra de ella. Es como si Pablo estuviera frente a ellos, a los que se oponen, y a modo de diálogo imaginario contesta a ellos.
Hermanos NO es una doctrina de J. Edwards, Lutero, Calvino o de Agustín. Está en la Biblia, lo escribió el Apóstol Pablo, entre otros. Romanos, escrita por el Apóstol Pablo mientras finaliza su tercer viaje misionero, alrededor del año 57-58 dC, con el propósito de desarrollar su doctrina, su fe, su teología sistemática antes de ir a ellos y, por fin, conocerlos. Tras haber tocado la cumbre al final de Romanos 8, ahora en los capítulos 9-11, Pablo expone el plan final y soberano de Dios, y la responsabilidad del hombre
Romanos 8:29-30 “Porque a los que antes conoció (se refiere a un determinado grupo de personas que amó de antemano), también los predestinó (les marcó un destino fijo, de antemano) para (propósito) que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (imagen perfecta en gloria), para que ÉL sea el primogénito (el 1º en rango, en importancia) entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó (llamamiento eficaz de Dios); y a los que llamó, a estos también justificó (los declaró o consideró justos) ; y a los que justificó, a estos también glorificó (los revistió de gloria).”
En la eternidad pasada los conoció, los amó de antemano y los predestinó, es decir, fijó su destino. En el tiempo, los llamó eficazmente y justificó, es decir, los declaró justos. Y en la eternidad futura serán glorificados. Es un plan certero y seguro. Un plan cerrado. Fíjate que son el mismo grupo, el número exacto, ni uno más y ni uno menos. Aquí nos topamos con uno de los misterios más humillantes y, a la vez, gloriosos: LA ELECCIÓN INCONDICIONAL. Debemos tratar con cuidado, con amor, con seriedad y con mucha humildad, ya que es una doctrina que alberga cierto misterio y nos sobrepasa. Voy a pasar a los versículos que voy a tratar de exponer.
Romanos 9:10–16 “Y no sólo esto (viene de los versículos atrás, No solo Isaac sobre Ismael) , sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (Pablo dice que ambos, Jacob y Esaú tenían mismos progenitores) (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal (quiere recalcar que fue antes de cualquier obra humana), para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama (es una elección del Soberano Dios y NO está condicionada por nada del hombre), se le dijo: El mayor servirá al menor (invierte los papeles para demostrar que ÉL hace lo que quiere, como quiere, cuando quiere y con quien quiere). Como está escrito: A Jacob amé (he escogido), mas a Esaú aborrecí (no lo he escogido). (Y ahora vienen las manos en la cabeza y las objeciones a Dios) ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera (ni se te ocurra pensarlo). Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca (me inclinaré y me compadecerá del que Yo quiera). Así que (conclusión) NO depende del que quiere, ni del que corre (NO depende del deseo humano, ni tampoco del esfuerzo), sino de Dios que tiene misericordia. (ÉL es la causa única, por el puro afecto de Su Voluntad)«
Me encanta Pablo. Amo a Pablo. Tiene que hablar de la Justificación por la fe sola en Romanos 4 o en Gálatas 3, y coge un ejemplo, ¿Cuál? Abraham. Ahora tiene que hablar de la difícil doctrina de la elección soberana y toma un ejemplo, ¿Cuál? Abraham y sus descendientes. Para un judío NO era ejemplo cualquiera.
El Decreto de Elección es el es escogimiento libre y soberano de Dios, en la eternidad pasada, para poner Su Amor en ciertos individuos y sobre la base de nada en ellos mismos, sino en el soberano beneplácito de Su Voluntad, para escogerlos para ser salvos del pecado y de la condenación, para ser adoptados en Su familia y para heredar las bendiciones de la vida eterna a través de la Obra de Cristo. Es soberano, incondicional (no depende de nada nuestro), y es en la eternidad pasada. ÉL contempla la masa de la humanidad caída, y decreta salvar a algunos de esos pecadores que merecían juicio y su ira.
Como cristiano no puedes decir que no crees en la elección, puesto que es una doctrina bíblica y debes de afrontarla. Desde el inicio vemos a un Dios Soberano que escoge:
- La ciudad de Ur tenía muchos habitantes pero Dios escogió a Abraham
- Había muchos hebreos en Egipto, Dios escogió a Moisés para libertar a Su pueblo
- Abraham tuvo 2 hijos, Isaac e Ismael pero escogido fue Isaac.
- Isaac tuvo dos hijos también, Jacob y Esaú, pero he escogido fue Jacob.
- Jacob tuvo 12 hijos, pero Dios escogió a Judá como la tribu de donde vendría el linaje real y mesiánico
- De entre todas las mujeres jóvenes de Israel, Dios escogió a María para ser la madre del Salvador.
- Jesús tenía muchos discípulos, pero escogió a 12 de manera especial para ser apóstoles.
- Aunque había muchos fariseos, Jesús escogió a Saulo de Tarso (Pablo), un perseguidor, para ser el apóstol a los gentiles
He dividido este sermón, basado en Romanos 9:10-16, en 3 puntos:
- La Elección es Soberana, desde antes
- La Elección es por amor, no por mérito
- La Elección es Justa e irreprochable
I.- LA ELECCIÓN ES SOBERANA, DESDE ANTES
Hay una película muy buena de Steven Spielberg llamada “Salvar al Soldado Ryan” del año 1998. En ella un escuadrón militar recibe la misión de arriesgar sus vidas para rescatar a un solo soldado (Ryan) y llevarlo de vuelta a casa, con su madre. La orden viene desde lo más alto del mando militar, y NO depende de Ryan ni de lo que él haya hecho.
- Ryan no pidió ser rescatado.
- Ryan no “merecía” más que otros soldados.
- El rescate se decide soberanamente, desde arriba, y se ejecuta con sacrificio.
Ryan NO fue rescatado porque lo merecía, sino porque alguien, con autoridad soberana, decidió salvarlo. Así es la elección de Dios: no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. El corazón humano quiere, desea y anhela ser el autor y protagonista de su salvación; pero Romanos 9 es una gloriosa losa a eso, y nos recuerda que sólo Dios escribe la historia de la redención, de principio hasta el final. En el mundo, casi todo se consigue por méritos: estudios, esfuerzo, capacidades, trabajo o dinero. Pero en la salvación, todo funciona al revés: NO eres salvo por lo que haces, sino por lo que Dios decidió en su soberanía antes de que nacieras.
Eso es la ELECCIÓN INCONDICIONAL: una elección que NO depende en absoluto de ti, sino del amor eterno de Dios. El rescate planeado de Ryan costó vidas, que quedaron en el camino. El rescate soberano nuestro, costó la vida de Cristo en la cruz. NO olvidemos eso.
Romanos 9:10-11 “Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama)”
¿Qué es lo que vemos aquí? Una misma familia, mismos progenitores, un mismo hogar, mismo vientre materno, pues eran mellizos. Y dos destinos muy diferentes por el designio y el beneplácito de Dios. Punto. La elección antes de nacer, antes de actuar. Dios, desde antes de que nacieran, desde antes que pudieran hacer algo, antes que pudieran obrar bien o mal, declaró que daría Su Gracia y Amor benevolente a uno, y no al otro. El propósito de Dios: no por obras, sino por gracia. En los versículos anteriores ha estado hablando de los hijos de Abraham, para dejar claro que Dios escogió a Isaac y NO a Ismael, como fuente de la Promesa. Ahora hace lo propio con los hijos de Isaac, es decir, los nietos de Abraham; Jacob y Esaú. Rebeca concibe de Isaac y, antes de que Jacob y Esaú hagan bien o mal, antes que pudiera decidir algo, Dios sí que decide que “el mayor servirá al menor”. La elección no depende de la previsión de obras, sino del plan eterno de Dios. Con lo fácil y claro que es entenderlo, y lo que le cuesta al hombre, a la carne entenderlo. Pablo cita el caso de Jacob y Esaú para dejar bien claro que antes de que nacieran, antes de hacer bien o mal, Dios eligió al menor sobre el mayor, y NO fue por previsión de obras ni méritos, sino por el puro propósito de Dios.

El criterio no está en el hombre, está en la soberanía divina. Sé que lo he repetido varias veces en pocos minutos, pero es necesario debido a una visión popular que abunda en las iglesias, y que incluso yo mismo abracé y creí por un tiempo. Esta visión popular ha distorsionado por completo esta doctrina, y se llama o conoce LA ELECCIÓN POR PRESCIENCIA. Significa que Dios escoge porque sabía que ÉL sería escogido. Es decir, Dios, de alguna manera, es un espectador de lujo que mira por los pasillos del tiempo y sabe quién le escogerá, quien abrazará por fe a Cristo y quien rechazará, y en base a ello, ÉL los predestina o no. En definitiva, Dios escoge, porque nosotros lo elegiremos. En realidad, los que escogemos somos, o seríamos nosotros. Es una elección de Dios, condicionada a la del hombre. El hombre escoge, elige y Dios lo ratifica o confirma. La Biblia enseña cualquier cosa menos eso. Si Dios mira al futuro, se entera de las cosas, y entonces actúa y elige. ¿Dónde queda entonces la Omnisciencia y la Soberanía de Dios?
Juan 15: 16a “No me elegisteis vosotros a mí, sino que Yo os elegí a vosotros,…”
Más que explicar la doctrina de la elección, la rechaza, la niega, le arrebata la soberanía a Dios. La salvación es del Señor (Sal. 3:8 o Jon.2:9), de principio a fin, para que nadie se glorie. ¿De verdad crees que tienes mérito alguno en tu salvació ? NO somos elegidos porque tenemos o tendremos fe, si no para tener esa fe. La fe es resultado y consecuencia de que ha sido elegido y escogido por Dios.
“Nadie, ninguno, absolutamente nadie puede venir a Mí, si el Padre que me envió no le trajere (…)”
No hay nada en mí que me hiciera más digno de ser salvo que mi vecino incrédulo, ateo, agnóstico y blasfemo. Si hoy estamos en Cristo, es porque Dios decidió amarme cuando no lo merecía.
Esto nos mata el orgullo espiritual y nos hace exclamar: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. Algunos pueden objetar y decir que eso crea orgullo y elitismo espiritual. NO. La elección no me hace orgulloso, me hace humilde: NO estoy aquí por mí, sino por ÉL. Orgulloso sería que yo fuera un 0,01 partícipe de mi propia salvación. Nuestra seguridad NO descansa en nuestras obras, sino en el hecho de que Dios nos eligió desde antes de la fundación del mundo. Esto debe darnos humildad (no fue por nosotros) y confianza (no puede ser deshecho ni destruído). Nos debe llevar, por tanto, a descansar, humillarnos a ÉL y confiar.
II.- LA ELECCIÓN ES POR AMOR, NO POR MÉRITO
Ilustración: Imagina que 2 pacientes extremadamente graves llegan al hospital. Ambos están igual, y el médico, por limitaciones de tiempo o recursos, decide atender primero a uno y salvarle la vida. El otro muere. NO le daba tiempo a valorar debido a la extrema gravedad de ambos. Ellos estaban igual de mal, pero la elección de a quién salvar fue única y exclusivamente del médico.
Romanos 9:12-13 “Se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.”
Dios cita a Malaquías 1:2-3 para mostrar que Su elección no es un accidente histórico, sino un plan eterno. Dice “Se le dijo”. NO fue una elección o una deducción de su madre Rebeca, o incluso opinión del autor de la carta, Pablo. Fue el propio Dios quien hizo esta elección. El mayor servirá al menor: inversión de la lógica humana. Lo normal en la mente humana es que el mayor es servido por el menor. Pero aquí Dios trastoca la lógica humana para mostrar que ÉL gobierna la historia y no las tradiciones humanas. NO lo eligió porque era amable, NO. Es más, Jacob fue mentiroso, tramó y orquestó planes con engaños. Pero Dios decidió amarlo. Jacob no fue amado porque era santo, ya has visto que era tramposo, engañoso y débil, fue hecho santo porque fue amado. Así también Cristo nos amó ‘cuando éramos aún pecadores”. Con la palabra aborrecí, hay que tener cuidado porque muchos malinterpretan. NO es odio caprichoso emocional o temperamental. Es simplemente que Dios deja que Esaú reciba lo que Esaú merece. Y eso se llama justicia.
Hay una corriente que se escucha constantemente, y que demoniza injustamente esta doctrina. Se llama DOBLE PREDESTINACIÓN. Al igual que hay una elección, hay también una reprobación, que es la otra cara de la moneda, y aquí tenemos que ser sumamente cuidadosos para NO caer en el hipercalvinismo del que se nos acusa porque tiene más mentira que verdad. La elección y la reprobación no son simétricas, y Dios no actúa igual ni es tan activo con los reprobados como lo es con los elegidos. Con unos, Dios es activo, e interviene activamente para darles vida, arrepentimiento y fe (Jn. 6:44, Ef. 2:1-5). Pero con otros NO es activo para darles muerte y condenación, puesto que ya lo están. Simplemente Dios es permisivo y los deja en ese estado de pecado no dándoles gracia. Dicho de otro modo, no les da ni infunde maldad ni rechazo.
Piensa en una fábrica, una cinta transportadora donde van pasando continuamente productos manchados, dañados, inservibles. Ninguno sirve para el propósito para el cual fue creado. Se han estropeado solos. Pero el trabajador decide tomar algunos, limpiarlos, repararlos y darles nueva vida. Eso es elección. Los demás productos siguen su curso natural, tal como están, hasta el final, están sucios, inservibles, rotos, dañados y con defecto: eso es reprobación. No porque el Obrero los haya dañado, sino porque así entraron en la cinta.

Cuidado para no caer en el llamado hipercalvinismo extremo, aunque yo prefiero llamarlo anti calvinismo, pues Dios no crea ni predestina a nadie para condenación. Ellos son condenados por sus pecados, son dejados en la corrupción y miseria que ellos mismos se han lanzado. Él, en su gracia, elige salvar a algunos. La elección no excluye a nadie, es nuestra naturaleza depravada, el pecado y su sentencia lo que los excluye . No servimos y adoramos a un Dios caprichoso que crea para condenar, sino un Dios soberano y amoroso que salva a muchos que estaban ya condenados.
Si Dios nos eligió, no es porque fuésemos los mejores, sino porque quiso amarnos. Nosotros, como se dijo la semana pasada, no es que estuvieramos sucios o dañados como en el ejemplo que acabo de poner.
- No éramos enfermos que necesitaban medicina o ser reanimados, éramos muertos que necesitaban resurrección.
- No estábamos perdidos buscando a Dios, estábamos huyendo y escapando de ÉL, amando con todas nuestras fuerzas las cadenas que nos esclavizaban y ataban
- No éramos neutrales; éramos enemigos declarados contra el Creador.
- No éramos víctimas inocentes, éramos rebeldes voluntarios.
Cuidado con el arminianismo que dice que nos escogió porque vio algo en nosotros, vio una buena decisión, vio una búsqueda espiritual. NO. Jamás. Sólo vio inmundicia, podredumbre, huida y rebeldía a la máxima potencia, vio carroña moral, zombies espirituales, pero ÉL decidió amarte. ¿Tanto te cuesta entender que no es por tí, que es por gracia soberana? La elección NO nace de tu mano levantada, sino de Su Mano extendida. El hombre corre hacia el pecado, pero Dios corre hacia el hombre. Mientras Saulo perseguía a la iglesia, Jesús lo perseguía a él. No era Saulo quien elegía; era Cristo quien decidía salvar. El cielo está lleno de perversos pecadores salvados que no lo merecieron.
Todo esto debe quebrar y destrozar nuestro orgullo y llevarnos a adorar Su gracia. Tú y yo solo aportamos una cosa a nuestra salvación: el pecado. Y eso hizo necesaria la cruz. Nada más. Pusimos la deuda, la culpa, la muerte y la rebelión. El resto lo hizo Cristo. NO debería traer controversia o división, sino gozo y consuelo. Podemos estar tranquilos de que Dios dispone de todas las cosas.
III.- LA ELECCIÓN ES JUSTA E IRREPROCHABLE
Hace apenas unos años, en Zaragoza, 6 jóvenes fueron condenados a prisión por su participación en altercados durante una manifestación antifascista en Zaragoza en 2019 por delitos de desórdenes públicos, daños y lesiones. Tras una campaña social de firmas, mucha presión de medios, etc, 2 de ellos fueron indultados y los otros 4 siguen hoy en prisión. Así como el Gobierno ha ejercido su derecho soberano para conceder el indulto a dos de los condenados, sin que ello implique injusticia hacia los demás, Dios, en Su soberanía, elige a quién mostrarle misericordia, sin que ello signifique injusticia hacia aquellos a quienes no se les concede. Los 6 merecen prisión, hay una condena, pero luego se indulta a 2 de ellos. Unos reciben indulto, el perdón de su condena, otros reciben justicia, el cumplimiento de la condena, pero nadie recibe injusticia.
Romanos 9:14–16 “Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”
Es curioso que Dios, inmediatamente después de exponer la doctrina de la elección soberana e incondicional, tenga que defenderse de las acusaciones de ser injusto. Lo que es realmente injusto es esa acusación, porque eso da a entender que hay personas que desean ser salvas y no han sido. Y eso es absoluta y rotundamente falso, ya que ningún pecador puede, ni quiere en su estado natural venir a Dios. Pablo va hacer como un diálogo imaginario, y va a zanjar de una vez por todas el asunto y las falsas acusaciones a Dios de ser injusto.
Yo te hago una pregunta: En la elección por presciencia, donde nosotros libremente elegimos a Dios, y luego ÉL, en base a eso, a esa previsión futura, nos predestina; ¿Hay, humanamente hablando, polémica u objeción? NO hay polémica, no suscita esa ira, esa idea de injusticia. Dicho de otro modo, ¿Qué despierta más indignación humana: la elección por presciencia o la elección soberana e incondicional?”, ¿La doctrina reformada calvinista que defendemos, o la doctrina humanista semipelagiana del arminianismo?. Si aceptamos la falsa idea de la elección por presciencia (por conocimiento previo), NO tiene sentido que se tenga que defender. No puede ser injusto, humanamente hablando. Yo creo que todos dirían, hablando de la elección por presciencia:
“Eso es Justo. Algunos creerán y Dios los escoge, otros no creerán y Dios no los elige. Me parece bien, me parece justo, lógico y coherente”
La reacción natural del hombre es pensar que la justicia requiere que Dios espere a ver quién quiere, quién busca, quién decide… Pero sin embargo en el Versículo 14 tenemos una objeción que es exactamente la misma que recibimos hoy los que defendemos la soberana elección incondicional de Dios. Los que defendemos la doctrina calvinista de la elección.
“Eso es totalmente injusto”
¿Por qué? Porque Pablo NO ha dicho que Dios prevé quiénes creerán y por eso ÉL los escoge, no. Él ha dicho con toda firmeza y fuerza que, antes del tiempo, de que nazcan, de que puedan hacer algo, lo más mínimo, ÉL decide escoger a unos y pasar por alto y dejar a otros, ÉL decide amar a algunos más que otros. Esto sí que suscita polémica y objeciones, y esto es lo que vemos en la Biblia.
Imagina a un hombre, de pie frente a Pablo, con los ojos llenos de indignación, furioso, lleno de rabia y de incredulidad:
‘¡Pobre Esaú! ¡Antes de que naciera, antes de que hiciera algo, Dios ya lo amaba menos que a Jacob! ¡Y lo pasa por alto! ¡Eso no es justo! .“¡Pablo, esto es un escándalo! ¿Cómo puede Dios amar a uno más que a otro antes de que ellos existieran?” Lo justo hubiera sido, Pablo, que se espere a que nazca, que vea, que espere a ver si uno quiere ir a Dios, quiere buscar las cosas de Dios, para elegirlo, y si no, pues lo deja, lo pasa por alto. Pablo eso es injusto. Lo siento, NO lo acepto.”
Si tu salvación dependiera de ti, ¿estarías aquí hoy? Gracias a Dios que ÉL NO esperó a mi decisión, porque sino, NO estaría hoy aquí, seguro. Y tú tampoco. Y Pablo, siendo plenamente inspirado por Dios Espíritu Santo, es tajante y rotundo.
“NO hay injusticia, ÉL escoge soberanamente a algunos y a otros no, a otros lo pasa por alto”
“¿Hay injusticia en Dios?” En absoluto. Injusticia sería castigar a los inocentes… Pero nosotros somos culpables. Dios nunca castiga al inocente, bueno sí, lo hizo una vez y ese Inocente nos sustituyó a ti a mí en la cruz,. Lo que sí hace Dios es redimir, rescatar y salvar a gente culpable que merecían el infierno, pero que en Cristo reciben el cielo. Al Justo lo trató como si fuera culpable, para tratar al culpable como si fuera justo. Me encanta la famosa frase de RC Sproul: “A unos da gracia, a otros justicia, a nadie injusticia” La elección es eterna, desde antes de la fundación del mundo. Es misericordiosa, es libre y no es jamás injusta, ya que nadie la merece. Dios NO tiene la obligación de salvar a nadie, pero lo ha hecho, no con todos, sino con algunos, cuando NO está obligado a redimir ni siquiera a uno. Su Misericordia lo ha impulsado a ello.
- ¿Alguien merece por sí mismo gracia y salvación? ¡Nadie! Y aun así, Dios elige darla. Es totalmente inmerecida, absolutamente gratuita, únicamente por gracia. Eso es lo asombroso del evangelio.
- ¿Alguien merece Su juicio como consecuencia de que somos pecadores? Sí, todos. Cada ser humano sobre la faz de la tierra. No hay justo, ni siquiera uno. No hay quien busque a Dios. No hay quien haga lo bueno. Todos se desviaron, todos se corrompieron, todos estamos bajo condenación.ç
En definitiva: Todos somos pecadores, todos hemos fallado ante Dios, todos merecemos Su juicio. Y la paga del pecado es muerte, sentencia inapelable. Dios podía no haber escogido a nadie, y eso no hubiera sido injusticia: hubiera sido la justicia más pura. Porque ÉL no tenía ninguna obligación de salvar a nadie. Si hubiera dejado a toda la humanidad sin esperanza, hubiera sido recto, hubiera sido justo, hubiera sido exactamente lo que merecíamos. Y recordemos esto con temblor: ningún ser humano, en su estado natural, jamás hubiera escogido a Dios. Si Dios no hubiera extendido su mano, ninguno de nosotros hubiera extendido la nuestra.
- La respuesta divina es clara y soberana: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia.”
- La conclusión es innegociable: «NO depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.»
La salvación no descansa en nuestro obrar, no se fundamenta en nuestra decisión, no se sostiene en nuestra carrera, ni en nuestra voluntad. La salvación está cimentada únicamente en Su voluntad soberana y en Su gracia irresistible.
Como dice Tito 3:4-5:
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”
Pablo derriba toda objeción: la elección NO es injusta. Dios sería perfectamente justo si condenara a todos, porque todos somos culpables. Pero cuando extiende misericordia, lo hace como un regalo soberano, inmerecido e inquebrantable.
- No se trata de esfuerzo humano, se trata de la decisión eterna de Dios.
- No se trata de méritos, se trata de gracia.
- No se trata de la voluntad del hombre, se trata de la voluntad de Dios que salva.
OBJECIONES QUE PODEMOS ESCUCHAR HOY
1.- UN DIOS JUSTO Y BUENO NO PUEDE EXCLUIR A NADIE.
Pero déjame decirte que ÉL NO excluye a nadie de la salvación, Todos los pecadores se han excluido a sí mismos de la salvación, a causa del pecado en Adán, y de los suyos propios. Lo que hace Dios es, de esos excluidos que forma la humanidad entera, obra misericordiosamente y elige salvar a muchos, a miles, a millones.
2.- DIOS ACTÚA CON PARCIALIDAD, FAVORITISMO Y HAY ACEPCIÓN DE PERSONAS
NO porque no hay nada en el hombre que determine la elección. No es por algún mérito nuestro. No existe mérito alguno, por lo tanto nadie puede decir que tiene más mérito que otro para ser salvo.
3.- PERO DIOS ES ARBITRARIO
NO porque para ser arbitrario ÉL debe saltarse normas fijadas y así complacer a algunos. ÉL es libre y Soberano, y todas las razones de la elección se encuentran en ÉL, no en los hombres. Esto, muchas veces, es insondable, misterioso o escondido para nosotros, pero si hay alguien Sabio, Amoroso, Recto y Justo, digno de confiar es ÉL.
4.- ESTA DOCTRINA NOS INVITA A INCITA A VIVIR DESCUIDADO, Y HACER LO QUE QUERAMOS
NO porque a la elección le sigue la regeneración, la impartición de vida espiritual, un cambio de corazón, un cambio en nuestra disposición, y ello lleva a cabo el proceso de santificación.
5.- “¿ENTONCES NO IMPORTA PREDICAR?”
Al contrario: Dios usa la predicación del evangelio como medio para llamar a sus escogidos.
ÉL ha elegido a los salvos, y también el medio para su salvación, el Evangelio. Dios NO nos necesitaba, pero ha elegido hacerlo con nosotros, y eso es glorioso.
Romano 10:14–15 “ ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”
Dios usa la predicación del Evangelio para llamar eficazmente a sus elegidos. Nosotros hacemos el llamado general y externo para todos mediante la predicación del Evangelio, y Dios, con ese mensaje, hace el llamado interno, eficaz, secreto y poderoso con sus escogidos.
1 Corintios 1:21 “(…) el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.”
Hermanos, imaginen a un vagabundo. Un indigente que pasa cerca de tu casa, y tú le invitas a cenar o incluso a pasar la noche bajo tu techo… eso es bondad. Pero si ese vagabundo me roba, hurta mis bienes más valiosos, me traiciona… y aun así, a la noche siguiente yo lo vuelvo a invitar a cenar y le preparo una cama… eso ya no es bondad, eso es pura gracia. Así es el evangelio: Dios no solo fue bueno con nosotros siendo indignos, sino que fue lleno de gracia con nosotros siendo rebeldes. Por eso, tu salvación no depende de cuánto corres ni de cuánto quieres, sino de la misericordia soberana de Dios.
Esto nos libra de la desesperación por nuestras caídas y nos impulsa a descansar en Su gracia que no falla.
No debemos exigir a Dios lo que nosotros creemos “justo”, porque si nos diera justicia pura, todos seríamos condenados sin excepción. La elección nos revela esta verdad: la salvación no es salario por esfuerzo humano, es gracia pura, regalo inmerecido, don eterno de Dios. El problema no es que Dios sea injusto, sino que es demasiado misericordioso con quienes no lo merecen.
CONCLUSIÓN PODEROSA
La elección incondicional no es un muro que encierra, es un ancla que sostiene. No somos escogidos por lo que hacemos, sino a pesar de lo que somos.
- Dios escoge antes de tus obras.
- Dios ama según Su voluntad.
- Dios salva por pura misericordia.
Por eso, toda la gloria es Suya. Y lo único que nos queda es postrarnos y decir:
“Gracias, Señor, porque tu gracia me alcanzó cuando en mí no había nada que lo mereciera.”
Si hoy amas a Cristo, no fue porque corriste hacia Él… sino porque Él corrió hacia ti.
- No es injusticia: es gracia.
- No es mérito: es misericordia.
- No es azar: es propósito eterno.
A los creyentes: Descansen en el amor eterno de Dios. NO te jactes, humíllate y adora a tu glorioso Salvador. Tu salvación no depende de tu fuerza, sino de Su cruz.
A los no creyentes: El llamado sigue abierto. ÉL ya extendió Su Gracia en Cristo. No sabes si eres elegido, pero sí sabes esto:
“Si vienes a Cristo hoy, Él no te rechazará.
“Al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37).
Si hoy vienes a Cristo, NO temas: si corres a Él es porque Él ya corrió primero hacia ti.
