Hoy debería estar predicando acerca de Juan 21. Lo tenía todo preparado. Pero el martes por la noche, mientras veíamos las noticias, mi mujer me hizo una pregunta dentro de una charla que ambos mantuvimos… Y todo cambió. No fue una pregunta con incredulidad. Fue una pregunta nacida del dolor:
- “¿Por qué Dios permite esto?”
Dios es Justo, Bueno, Misericordioso, Soberano… Un tren descarrila en Adamuz, Córdoba. Choca frontalmente con otro. Más de 40 muertos. Una familia entera muere: padre, madre, hermano y primo. Solo una niña de 6 años sobrevive. Venían de ver un partido del Real Madrid y El Rey León en Madrid, como regalo por los Reyes Magos. Logra salir del vagón. Camina entre los cuerpos de su familia. Sale sola. De repente, una Guardia Civil de paisano la encuentra, la introducen en el coche oficial con la calefacción porque estaba en shock y con hipotermia. Esto no es una historia para ilustrar un punto. Es una historia que rompe los puntos. Yo tengo a mi hijo Thiago justo con esa edad, y he sufrido mucho con esta noticia. Aquí NO valen frases como:
- “Todo pasa por algo”
- “Dios sabe lo que hace”
- “Hay que ser fuerte”
El Evangelio no es solo teoría teológica y acadėmica. El Evangelio es real, y sirve precisamente para momentos como este. El dolor real no necesita frases hechas. Necesita verdad. Y la Palabra de Dios es verdad. Hoy NO vamos a:
- tratar de justificar a Dios,
- buscar culpables,
- usar a una niña como ejemplo espiritual.
Hoy vamos a escuchar a Cristo, en el peor momento, justo cuando el dolor parece que NO tiene ninguna explicación.
Si hoy es la 1ª vez que vienes, déjame decirte que para nada es casualidad, Dios te ha traído, y ÉL mismo te llama. Hoy.
I. JESÚS NO EXPLICA LA TRAGEDIA, LA ENFRENTA

Lucas 13:1-5 «En aquel tiempo vinieron algunos y le contaron a Jesús acerca de los galileos (de Galilea, zona N de Israel. Jerusalén estaba al S) cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios. (Es decir, mientras están inocentemente ofreciendo sacrificio a Dios, son masacrados y asesinados de forma violenta). Respondiendo, Jesús les dijo: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los galileos, porque padecieron tales cosas? (“¿Creeis que ellos eran más culpables que vosotros, y vosotros más justos que ellos?”. Ni todo sufrimiento es castigo. Ni toda prosperidad es bendición visible). Os digo: NO (corta ese pensamiento de raíz); antes bien, si no os arrepentís, todos (universal) pereceréis igualmente. (Se centra directamente en ellos. “No miréis a ellos. Mirad a vosotros”). O aquellos 18 sobre los cuales cayó la torre en Siloé, (Aquí NO hay violencia humana, no está Pilato) ¿pensáis que eran más culpables que todos los demás que habitaban en Jerusalén? (Jesús repite la pregunta. Es algo importante, algo urgente). Os digo: No; antes bien, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. (Lo vuelve a repetir. NO busquéis explicación, buscar al Señor en arrepentimiento)
Estamos en la recta final, a pocas semanas o meses de la crucifixión, camino a Jerusalén, del ministerio terrenal de Jesús, de hecho van camino a Jerusalén, camino a la cruz y llegan ante ÉL para que les intérprete las tragedias. Jesús NO niega la tragedia.
- La reconoce.
- No dice que no es para tanto.
- No la espiritualiza.
Lucas nos dice que “en ese mismo tiempo” llegaron a Jesús con noticias trágicas y terribles. Así ocurre hoy: el dolor irrumpe, no pide permiso. Cuando menos lo esperas aparece. Y puede tocarte a ti. No estás exento, en absoluto. Y si alguien te dijo lo contrario, te mintió. El mal, el dolor, el sufrimiento y las tragedias llegan y afligen a justos y a impíos, a creyentes o a incrédulos, ricos y pobres, adultos o niños Fíjate en lo que dice Santiago Apóstol, hermano del Señor:
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…”
Ojalá dijera si os halláis en diversas pruebas, pero dice cuando os hayáis en diversas pruebas. Porque la prueba, el dolor, el llanto o la tragedia vendrá. Aquí, en los versículos que hemos leído, le traen 2 hechos reales, conocidos, verificables, que Lucas el historiador registra en su evangelio.
- Galileos asesinados y masacrados por Pilato mientras ofrecían adoraban a Dios. El historiador Flavio Josefo nos dice que Pilato infiltró a soldados romanos, e hicieron una masacre
- Dieciocho personas aplastadas por el derrumbe de la Torre de Siloé.
Uno es un crimen atroz. Una tragedia inesperada El otro, un accidente terrible. Un accidente imprevisible. Pero ambos son tragedias que levantan las mismas preguntas. Jesús no cambia de tema. No esquiva el golpe. Y Jesús hace algo decisivo: NO explica la tragedia, pero tampoco la banaliza.
“¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores…?” (v.2)
Muchos creían que el mal, los desastres o la muerte repentina era evidencia directa del desagrado y del juicio de Dios:
“Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?”
Estos que vinieron a buscar a Jesús se sorprendieron de que algo horrible y trágico les hubiera sucedido a unos pocos galileos mientras adoraban a Dios en el complejo del Templo. Lo que les debería haber sorprendido es que algo igual de horrible y trágico NO le hubiera sucedido a todos en Jerusalén, a todos en el mundo. Hermano, lo sorprendente es que no estoy ahora, en este momento, en este preciso instante en el infierno por mi pecado. Poderoso.
“¿Piensan que estos Galileos eran más pecadores que todos los demás Galileos, porque sufrieron esto? Les digo que no; al contrario, si ustedes no se arrepienten, todos perecerán igualmente”
Jesús NO trata de explicar esas tragedias en sí, sino más bien qué debe producir en ellos. Jesús NO dice:
- “Mirad qué malos eran ellos”,
- Sino…“No penséis que sois más seguros o mejores que ellos.”
Todos son pecadores. La paga del pecado es muerte. Por lo tanto, en todos hay una condena de muerte. Si uno no recibe esa condena del juez, es una oportunidad para arrepentirse y ponerse a cuentas con ÉL. El problema NO es que las torres de Siloé cayeran, sino que los corazones siguen sin quebrantarse y cambiar. Jesús nombra la pregunta que todos llevamos dentro, pero NO para resolverla, sino para desactivarla. Cuando ocurre una tragedia, no es que dejemos de creer en Dios, es que nos damos cuenta de que NO controlamos la vida. Jesús no dice por qué murieron, ni por qué otros viven. Jesús aquí corrige 2 errores muy comunes. 2 explicaciones falsas:
- Pensar que al que le pasa algo malo es porque era peor, y Dios ha venido con juicio inmediato para castigar.
- Y pensar que si a mí no me pasó nada es porque soy mejor y estoy seguro.
Es decir, juzgamos al que sufre, y nos tranquilizamos a nosotros mismos porque seguimos en pie.
“Os digo: No…” (v.3)
Ese “no” es breve. Pero es misericordioso. Dios NO señala a los muertos, señala a los vivos. Jesús une ambos casos para mostrar algo esencial: El mal NO necesita una sola causa para destruir la vida. Y repite:
“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (v.5)
No dice: “Esto os pasará”. Dice: “Esto ya es posible.” La tragedia NO revela el carácter de Dios: Revela la condición humana, la debilidad y fragilidad humana. Hermanos, la decisión más trascendental en esta vida es volverse a Dios o rechazar el evangelio, porque un día habrá juicio. Todos son y somos pecadores, y Jesús te ha concedido otro día más, y poder venir hasta aquí para escuchar que ÉL te llama al arrepentimiento en esta mañana. La tragedia NO es para juzgar a otros, sino para despertarte a ti. La vida es vulnerable, efímera y fugaz, y la fe que no admite eso, se rompe cuando llega el golpe, cuando llega el sufrimiento y la tragedia. Ahora estás aquí sentado, pero ¿Quién te asegura que el próximo domingo alguno de aquí estemos?, ¿O mañana?, ¿o dentro de 3 horas? Jesús no usa la tragedia para explicar a Dios, la usa para volver a llamar al corazón. No al miedo, sino al arrepentimiento. NO al pánico, sino a vivir despiertos delante de Dios. Tal vez la pregunta hoy, después de ver las noticias y los telediarios ya no es:
“¿Quién pecó?”
La pregunta más bien es:
Y esa pregunta NO es falta de fe. Es fe herida. Es incomprensión total del Propósito de Dios. Es visión corta del Plan de Dios Hermanos vivimos en un mundo caído, corrupto, depravado que día tras día da la espalda a Dios y se opone y resiste a ÉL, con más de 8.270 millones de personas, todas pecadoras en este mundo, y todas con libre albedrío.
“He puesto delante de ti la vida y la muerte… escoge la vida”. ÉL es la vid. Así nos dice el Señor en Deuteronomio 30:19
Dios permite la libertad humana y las consecuencias naturales de la vida, pero ÉL no lo causa como castigo arbitrario, aunque usa ese mal, ese dolor para un propósito superior. Dios puede tomar incluso lo más oscuro y convertirlo en una llamada al arrepentimiento, en una oportunidad para volvernos a Él. La tragedia y el mal irrumpe a cada momento, y puede tocarnos a nosotros. Si te dijeron lo contrario, te mintieron. Pero ese NO era el diseño de Dios. Aquí Jesús NO explicó las tragedias de los galileos ni de los que murieron en Siloé, pero tampoco se desentendió, las tomó y las convirtió en una llamada urgente al arrepentimiento, una advertencia para que ese dolor NO fuera inútil. NO habló de los muertos, habló de los vivos.
“Aún estáis a tiempo. Aprovéchalo”. Eso es Paciencia, Gracia y Misericordia de parte de Dios.
JOB lo pierde todo: sus hijos, sus bienes, su salud, su dignidad. Su cuerpo es una llaga abierta, y su alma, un campo de batalla. Job no recibe explicaciones. Dios no le entrega un esquema del sufrimiento. Job mira al cielo y señala a Dios. Sus amigos miran a Job y lo señalan a él. Unos buscan una causa. Dios busca un corazón. HABACUC levanta la misma pregunta:
“¿Hasta cuándo, Señor, clamaré y no oirás?”
No es rebeldía; es fe herida. No es incredulidad; es confianza que sangra. Y Dios, una vez más, no da una explicación completa. No porque no la tenga, sino porque no siempre nos salvaría. Pero Dios nunca guarda silencio para abandonarnos. Cuando NO explica el dolor, enseña cómo vivir dentro de él. Cuando Dios no responde al “por qué”, responde con Su presencia. A JOB no le dio respuestas, le dio revelación. A HABACUC no le aclaró el caos, le dio una visión. Y a NOSOTROS nos llama a lo mismo: A vivir con sabiduría, cuando no entendemos. Con compasión, cuando otros sufren, y con esperanza, porque el justo vivirá por la fe, aunque aún no vea el final. Dios puede NO decirnos por qué, pero nunca deja de decirnos para qué: para volvernos a ÉL, para confiar en ÉL, para caminar con ÉL, hasta que el día llegue en que ya NO habrá más preguntas, porque estaremos delante de Su rostro, en Su Presencia.
Isaías 55:8-9 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”
Su sabiduría y Su perspectiva son infinitamente mayores que las nuestras. La pregunta correcta NO es “¿Por qué ellos?” sino “¿Qué haré yo?, ¿Cómo amaré, cómo ayudaré, cómo confiaré en Dios?”. Y lo más importante: “¿Estoy reconciliado con Dios?” El sufrimiento no es prueba de ausencia o de la inexistencia de Dios, sino que es una inmensa oportunidad de sentir Su presencia más cercana.
«El Señor está cerca de los quebrantados de corazón” dice el Salmo 34:18.
La fe NO consiste en tener todas las respuestas, sino en saber en quién confiar cuando no las tenemos.
La fe tampoco es un seguro de éxito. NO es la garantía de que todo saldrá como yo quiero.
- Juan el Bautista tuvo fe… y fue decapitado.
- Pablo tuvo fe… y murió ejecutado.
- Pedro tuvo fe… y fue crucificado boca abajo.
- Jesús, el Hijo de Dios… crucificado.
La fe no evita la tragedia. La fe le da sentido. Las circunstancias pueden ser: crueles, injustas, incomprensibles, pero Dios no pierde el control ni un solo segundo. Ni siquiera en el dolor. Ni siquiera en la muerte. Porque incluso ahí, cuando todo parece perdido, Dios sigue obrando.
II. JESÚS NO GUARDA SILENCIO, LLORA
Que Dios NO explique la tragedia no significa que la ignore. En Betania, Jesús llega tarde. Lázaro ha muerto. No llega corriendo para evitar el dolor. Llega a tiempo para entrar en él. María y Marta le dicen lo mismo que hoy grita el corazón humano:
“Señor, si hubieras estado aquí…”
Hoy sería: “¿Dónde está Dios…? Jesús sabe que va a resucitar a Lázaro. Y aun así, ¿Qué sucede?, ¿Qué pasa? Que llora.
Juan 11:35 “Y Jesús lloró.”
El versículo más corto de la Biblia. Y uno de los más profundos. Ese llanto: NO niega su poder. NO contradice la fe, sino revela amor verdadero. Jesús NO dice: “No lloréis, esto se arregla”. Primero llora contigo, te abraza, te consuela. Después actúa. No tenemos un Dios frío, distante o apático. Tenemos un Dios cercano, que llora con los que lloran. Un padre puede saber que el médico va a curar a su hijo, pero llora igual cuando lo ve sufrir. Así Dios con nosotros. Si alguien pregunta: “¿Dónde estaba Dios en Adamuz, en aquella tragedia del tren?” Respuesta bíblica: Donde siempre está cuando hay muerte: llorando. Dios no explica el dolor antes de sentirlo. Jesús entiende nuestro dolor. Jesús padeció nuestro dolor. ÉL está al control de todo. Aún de las tragedias y de las situaciones que no entendemos.
Os comparto un pequeño testimonio que me pasó hace exactamente una semana. El domingo pasado (18-01-2026) NO vine a la reunión de culto de la iglesia porque trabajé. Estando en el cuartel, en la oficina, aparece un matrimonio con una adolescente y un niño pequeño a pedir consejo ante una difícil situación familiar que están viviendo con esa joven adolescente. La madre, en un momento dado y casi llorando, me dice que no puede más, que acaban de discutir en el coche al salir de la iglesia. Le pregunto con curiosidad qué iglesia. La conozco, al igual que a su pastor, y le digo lo siguiente mientras saco mi Biblia
“Yo soy cristiano, soy vuestro hermano, estoy para serviros”
De repente, la madre se pone a llorar, el padre se lleva las manos a la cabeza, sorprendido… Venían orando y clamando a Dios y se encuentran con un hijo Suyo, justo en el cuartel de la Guardia Civil, cuando su problema parecía estar muy oscuro. Hablé con todos ellos, también con la adolescente, y todos llegamos a la misma conclusión: Cuando pensaban que estaban solos, Dios estaba obrando con ellos, y les estaba diciendo:
“Estoy aquí, y NO os he soltado”.
Ellos creían que venían a pedir ayuda; en realidad, Dios ya les estaba respondiendo. Dios está al control y NO nos deja.
III. JESÚS NO EVITA EL DOLOR, LO CARGA

Hemos visto en el punto I que Jesús enfrenta la tragedia. En el II, que ÉL llora ante el dolor, y aquí va más allá, lo carga en Sí Mismo. En la cruz, Dios entra directamente en la tragedia. Jesús clama desde lo alto de la cruz:
“ Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Aquí Dios NO da respuesta: ÉL mismo es la respuesta. Aquí Dios asume la pregunta. La mayor tragedia e injusticia de la historia NO ocurrió por accidente, ocurrió en una cruz. El único inocente fue tratado como culpable. Si alguna vez alguien en la historia de la humanidad pudo decir: “Esto no es justo”, fue Jesús. Y si Dios pudo usar la cruz para salvar al mundo, también puede usar nuestro dolor para cumplir su propósito, aunque ahora NO lo entendamos en absoluto y nos cueste muchísimo entender y sea muy duro. El mal NO tiene la última palabra, la cruz la tiene. Cuando tú clamas y gritas en medio de la tragedia y del dolor “¿Por qué Dios?”, recuerda que Cristo lo gritó primero. El cristianismo no es un sistema que explica el mal, es una fe donde Dios mismo entra de lleno en el absurdo del sufrimiento y en el problema del mal, del dolor. En medio de la tragedia.
En la cruz: Dios conoce la injusticia, Dios conoce la pérdida, Dios conoce el silencio. Dios Experimenta el dolor y la tragedia Dios NO se libró del sufrimiento; lo cargó en Sí Mismo. Y porque lo cargó, puede prometer algo más grande: El mal NO no tendrá la última palabra. La esperanza cristiana no niega el dolor; promete su final. Te lo voy a demostrar.
CONCLUSIÓN
Apocalipsis 21:1-4 “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y ÉL morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Esto es para tí y para mí. Es nuestra promesa Es la victoria definitiva del mal, del dolor y de las tragedias. El Dolor NO es eterno, pero Dios SÍ. Y ÉL habitará con Su Pueblo. Las lágrimas tienen fecha de caducidad, aunque ahora todavía nos queda alguna por echar. Cristo resucitado NO explica cada tragedia, hace algo mayor: Promete secar y enjugar cada lágrima con sus propias manos. No explica la muerte, la vence. Si Dios NO existiera, la muerte de esa familia sería solo un accidente absurdo. Con Cristo, es una herida que Él mismo ha prometido sanar.
Hoy NO lo entendemos, y lloramos, y EL llora con nosotros, a nuestro lado, pero un día, ya NO lloraremos nada, y lo entenderemos todo. La fe NO responde a todo, pero nos da un Salvador que venció la tumba. La Biblia no termina en una tumba. No termina en llanto, termina con una promesa:
- No habrá más trenes descarrilados.
- No habrá más niños huérfanos.
- No habrá más funerales.
Dios nunca prometió un mundo sin dolor, ÉL prometió NO dejarnos solos en él. Que la tragedia NO nos aleje de Dios, sino que nos muestre nuestra fragilidad, y la urgencia de cuánto lo necesitamos. Y nos lleve a ÉL. A aferrarnos a ÉL. Nuestra esperanza no es entenderlo todo. Nuestra esperanza es Cristo resucitado.
“Cristo en nosotros, esperanza de gloria” le escribe el Apóstol Pablo a los colosenses.
Aunque NO lo entiendas todo, cuando haya tragedia, mira la cruz; porque puede que Dios no te explique ahora, pero ya te demostró hasta dónde está dispuesto a llegar por ti
“El que NO escatimó ni a Su propio Hijo…” dice Romanos 8:32
Cuando alguien te pregunte, o tú mismo, «¿Dónde está el Dios Bueno y Justo cuando pasan estas cosas?» Mira la cruz, apoya tu fe en ella. La cruz NO explica el dolor, lo vence. Dios es digno de que confiemos en ÉL. Tenemos un Salvador crucificado por y para nosotros. Si cuando salgas NO has entendido todo lo que ocurrió, o el por qué, te digo que yo tampoco. Esta predicación NO es para traer todas las respuestas ni ganar debates, sino para saber en quién confiar en toda circunstancia. Antes de irnos a casa, quiero que nos llevemos esto claro, muy claro…
- La tragedia NO significa que Dios sea injusto, significa que el mundo está roto.
- Jesús NO explicó la tragedia, la usó para llamarnos al arrepentimiento.
- El problema no es que otros mueran, sino que nosotros vivamos sin volvernos a Dios.
- Dios no guarda silencio ni es distante o frío. ÉL permanece presente en medio del dolor junto a ti. Búscalo.
- Jesús NO ignora el sufrimiento: Lo llora, lo carga y, por supuesto, lo vence.
- La cruz NO responde a todas las preguntas, pero vence el mal y garantiza tu esperanza. Tu única esperanza
- El dolor no es eterno. Dios sí lo es.
- Nuestra esperanza NO es entenderlo todo, es Cristo resucitado.
Yo, por la Gracia Soberana de Dios y, ante cualquier circunstancia, decido amar a Dios, ¿Sabes por qué? Porque Su Palabra me dice que TODO, aún mi dolor, mi tragedia, mi sufrimiento y mis lágrimas ayudan para mí bien.
No dice que es para todos, sino para los que aman a Dios
Romanos 8:28 « A los que aman a Dios, todas las cosas, cooperan para su bien…»

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