LOS GLORIOSOS BENEFICIOS DE PERTENECER AL PUEBLO DE DIOS
Vivimos en la generación más conectada digitalmente, donde podemos tener miles de seguidores y de amigos en RRSS, y sin embargo es una de las más solas emocionalmente. Miles de seguidores, pero nadie a quien llamar a las 3 de la madrugada. Muchas conocidos, pero pocos amigos realmente Muchos contactos… pero poca familia.
El ser humano fue diseñado por Dios para pertenecer.
- No solamente para existir.
- No solamente para sobrevivir.
- Sino para formar parte de una familia.
Y el evangelio hace precisamente eso:
- No solamente perdona pecadores.
- No solamente salva individuos.
- Cristo toma enemigos y los convierte en hijos.
- Y después toma hijos y los convierte en familia.
- NO mejora un poco a personas buenas. Resucita a personas muertas.
- NO acerca a quienes estaban un poco lejos. Trae a casa a quienes estaban completamente perdidos.
La Iglesia:
- No es un club religioso.
- No es una asociación.
- No es un evento de domingo.
- La Iglesia es la familia de la fe.
Hay un hecho real que conmovió al mundo. De hecho tiene una película que se llama los 33, protagonizada por Antonio banderas. En 2010 ocurrió el famoso rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José, en Chile. Durante 69 días permanecieron a más de 700 metros bajo tierra. Oscuridad absoluta. Calor. Miedo. Incertidumbre. Muchos periodistas preguntaron después:
«¿Cómo sobrevivieron psicológicamente a esa situación?»
Y varios de ellos respondieron algo parecido:
“Sobrevivimos porque nos tuvimos los unos a los otros.”
Uno solo probablemente habría colapsado. Pero juntos compartieron comida, ánimo, esperanza y fuerza. Dios nunca diseñó al creyente para vivir aislado, sólo o separado. La fe solitaria termina debilitándose. El cristianismo bíblico siempre se vive en familia.
Vayamos al capítulo 2 de Efesios, una epístola que Pablo escribe a la iglesia en Éfeso estando en la cárcel. Aquí debo decir una cosa: Pablo en Efesios 2, NO está exaltando primero la comunidad, la Iglesia. Está exaltando a Cristo que creó esa comunidad con Su sangre.
Efesios 2:19-22 RV1960 “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Efesios 2:19-22 NVI “Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular. En ÉL todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En ÉL también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu.”
Hay que tener en cuenta lo siguiente: Pablo está escribiendo a creyentes gentiles que durante siglos y siglos estuvieron lejos de las promesas de Dios.
- Separados.
- Ajeno al pacto.
- Sin esperanza.
- Sin promesas
Pablo nos hunde versículo tras versículo en la oscuridad del hombre sin Dios —lejos, excluidos, sin esperanza— hasta que Efesios 2:13 irrumpe como un relámpago de gracia, y lo cambia todo:
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.»
Todo cambia por causa de Cristo.
Y en los versículos 19-22 Pablo muestra3beneficios gloriosos de pertenecer a la familia de la fe. Vamos a verlos y analizarlos.
I.- EN LA FAMILIA DE LA FE ENCONTRAMOS IDENTIDAD Y PERTENENCIA

“Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos…”
La palabra “EXTRANJERO” tenía muchísimo peso en el mundo antiguo.
Un extranjero:
- No tenía derechos,
- No tenía protección,
- No tenía herencia,
- No pertenecía realmente al pueblo.
Era alguien de fuera. Y Pablo dice: “Así erais espiritualmente.”
- Lejos de Dios.
- Fuera del pacto.
- Sin ciudadanía espiritual.
- Sin promesas y, lo peor de todo, sin Dios
PERO AHORA, por medio de Cristo: “Conciudadanos de los santos.” Es decir: AHORA PERTENECÉIS AL PUEBLO DE DIOS.
Hay un antes y un después. El evangelio cambia nuestra identidad. Ya NO somos rechazados, abandonados, desconocidos o espiritualmente huérfanos. Ahora tenemos ciudadanía celestial. Pero Pablo va todavía más profundo. Va mucho más allá.
No dice solamente: “ciudadanos”. Dice: “Miembros de la familia de Dios.” Dios no solamente nos deja entrar al Reino. Nos adopta dentro de Su casa. Su Hogar, Su familia.
ILUSTRACIÓN: El otro día tuve que trasladar a una menor de 15 años a un centro de acogida en Murcia. Venía de una familia completamente rota. Su madre, tras iniciar una relación y quedarse embarazada de nuevo, terminó desentendiéndose de ella. La situación degeneró tanto que hubo conflictos y agresiones, hasta el punto de que la Comunidad Autónoma retiró la custodia. Recuerdo aquel trayecto. La niña iba llorando todo el camino. Y mientras conducía pensaba en algo: el ser humano puede soportar muchas cosas… pero hay pocas heridas tan profundas como sentirse sin hogar, sin protección y sin familia. Y entonces este texto cobra una fuerza impresionante:
“Ya NO sois extranjeros ni advenedizos… sino miembros de la familia de Dios.”
Porque el evangelio hace exactamente eso: Dios recoge a personas heridas, rechazadas y espiritualmente huérfanas… y las trae a Su casa.
El evangelio hace algo glorioso:
- Dios toma personas espiritualmente huérfanas… y les da hogar.
- Toma a quienes estaban lejos… y los sienta a Su mesa.
- Toma a quienes nunca se sintieron queridos… y los llama hijos.
Pero hay un problema… Muchos conocen la iglesia, pero nunca han aprendido a pertenecer. Asisten, escuchan y se marchan. Pero Dios no te llamó solamente a ocupar una silla: Te llamó a vivir como familia. Y eso implica:
- Abrir tu vida,
- Caminar con otros,
- Pedir ayuda,
- Servir,
- Llorar juntos,
- Sostener cargas.
Hay creyentes que quieren a Cristo, pero no quieren iglesia. Eso es imposible: La cabeza y el cuerpo van unidos siempre. No puedes amar la Cabeza y rechazar el cuerpo. La familia de la fe es un regalo de Dios para nuestra perseverancia espiritual. Porque la Iglesia no es un sitio al que asistimos. Es un hogar, una familia, a la que pertenecemos. No olvides que Jesús fue rechazado fuera de la ciudad, en aquel Monte, en aquella cruz, para que nosotros pudiéramos entrar en la ciudad de Dios.
II.- EN LA FAMILIA DE LA FE ENCONTRAMOS FUNDAMENTO Y ESTABILIDAD
“Edificados sobre el fundamento…”
Ahora Pablo cambia la imagen. Pasa de una familia a un edificio. Dice: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…”
La Iglesia verdadera NO está construida:
- sobre emociones,
- autoestima
- éxito,
- experiencias
- sobre personalidades,
- sobre modas,
- sobre entretenimiento.
- Filosofías
- Ideas progresistas
- O incluso moralidad o tradición religiosa
Está edificada sobre la verdad revelada directamente por Dios. Y en medio de esa construcción hay algo fundamental:
“Siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”
En la arquitectura antigua, la piedra angular era la piedra más importante del edificio. Determinaba la dirección, la alineación o la estabilidad. Todo dependía de ella. Sin esa piedra, el edificio terminaba torcido o derrumbándose. Pablo dice: Cristo es esa piedra. Todo gira alrededor de ÉL.
Mateo 21:42 «Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo.
Hechos 4:11-12 «Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.»
Jesús contó una parábola muy sencilla pero profundamente confrontadora: 2 HOMBRES Y 2 CASAS.
Por fuera parecen iguales: Mismo tamaño, misma forma y misma estabilidad. Pero la diferencia está en lo invisible: EL FUNDAMENTO.
- Uno construyó sobre la roca.
- El otro sobre la arena.
Y mientras no hubo tormenta, ambas parecían firmes. Pero cuando llegaron la lluvia, el viento y los ríos golpeando la casa, la que estaba sobre la arena cayó. No porque la tormenta fuese más fuerte, sino porque el fundamento era débil. Esto es exactamente lo que Pablo enseña en Efesios 2:20 Epístola a los Efesios.
La Iglesia está: “edificada sobre el fundamento… siendo Jesucristo la principal piedra del ángulo.”
Se sostiene en Cristo. Por eso el punto II es claro: La familia de la fe no solo nos da identidad… también nos da estabilidad.
Y cuando tu vida está edificada sobre Cristo, las tormentas NO te destruyen. Te sacuden, pero NO te derriban. La PREGUNTA NO es solamente: “¿Voy a una iglesia?”
LA PREGUNTA ES: “¿ESTOY SIENDO EDIFICADO SOBRE CRISTO?”
Porque puedes estar cerca del ambiente cristiano… y aun así no estar unido verdaderamente a Jesús.
También debemos preguntarnos y cuestionarnos: La Iglesia no existe para producir admiradores de hombres. Existe para formar discípulos de Cristo. Y Pablo todavía nos lleva más arriba.
Porque la familia de la fe no solamente
- 1.- Nos da identidad, como hemos visto en el punto I
- 2.- Nos da estabilidad, como acabamos de ver, mediante Cristo, la Rocafuerte y la Piedra Angular.
- 3.- Nos convierte en el lugar donde Dios habita.
¿Sabes qué? La piedra angular fue despreciada, rechazada y crucificada. fue quebrantada para sostener todo el edificio
III.- EN LA FAMILIA DE LA FE DISFRUTAMOS LA PRESENCIA DE DIOS
“Morada de Dios en el Espíritu”
Esta es probablemente la declaración más impresionante del pasaje. Pablo dice que los creyentes juntos, unidos y edificados en Cristo, se convierten en: “MORADA DE DIOS EN EL ESPÍRITU.”
Para un judío esto era impactante. Porque durante siglos la presencia de Dios estuvo asociada y arraigada al Templo. Sólo en el Templo Pero ahora Pablo dice: «¿Sabéis cuál es el verdadero Templo de Dios?» NOSOTROS MISMOS
- El templo NO es un edificio en Jerusalén.
- El pueblo de Dios unido en Cristo es ahora el lugar donde Dios habita.
Eso significa que la Iglesia es muchísimo más que reuniones. Cuando el pueblo de Dios adora, sirve, ora, clama, llora o persevera unido, Dios está obrando en medio de ellos.
¿Sabes qué es lo más asombroso y hermoso de todo? Que aquellos que antes no podían ni acercarse al Templo de piedra… ahora, por Cristo, se han convertido ellos mismos en el templo vivo donde Dios habita. El Dios que los cielos no pueden contener decide habitar en medio de un pueblo redimido.
ILUSTRACIÓN: En muchos incendios forestales, los árboles solitarios caen mucho más rápido. Pero cuando un bosque permanece unido, sus raíces entrelazadas ayudan a soportar tormentas, humedad y erosión. Incluso científicamente se ha descubierto que árboles conectados comparten nutrientes a través de sistemas subterráneos. Dios diseñó algo parecido espiritualmente:
- La vida cristiana aislada se seca rápidamente.
- Pero unidos, fortalecidos en Cristo, crecemos juntos.
No menospreciemos a la Iglesia. Cristo murió por ella. Sí, por supuesto, hay imperfecciones, hay heridas, hay luchas porque sigue formada por pecadores redimidos que aún están en proceso de continua santificación. Pero aun así, es la familia amada por Cristo. No vivamos desconectados del Cuerpo, de la Iglesia No conviertas la iglesia en un simple consumo religioso. Comprométete. Ama. Sirve. Crece en ella, Perdona. Camina junto a otros creyentes.
La Iglesia no es santa porque las personas sean impresionantes. Es santa porque Cristo habita en medio de ella.
Porque Dios NO te llamó a sobrevivir solo. A ser un llanero solitario. Te llamó a ser parte de Su casa. de Su Hogar. De Su familia. de Su Cuerpo, de Su Iglesia.
Vivimos en una cultura donde muchos quieren un Cristo sin Iglesia, salvación sin compromiso y fe sin comunidad. Pero el Nuevo Testamento no conoce esa clase de cristianismo. Dios no adopta hijos para dejarlos aislados. Los adopta y los mete en una familia.
Decir: ‘Soy futbolista, pero no quiero un equipo’, no tiene sentido. El fútbol se juega en equipo. Del mismo modo, decir: ‘Soy cristiano, pero no necesito, o no quiero a la Iglesia’, es ignorar que Cristo no salva jugadores solitarios y ya esta, sino que forma un Cuerpo. Hace crecer una familia. Desarrolla una comunidad, un Hogar para llevárselo al Cielo un día a Su presencia.
LA CRUZ: EL LUGAR DONDE NACE LA FAMILIA DE DIOS

Todo este pasaje gira alrededor de dos palabras: “EN CRISTO.”
Porque sin Cristo: éramos extranjeros, estábamos lejos. No teníamos esperanza y No pertenecíamos a la familia de Dios. de hecho, no existe familia de Dios sin la cruz de Cristo. La Iglesia no nació porque personas compatibles decidieran reunirse. Nació porque Cristo derramó Su sangre para reconciliar enemigos con Dios y entre sí. Pero Jesús vino, vivió la vida perfecta que nosotros no podíamos vivir. Y en la cruz ocurrió algo glorioso. Cristo fue rechazado, para que nosotros fuéramos recibidos. Cristo fue expulsado, para que nosotros pudiéramos entrar. Cristo cargó nuestro pecado, para reconciliarnos con el Padre.
Efesios 2 dice que ÉL derribó el muro de separación. La cruz abrió la puerta de la casa del Padre. NO somos Sus Siervos como Moisés o David, sino que somos Sus Hijos, en el Hijo, en Jesús.
Quizá hoy has vivido lejos de Dios. Tal vez has intentado llenar el vacío con religión, éxito, relaciones o pecado. Pero sigues lejos.
Cristo murió precisamente para traer cerca a los que estaban lejos. La cruz no solamente perdona pecados. La cruz abre la puerta de la casa del Padre.
¿Recuerdas la parábola del Hijo Pródigo? El hijo vuelve destruido. Sin dignidad. Sin méritos. Sin argumentos. Y cuando el padre lo ve, corre hacia él. No lo recibe como sirviente. Lo recibe como hijo. Eso es el evangelio. Y tú y yo fuimos ese hijo sucio que un día vino cabizbajo a casa. Dios recibe pecadores arrepentidos por medio de Cristo. Y no solamente los perdona. Los abraza. los limpia, los viste de gala y los adopta.
Hoy Cristo nos llama, no a una religión vacía, no a un ritual. Te llama a reconciliarte con Dios. Arrepiéntete. Confía en Cristo. Ven a la cruz, y entra a ser parte de Su Hogar, porque solamente hay una puerta hacia la familia del Padre: Jesucristo. Y todo aquel que viene a ÉL, jamás, nunca jamás, será echado fuera.
La familia de la fe, la Iglesia, NO es perfecta. Pero es un anticipo glorioso del cielo. Un día, alrededor del trono del Cordero, habrá personas de toda lengua, nación y pueblo. Y todos tendrán algo en común: Fueron comprados por la sangre de Cristo. Y, allí, por fin estaremos en casa. Y ya no habrá divisiones, heridas, luchas ni pecado. La familia de Dios estará completa alrededor del Cordero.
Y por primera vez en toda la historia, todos los redimidos estarán finalmente en casa.De momento, nos toca estar aquí y lidiar unos con otros, orar unos por otros, ayudar y sostenernos. en definitiva, ser una familia

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